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jueves, octubre 27, 2005

Sir Josiah Child


El pensamiento de este personaje no puede ser considerado del todo liberal, pero se trató de un wigh del siglo XVII cuya obra defendia la tolerancia y sento las bases que luego inspiraron en gran parte el trabajo de John Locke
El lema de Petty de que "el mundo rechaza ser mal gobernado" y muchos de los aforismos de Davenant son los eslabones que unen el pensamiento económico del siglo XVII con el movimiento liberal. Esta tendencia encontró expresión formal en los trabajos de Child y, en forma distinta, en los de Locke. Alcanzó su pleno florecimiento en un pequeño trabajo de North que, sin embargo, no dejó huellas importantes entre sus contemporáneos.

Sir Josiah Child, al igual que Mun, estuvo relacionado con la East India Company, su posición fue en algunos momentos tan prepotente, que se le puede considerar como virtual director de la compañía. Child escribió algunos opúsculos que reunió más tarde en un libro publicado en 1698, con el título de Nuevo discurso sobre el comercio. Esta obra fue reeditada muchas veces, la última en 1804, y su influencia fue tan grande como la de Mun.

En el trabajo de Child se discute una gran variedad de temas; entre ellos se incluyen la colonización, el sistema salarial, la población, y la ayuda a los pobres. El tema principal es el tipo de interés, que considera que en Inglaterra es demasiado alto. No discute la teoría de la balanza comercial, sino que la da ya por sentada, aunque admite las dificultades prácticas inherentes al concepto, es decir, la dificultad de obtener un cálculo exacto de las importaciones y exportaciones. En cuanto al análisis económico hay un cierto numero de sagaces observaciones, junto a patentes contradicciones. Desarrolla con claridad el concepto mercantilista de la productividad. Según Child, los mercaderes, artesanos y campesinos son las tres clases de personas que realizan la riqueza de una nación o la traen del exterior; el resto de la gente como, por ejemplo, la nobleza, la clase acomodada, los hombres de leyes, los médicos, intelectuales de todo tipo y vendedores, lo único que hacen es pasar la riqueza de mano en mano, dentro del país.

Child señala que la economía nacional y los objetivos políticos no son siempre compatibles entre sí. Un determinado sistema puede favorecer una cosa a expensas de la otra. En tal situación, Child da primacía al poderío nacional sobre el lucro como cuando apoya, por ejemplo, la Navigation Act. Un comerciante podría obtener de los holandeses unas tarifas menores de flete para sus transportes a través del océano, pero, las consideraciones de defensa, que exigen una fuerte marina mercante, hacen necesario el uso de barcos ingleses. «Me parece absolutamente necesario que el lucro y el poder sean considerados en forma conjunta. » Por motivos muy similares, mantiene una actitud de estricta reserva frente a las inversiones extranjeras en Inglaterra, este tema ha ido surgiendo gradualmente en la literatura económica. ¿De dónde han de venir tales fondos, si no es de los holandeses? "Cualquiera que sea el dinero que los holandeses nos presten, ellos mantendrán siempre el extremo de la cuerda en su propio país y en sus propias manos".

Child señala también la posibilidad de conflicto entre los intereses privados y el interés de la propiedad, avisando sobre la confusión de ambos. Como ejemplo, cita las siguientes frases: «Tenemos ya demasiados comerciantes». «El capital comercial de Inglaterra es demasiado grande para su volumen comercial". «Nadie debiera ejercer dos oficios; es decir, que considera que las exclusiones monopolísticas y las restricciones de la época gremial eran contrarias al interés nacional. Observa el caso citado por Mun del «pobre comerciante» que no cubre los costes en el comercio exterior, al mismo tiempo que hace que la nación aumente su riqueza; añade otro caso de conflicto: los comerciantes pueden hacerse ricos siguiendo la regla de comprar barato y vender caro, pero dicha regla no puede mantenerse para el comercio exterior de la nación debido a que la competencia extranjera no exige vender tan barato, sino más, que los otros.

Child no se plantea la pregunta de si la reducción del tipo de interés conduciría a una elevación de los precios de los productos, fracasando con ello las exportaciones. No ve tampoco contradicción entre su petición de rebajar el tipo legal de interés y el principio del mercado competitivo: "Los que puedan pagar el mejor precio por un producto no dejarán nunca de obtenerlo de una u otra forma, a pesar de la oposición de las leyes o por mucho que se interponga cualquier tipo de poder; esa fuerza subrepticia y la violencia constituyen el cauce general por la que discurre el comercio". Sin embargo, olvida este principio cuando apoya el sistema colonial que prohibe a las plantaciones de América llevar su azúcar a «los mejores mercados» y les obliga a enviarlo a Inglaterra.

Existen elementos liberales en el mercantilismo de Child, en el sentido de que se opone a las restricciones que aún quedaban del antiguo Orden, estable y estático, para el que el comercio no era más que un asunto local y de pequeña importancia, cerrado a los intrusos. Como hemos visto, Child rechaza la opinión de que hay demasiados comerciantes en Inglaterra e insiste en que, tanto las compañías por acciones como las compañías reguladas deben estar abiertas, mediante pequeñas cuotas de admisión, a todos los que quieran unirse a ellas, señala que «La libertad y la propiedad, conducen al incremento del comercio y a la mejora de cualquier país.», que «Sería ventajoso para el comercio de Inglaterra, dejar a todos los hombres en Iibertad de hacer paños y géneros que quisieran en la forma que más les placiera donde y cuando gustaran y de cualesquiera longitudes y tamaños.»

Child propone con esto recompensar a los inventores e innovadores, al mismo tiempo que se opone a las leyes que obligan a trabajar como aprendiz o que limitan el número de aprendices, a las leyes que tipifican los géneros de lana: las modas cambian; a las que restringen el número de telares o de trabajadores: éstas favorecen sólo a algunos sectores; a las leyes que prohiben que un tejedor sea a la vez batanero, alforzador, tintorero, etc., a las leyes contra el monopolio de grano y a las que prohíben la exportación de efectivo o metal. Desaprueba las regulaciones del precio de la cerveza: dichas regulaciones obstaculizan la mejora del producto e impiden la imitación de otras bebidas extranjeras obtenidas también de los cereales; desaprueba también los impuestos que gravan por igual las exportaciones y el consumo interior, los derechos de exportación sobre artículos del país, las leyes que restringen los salarios, la inmigración o la tolerancia religiosa: dichas leyes coartan el aumento de población, favorecen la emigración y hacen que los hombres de talento se queden fuera del país. Child cita y aprueba la afirmación de Hobbes de que los hombres son, por naturaleza, distintos unos de otros. Su sociedad es fundamentalmente una sociedad abierta, en la que le gustaría que los disidentes e inconformistas fueran bien tratados.

Los criterios de Child acerca del aumento de población contrastan vivamente con el miedo a la superpoblación que se tuvo en tiempos anteriores; Malynes había expresado dichos temores en términos malthusianos, en 1022. "Si no fuera por los tres grandes males del mundo, es decir, la guerra, el hambre y la peste que purifican este gran cuerpo, los reinos y países acabarían estando demasiado poblados y los hombres apenas podrían vivir en paz o sin peligro". A lo largo del siglo, esta actitud fue transformándose gradualmente. Mun pone de relieve el" poderío militar de una nación populosa" afirmando que si los ingleses despojaran a los holandeses de sus pesquerías, «se incrementaría poderosamente la población de nuestro pueblo, gracias a este excelente medio de alimentación, haciéndonos posible enfrentarnos hasta con nuestro más poderoso enemigo, con lo que grandes multitudes de dichos holandeses se verían forzados a procurarse una vida aquí en nuestro país, en busca de una mejor manutención. La consecuencia de todo ello sería que muchos de nuestros castillos y ciudades costeras, que hoy en día languidecen, serian reedificadas y pobladas».

El título de un pequeño tratado, refleja la preferencia mercantilista por las familias numerosas. Dice así: Discurso concerniente al hecho de tener muchos hijos, en el que se eliminan los prejuicios existentes y se contesta a las objeciones que se hacen normalmente en contra de la prole numerosa. Según este escritor, el número ideal de hijos parece ser catorce.

Child habla de que «tanto la riqueza de una ciudad como la de una nación, la constituyen la multitud de sus habitantes». Da la bienvenida al crecimiento de la población, que considera en relación con las condiciones económicas. Los altos salarios constituyen una «prueba evidente de la prosperidad de un país, pues son «causa de un aumento de población, que enriquece considerablemente a cualquier país». El aumento de población va seguido «necesariamente de un incremento del comercio y de una mejora de las tierras. No porque sea causa de que los matrimonios tengan más hijos, sino porque un país comercial, al poderse permitir mantener cómodamente a más familias que un país que no posea comercio, hará posible que muchos, que en otro caso se hubieran visto forzados a vivir solteros, puedan llegar a casarse».

Child no encuentra inconvenientes a los salarios altos si son causa de que aumenten los costes, estos últimos podrán rebajarse disminuyendo el tipo de interés aunque tenía en la mente una idea que se corresponde con lo que se conoce hoy en día como decrecimiento de la curva de la oferta de trabajo. «En un año barato, el pobre no trabajará más de dos días por semana, pues con ello tendrá suficiente para mantenerse en su condición acostumbrada. Con razón o sin ella, los escritos de los mercantilistas abundan en lamentaciones sobre la indolencia de las gentes. Para Malynes «la ociosidad es la raíz de todos los males". Mun deplora que «debido a la lasciva ociosidad grandes cantidades de personas de nuestro país, engañan, vagabundean, roban, son ahorcadas, mendigan, van dando tumbos, desfallecen y perecen».

Las medidas propugnadas por los mercantilistas respecto a la población, la ayuda a los pobres y el desempleo deben interpretarse de acuerdo con los criterios que acabamos de ver, los sostenidos por la mayoría de los mercantilistas. Estos estaban tan preocupados por la abundancia de gente como por la abundancia de empleos para todos . Como dijo Child, «si trabajamos más, nos haremos más ricos». Esta es una de las razones por la que este autor y otros mercantilistas prestaron tanta atención a los problemas de la ayuda a los pobres y al desempleo. Cuando Child propone la creación de una autoridad que meta a los pobres en los hospicios o los deporte a las colonias de ultramar, lo que pretende es evitar la perjudicial asociación de la pobreza con la indolencia, que, para él, van unidas. Los mercantilistas estaban muy interesados en evitar el desempleo, pero el concepto de desempleo, que era algo básico en su pensamiento, no se refería a la ociosidad involuntaria.

La discusión sobre la población muestra la capacidad de razonamiento analítico de Child, ya que le dio ocasión de desarrollar un mecanismo automático para ajustar el equilibrio. Una disminución de la población, hará que se pongan en movimiento unas fuerzas que darán por resultado una eventual corrección de la misma. «La misma disminución producirá su propio remedio, pues la necesidad de hombres hará que los salarios se eleven, y los altos salarios, si nuestras leyes lo apoyan, nos procurarán la cantidad adecuada de personas sin necesidad de haberlas criado ( se supone, que habla de la inmigración).

Los observadores continentales del mercantilismo han puesto de relieve su función como forjador del estado, descripción ésta que no encaja en la variante inglesa del mercantilismo, puesto que en Inglaterra, cuando aparecieron en escena los escritos mercantilistas, el estado nacional estaba ya completamente desarrollado. Lo que en el continente fue la creación del estado, en Inglaterra fue la creación del imperio. Child prestó un considerable interés a este tema. En una sección de su libro se contiene una razonada defensa del sistema colonial, con sus Actas de navegación, que establecen el comercio exclusivo y las relaciones marítimas entre Inglaterra y sus colonias.

Debido a su punto de vista acerca de las ventajas de una población abundante, Child está muy interesado en la cuestión de si las colonias americanas han supuesto una pérdida de población para Inglaterra. En general, la emigración hacía Norteamérica no ha sido una verdadera pérdida para Inglaterra, ya que, si no hubieran existido dichas colonias, muchas de las personas que se fueron a América, se habrían ido a algún otro sitio: los puritanos a Alemania y a Holanda, y los criminales a los presidios. Sin embargo, la facilidad de entrar en las colonias ha sido causa de que abandonaran Inglaterra muchas más personas de las que lo hubieran hecho, caso de que sólo hubiera habido países extranjeros para recibirlas.

Pero, puesto que las colonias compran manufacturas inglesas y utilizan casi las dos terceras partes de los barcos ingleses, «no tenemos menos, sino más personas en Inglaterra, a causa de nuestras colonias en América. En las colonias de las Indias Orientales, se acostumbra emplear de ocho a diez hombres de color por cada hombre blanco. «Cada inglés que se encuentra en Barbados o en Jamaica proporciona trabajo a cuatro hombres en nuestro país», de entre los que se ocupan en producir provisiones, ropa y artículos para el hogar, así como también de los que trabajan en la navegación y en la construcción de barcos.

Las colonias cuyo comercio no está limitado a la metrópoli, son perjudiciales para esta última. Si el comercio colonial no estuviera restringido, los holandeses pronto se harían cargo de él, debido a que su "mercado es libre" y pueden vender a un precio mínimo y comprar a uno máximo. Los beneficios de las colonias se perderían completamente para la nación en muy pocos años. Los holandeses obtendrían todas las ventajas, «dejándonos sólo el trabajo de criar hombres y enviarlos al extranjero para que cultiven el campo y alimenten la industria de aquéllos"

. «Nueva Inglaterra , es la colonia más perjudicial para el Reino de Inglaterra". A diferencia de las otras colonias americanas, que producen azúcar y otros productos complementarios para la economía inglesa, Nueva Inglaterra produce productos competitivos, como cereales y ganado. Nueva Inglaterra realiza un floreciente comercio con las posesiones insulares y lo hace a expensas de la metrópoli. Child observa también alarmado el proyectado incremento de la construcción de barcos en Nueva Inglaterra y termina su examen del asunto deplorando que cada inglés que se encuentra en las Indias Orientales da trabajo a cuatro ingleses en Inglaterra. «De cada diez hombres nacidos entre nosotros y enviados a Nueva Inglaterra entre lo que les enviarnos o lo que recibimos de ellos, no obtenemos trabajo ni para un solo hombre en el país». A pesar de sus objeciones a la economía de Nueva Inglaterra, para él los colonizadores son «una gente a la que su frugalidad, laboriosidad y templanza, junto con la felicidad de sus leyes e instituciones, promete una larga vida con un extraordinario crecimiento de su población, riquezas y poder": profecía que no era nada despreciable en el siglo XVII.

Child compara las colonias francesas y españolas en América con las inglesas, para desventaja de las francesas. Siendo la propiedad, la libertad y la herencia los más efectivos acicates del trabajo, nada tiene de sorprendente que las colonias francesas no sean un éxito. El colonizador francés no se convierte en propietario de la tierra como lo hace el inglés, sino que trabaja bajo la supervisión y el control de la compañía colonizadora y del rey de Francia. Los españoles concentran todo su esfuerzo en la minería del oro y de la plata. Muchos de sus hombres, «o al menos de sus esclavos», han perecido en las minas. Descuidan el cultivo de la tierra y la obtención de productos agrícolas «que podrían permitir el empleo de una flota mayor y al mismo tiempo podrían alimentar una cantidad mucho mayor de gente en tierra y en el mar». Ahora veremos la discusión del tema al que Child dedica un mayor espacio -la controversia sobre el interés- y a examinar, en su lugar, el papel representado por Child en la formación de tres grandes ideas que no han perdido nunca su influencia sobre la humanidad. Lo que dijo respecto a ellas puede muy bien haber dejado una huella mucho más duradera que todas sus aportaciones a la economía.

En el trabajo de Child se da paso por primera vez en la literatura económica, a una idea que más tarde se dio ya por sentada, pero que en su época era prácticamente nueva; se trata de la idea del progreso, que sitúa la Edad de Oro más bien en el futuro que en el pasado. Cuando la gente mira hacia atrás y alaba el pasado, actúa así" por la flaqueza y corrupción de la naturaleza humana, que hace natural que los hombres se quejen del tiempo presente y ensalcen el pasado". Child prefiere una actitud distinta. Para él, «es evidente que, por la gracia de Dios Todopoderoso, este Reino tiene todo lo necesario para seguir progresando indefinidamente hacia la riqueza y el poder». Hasta ahora, sólo se ha visto el principio de esta expansión. El comercio «no ha alcanzado todavía ni la quinta parte de la perfección, de la que este país es capaz».

Desde los tiempos de Child, la noción del progreso económico ha formado parte del inventario de las grandes ideas del mundo occidental y, en nuestros propios días, en una «revolución de crecientes esperanzas», ha capturado también la imaginación del resto de la humanidad. Otra idea general que fue también Child el primero en enunciar en la literatura económica es la de la continuidad o evolución gradual, es decir, del cambio que va actuando con firmeza, sin prisa, pero sin pausa. Esta idea ha dejado su huella en el pensamiento político y económico del mundo de habla inglesa. Ha sido la divisa de la Fabian Society, el arma intelectual del socialismo británico y ha servido como lema para los Principios de economía política de Alfred Marshall de las obras más influyentes de la moderna economía. Tanto Child como Marshall utilizan el mismo apotegma (máxima). El de Child, de que Nec natura aut lex operantur per saltum, «ni la naturaleza ni las leyes actúan mediante saltos», ha pasado a ser el de Marshall de que Natura non facit saltum, «la naturaleza no da saltos».

Un tercer punto que había de convertirse en gran tradición inglesa y que está bien patente en el pensamiento de Child, es su actitud empírica y antidogmática en los asuntos relacionados con el ejercicio de la política en el campo económico. Child desea dejar a un lado toda una serie de leyes anticuadas, para ponerse a experimentar con otras nuevas. El antiguo sistema de los salarios máximos pudo haber sido acertado para su época; pero los nuevos tiempos exigen nuevas leyes. Un racionalista o un fanático dogmático hubieran insistido en que el mundo debía construirse según su imagen más querida. Child, empírico, no hace tal cosa: "lo que es adecuado para el comercio de una nación puede no serlo en absoluto para el comercio de otras". He aquí la raíz de una cualidad de la que se han maravillado con frecuencia los observadores extranjeros de la escena inglesa: la capacidad para combinar la libertad y la estabilidad políticas con unos grados variables de experimentación e intervencionismo.

Mientras en el siglo XVI se estuvo muy cerca de establecer un interés libre, los pensadores del siglo XVII trabajaron para intentar controlarlo. La licitud del interés era algo que estaba ya fuera de dudas. Lo que se discutía ahora, era el techo que debía ponerse a los tipos de interés. Child decía que los comerciantes ingleses, que estaban en rivalidad comercial con los holandeses, no podían sostenerse debido a que el tipo de interés existente en Inglaterra era más alto, lo que elevaba sus gastos por encima de los gastos de los holandeses. Mientras algunas empresas de rendimientos relativamente bajos podían atraer a los empresarios holandeses, los ingleses estaban excluidos de antemano de las mismas a consecuencia del desfavorable tipo de interés. Los holandeses podían obtener una ganancia del cinco por ciento en el comercio del arenque y sentirse satisfechos; ningún inglés podía emprender tal riesgo, ya que el coste de oportunidad, es decir, el interés que un banquero-orfebre estaba dispuesto a pagar por el depósito, excedería a la ganancia obtenida. Child consideraba que los altos tipos de interés eran también los responsables de otra gran cantidad de dificultades, incluyendo algunas apenas relacionadas con el coste del préstamo.

Child, para quien un bajo tipo de interés era la panacea que eliminaría todos, o casi todos los males de la sociedad, insiste en que ello reduciría la embriaguez.

Normalmente, los autores del siglo XVII desprecian y consideran inadecuada la costumbre seguida hasta entonces de discutir el tema del interés desde el punto de vista de la teología moral. El punto de vista secular queda expresado en el Manifiesto contra la usura un pequeño folleto de diecinueve páginas que un culto propietario, Sir Thomas Culpepper, publicó en 1621 y que fue unido más tarde a los escritos de Child. Culpepper comienza su opúsculo con la observación de que desea «dejar para los teólogos, las pruebas de la ilicitud de la usura»; Child, que se mostró más interesado que ningún otro mercantilista en el problema del alto tipo de interés. insiste, como Culpepper, en que su argumento no es teológico pero que, así y todo, no puede evitar hacer la observación de que, si un tipo de interés más alto que el de los holandeses tiene sobre la economía inglesa tan malas consecuencias, no le queda más remedio que ser pecado, «aunque Dios no lo haya prohibido explícitamente». Ninguna otra cosa podría poner tan de manifiesto la progresiva secularización del pensamiento y la deificación de la nación, como la idea de que lo que es dañino para la nación, deba ser un pecado.

El trabajo de Child, Breves observaciones respecto al comercio y al interés del dinero, publicado en 1668, en el que propone la reducción del tipo máximo de interés del seis al cuatro por ciento o menos, fue criticado por algunos autores que sostenían la tesis contraria. El primero de éstos fue el autor anónimo de un folleto de veinticuatro páginas publicado en el mismo año, cuyo título nos aclara el principal argumento que contiene: El interés del dinero mal entendido, o un tratado que prueba que la disminución del interés es el efecto y no la causa de la riqueza de la nación y que el seis por ciento es un interés adecuado para la presente condición de este reino. Algunos han querido considerar al autor de este trabajo como un temprano exponente de la tesis de Weber, ya que entre los factores que enumera como responsables del desarrollo de Inglaterra, incluye el haberse librado de la Iglesia de Roma. Child, que se opone a esta opinión, podría entonces ser considerado como el primer critico de la tesis de Weber: "Nuestra liberación de la Iglesia de Roma -dice-, ocurrió mucho antes de que empezásemos a ser alguien en el comercio; por otra parte, en Italia, que sigue adherida a la antigua fe, el comercio florece"

. Un año más tarde, Thomas Manley publicó un opúsculo más extenso, Donde se examina la usura al seis por ciento y se encuentra que ha sido injustamente atacada por Sir Thomas Culpepper y J. Child. . Manley afirma, entre otras cosas, que un tipo de interés bajo sería causa de un incremento de la embriaguez. En el Nuevo discurso sobre el comercio de 1698, en el que consolida sus trabajos anteriores, se encuentran las réplicas de Child a Manley y al autor de El interés del dinero mal entendido.

Lo que Child quiere no es simplemente un tipo de interés bajo, sino más bien que lo sea tanto o más que el de los holandeses. Sólo así se podrá mantener la situación competitiva del comerciante inglés, frente a su rival holandés. Cuando Manley insiste en que lo que perjudica al comercio inglés son más los altos salarios que el elevado coste del interés, Child contesta que los holandeses pagan todavía salarios mayores y aprovecha esta oportunidad para desarrollar su teoría sobre los beneficiosos efectos de los salarios elevados.

Mientras Manley sugiere que se disminuyan los salarios, el autor del Interés del dinero mal entendido propone otra alternativa, que no es tampoco la reducción del tipo legal de interés en Inglaterra: ¿por qué no pedir prestado a los holandeses? Esta idea no logra el favor de Child. Mientras prestamista y prestatario sean ingleses el pago de intereses será una mera transferencia; cuando el prestamista es holandés, dicho pago se convierte en «una clara pérdida para la nación».

Child se da cuenta de que la importancia del tipo de interés no es la misma para las distintas clases de comercio. Un comercio en el que se transfiera la mercancía lentamente y mantiene los precios durante largos períodos de tiempo, será especialmente sensible a un tipo de interés alto.

Child atribuye la manifiesta escasez de dinero, al «comercio realizado por los bancos, que obstruye la circulación, promueve la usura y la hace tan sencilla, que la mayoría de los hombres, en cuanto pueden reunir una suma de 50 o de 100 libras, lo llevan inmediatamente al banquero-orfebre. Con lo que ocasionan y seguirán ocasionando, mientras ello dure, esa fatal y apremiante necesidad de dinero».

Para Child, serán muy pocas las cosas buenas que no puedan obtenerse como consecuencia de la reducción del tipo de interés. "El interés bajo engendra frugalidad, laboriosidad y destreza". No parece poner en duda que un tipo de interés reducido traerá como consecuencia un posterior incremento de los fondos prestados, ya que, según Child, el menor interés hará posible que sean más los hombres que puedan dedicarse al comercio. Al haber más comerciantes, sus ganancias serán menores y se verán obligados a ser más frugales, con lo que se gastará también menos en mercancías extranjeras.

Si el tipo de interés es alto, el valor de la tierra no puede ser alto también. Algunos pretenden que las tierras se venden por el precio de veinte anualidades cuando el interés es del 10 por ciento. «¿Puede alguien creer que nuestros padres fueran tan estúpidos como para gastarse el dinero en la tierra y no volverlo a ver en veinte años, cuando, al 10 por ciento, podrían haber doblado su dinero en diez años a interés simple y en siete años a interés compuesto? La realidad es que el comercio y la tierra «crecen y menguan a la par». Una reducción del interés elevará el valor de la tierra. Ello obligará también a los ociosos que viven de los ingresos que les proporciona el interés a ponerse a trabajar y como el valor de la tierra habrá aumentado, no les será posible convertirse en propietarios.

Para el autor de El interés del dinero mal entendido, Child aparece como el instigador de un sistema de conspiración. Atribuye a Child el «designio de concentrar todo el comercio en las manos de unos pocos y ricos comerciantes que tienen el dinero suficiente para comerciar por su cuenta, excluyendo con ello a todos los jóvenes que quieran hacerlo». Child se ve apurado para defenderse de esta acusación. Un tipo de interés alto «enriquecerá mucho a unos pocos y empobrecerá a la mayoría de los comerciantes» el tipo de interés bajo configura un «principio difusivo». Puede imponer pequeñas pérdidas a los individuos pero dará lugar a grandes ganancias para la nación. La East India Cornpany no necesita, por su parte, que se reduzca el tipo de interés, pues le es ya posible obtener todo el dinero que quiera al 4 por ciento, quizá por la reputación tan alta que posee. «En Inglaterra se desean más los valores que el dinero pues los primeros son considerados infalibles.

El gran problema es «si la reducción del interés es verdaderamente la causa de la riqueza de un país o si, por el contrario, es sólo el concomitante o el efecto de la riqueza de dicho país». Para Child la primera alternativa es evidente, mientras que el autor de El interés del dinero mal entendido, apoya la segunda. En plan de concesión, Child admite que a semejanza de la controversia entre el huevo y la gallina, la misma cosa puede, a la vez, ser causa y efecto. La reducción del interés es causa de un aumento de riqueza y este último proporciona, a su vez, una posterior reducción del interés.
Elementos liberales del pensamiento de Child
"La libertad y la propiedad - afirma - conducen al incremento del comercio y a la mejora de cualquier país". Child propone recompensar a los inventores e inovado-res, al mismo tiempo que se opone a las leyes que obligan al trabajo del aprendiz o que limitan el número de aprendices, a las leyes que tipifican los géneros de lana: las modas cambian; a las leyes que restringen el número de telares o de trabajadores: estas favorecen solo a algunos sectores; a las leyes que prohiben que un tejedor se desempeñe en otra artesanía; a las leyes contra el monopolio del grano y a las que prohiben la exportación de efectivo o de metal. Desa-prueba la reglamentación del precio de la cerveza: tal reglamentación obstaculiza la mejora del producto e impide la imitación de otras bebidas extranjeras obtenidas también de los cereales; desaprueba también los impuestos que gravan por igual las exportaciones y el consumo interior, los derechos de exportación sobre artículos del país, las leyes que restringen los salarios, la inmigración o la tolerancia religiosa: dichas leyes coartan el aumento de la población, favorecen la inmigración y hacen que los hombres de talento se queden fuera del país.

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