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martes, febrero 14, 2006

Murray Rothbard




Murray Newton Rothbard (2 de marzo de 1926 - 7 de enro de 1995, fallecido por un ataque al corazón) fue un economista norteamericano y un teórico político. Perteneció a la "escuela austríaca" de Economía, que ayudó a definir el libertarianismoy el anarcocapitalismo.
En el transcurso de su vida, Rothbard estuvo asociado con numerosos pensadores. En los primeros años de la década del 1950 estudió con el economista austríaco Ludwig von Mises y empezó a trabajar para el William Volker Fund. A finales de los 1950 estuvo brevemente en el círculo de Ayn Rand y de Nathaniel Branden, a quienes criticó fuertemente años después (The Sociology of the Ayn Rand Cult
En los años 1960, Rothbard abogó por una alianza con la Nueva Izquierda norteamericana y con el movimiento contra la Guerra de Vietnam, alegando que los conservadores habían sido completamente subsumidos por el establishment estatista. Durante esta fase, se asoció con Karl Hess.
Fue uno de los fundadores, en 1971, del "Libertarian Party" norteamericano, partido en el que participó activamente durante los 1970 y 1980, hasta que su abandono en 1989, empezando entonces a acercarse a la derecha más conservadora, llegando a apoyar a Pat Buchanan.
Rothbard fue uno de los pocos economistas que ha estudiado a los economistas anteriores a Adam Smith, tales como los escolásticos y los fisiocratas para crear una "Ciencia de la Libertad".Esta aproximación estaba influenciada por los argumentos que Ludwig von Mises presentó en libros tales como "Human action" y "Theory and History". Mises argumentaba que los fundamentos de la Ciencias Sociales pertenecen a una lógica de la acción humana que puede ser conocida antes de comenzar las investigaciones empíricas. Rothbard quiso emplear estos conceptos para guiar la investigación histórica, especialmente su trabajo de historia económica.
"No es un crimen ser un ignorante en Ciencia Económica, que es, después de todo, una disciplina especializada, además considerada por la mayor parte de la gente como una ciencia lamentable. Pero sí es totalmente irresponsable tener una opinión radical y vociferante en temas económicos mientras que se está en ese estado de ignorancia."Tomado de "Making Economic Sense" (1995)

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jueves, diciembre 29, 2005

Edmund Burke


Edmund Burke (1729-1797)
por Marco Respinti



1. La vida y las obras

Edmund Burke nace en Dublín, en Irlanda, el 12 de enero de 1729 de padre anglicano y de madre católica. Con el hermano Richard es educado como anglicano para que pueda, en el futuro, acceder a la carrera pública; la hermana, en cambio - como era costumbre en la Irlanda de su tempo -, recibe una educación católica. Pero el ambiente católico en el que de facto vive, el cultivo de los estudios y su misma pertenencia étnica contribuyen a crear en él lo que ha sido definido como "cuño de pensamiento católico". De 1743 a 1748 estudia artes liberales en el Trinity College de Dublín formándose con autores clásicos griegos y latinos: Cicerón (106-43 a.C.) y Aristóteles (384-322 a.C.) ejercitando sobre el futuro parlamentario una profunda influencia como maestros, respectivamente, de retórica y de pensamiento - el mismo Burke será estimado como uno de los máximos prosadores de lengua inglesa - y de filosofía política. En 1750, en Londres, estudia derecho en el Middle Temple. Pronto no obstante, harto del pragmatismo materialista y de la metodología mecanicista de que está imbuída la enseñanza, contrariando al padre, la abandona y se vuelca en la carrera literaria.

No obstante, con el pasar del tiempo, el futuro estadista va adquiriendo un conocimiento profundo del derecho europeo así como del británico, de la romanística al Common Law. Estimador y conocedor del derecho natural antiguo y moderno, profundiza en el pensamiento de Cicerón y de los estoicos latinos, y, entre los modernos, en el de Richard Hooker (1553-1600), al cual considera como la máxima fuente del derecho canónico de la época de la Reforma protestante. Éste último, pastor anglicano autor de The Laws of Ecclesiastical Polity, denominado "el Tomás de Aquino de la Iglesia anglicana", prosigue, al menos en parte, con la tradición filosófica escolástica e n la Inglaterra posterior al cisma de la primera mitad del siglo XVI. Otra fuente importante de la formación y luego del pensamiento burkiano es la cadena de los grandes juristas británicos, de sir Edward Coke (1552-1634) a sir William Blackstone (1732-1780) - autor de los Commentaries on the Law of England - pasando por los jurisperitos moderados, partidarios de la incruenta "Gloriosa Revolución" inglesa del 1688. Peter J. Stanlis - uno de los mayores estudiosos norteamericanos del pensamiento burkiano - escribe: "Es importante notar que su erudición jurídica, que incluye las tradiciones del derecho natural, del derecho de gentes, del Common Law inglés, del derecho penal y de los precedentes consuetudinarios en el derecho positivo, empaparon y formaron su filosofía política, el sentido de Europa como gran commonwealth de naciones con una herencia moral y jurídica común y la confianza en el camino de la tradición a lo largo de la historia".

En mayo de 1756 el anglo-irlandés publica el primer escrito, anónimo: A Vindication of Natural Society, un panfleto que se burla de la filosofía libertina y deísta de moda por aquel entonces. El 12 de marzo de 1757 se casa con Jane Nugent. En abril del mismo año da a la imprenta A Philosophical Inquiry into the Origin of Our Ideas of the Sublime and Beautiful. En esta obra dedicada a la estética, investiga los fundamentos psicológicos del arte y rechaza la idea de que sean simples productos de rígidas reglas teoréticas, anticipando aspectos importantes del pensamiento filosófico de su madurez. En los meses previos había aparecido también el anónimo An Account of the European Settlements in A merica, texto quizás redactado por Will Burke - un familiar de Edmund -, en el cual han sido individuadas numerosas aportaciones del pensador anglo-irlandés. La obra tiene éxito y contribuye a incrementar la atención británica sobre América. En la misma, el autor anónimo simpatiza con la ide a de libertad política defendida por las Colonias británicas, poniendo en guardia a sus propios compatriotas acerca de la peligrosidad de determinadas medidas comerciales demasiado restrictivas.

El 9 de febrero de 1758 Jane Burke da a luz el hijo Richard, que morirá en 1794. El mismo año, Burke empieza a dirigir el Annual Register, una voluminosa revista que, a partir de 1759, se dedica a la historia, a la política y a la literatura, al principio solamente británicas, luego también europeas continentales, y que él mismo dirige, también colaborando, hasta 1765. Entre 1758 y 1759 escribe Essay towards an Abridgement of the English History, una obra póstuma publicada en 1811. En este mismo periodo Burke empieza a tratar con Samuel Johnson (1709-1784), el eximio literato tory, esto es del "partido del rey". No obstante la diferencia de las opiniones políticas, entre los dos persistirá siempre una profunda estima y amistad.

En 1759 es nombrado secretario privado y asesor político de William Gerard Hamilton (1729-1796), coetáneo suyo ya activo en el Parlamento. La redacción de los Tracts Relative to the Laws against Popery in Ireland - escritos fragmentarios publicados póstumos en 1797 - se remonta al otoño de 1761, durante una estancia irlandesa. Después de la separación de Hamilton, el pensador anglo-irlandés se vincula a Charles Watson-Wentworth, segundo marqués de Rockingham (1730-1782), siendo nombrado pronto secretario. Éste último, el 10 de julio de 1765, es nombrado primer ministro por el rey Jorge III de Hannover (1738-1820) a pesar de las reservas del soberano en confiar el encargo a un whig, esto es, al "partido del Parlamento". Elegido el mismo año para la Cámara de los Comunes, Burke llega a ser pronto la guia intelectual y el portavoz de la "corriente Rockingham" del partido wigh, la cual, de otra parte, consigue sólo breves éxitos políticos entre 1765 y 1766 y de nuevo, por pocos meses, en 1782.

Burke se sienta pues en los bancos de la oposición durante la mayor parte de su carrera política y es durante esta segunda fase de su existencia que el estadista-pensador publica las obras más conocidas, entre otras Thoughts on the Causes of the Present Discontents en 1770, Speech on the Conciliation with the Colonies en 1775, Reflections on the Revolution in France en 1790, Thoughts on the French Affairs on y Appeal from the New to the Old Wighs en 1791, además de Letters on a Regicide Peace, terminadas en 1796.

El 9 de julio de 1797 Burke fallece en su casa del campo de Beaconsfield, en Inglaterra.


2. El pensamiento político-filosófico

Gran parte de la actividad pública burkiana trascurrió en defender de un lado a la Iglesia anglicana de los ataques de los "libres pensadores" y de los reformistas protestantes radicales, de otro a los católicos y a los disidentes protestantes, agraviados en sus derechos por la política absolutista del gobierno londinés. La razón de esta acción política no es un concepto "latitudinario" de la libertad religiosa, sino más bien una visión de conjunto de la naturaleza humana y de las relaciones entre el Estado, los cuerpos sociales intermedios y los individuos amenazados por el absolutismo moderno. Objetivo de Burke es garantizar iguales derechos a todos los súbditos británicos, dondequiera que se encuentren y cualquiera que sea la fe religiosa que profesen: derechos concretos, adquiridos historicamente en virtud de la secular tradición constitucional y consuetudinaria británica - los "beneficios" -, y - a partir del 1789 francés y no por azar en áspera polémica, entre otras cosas, con las "libertades inglesas" - contrapuestas a las abstracciones iluministas y racionalistas de la Ley y del "derecho nuevo".

El estadista se hace célebre por cuatro "batallas Parlamentarias". La primera, la tutela de los derechos constitucionales tradicionales de los colonos británicos en América, se opone a la tasación arbitraria, impuesta por el gobierno londinés, y defiende el auténtico significado de la Constitución "no escrita" británica. Con altitud de miras, Burke se da cuenta de la mecha que tal política va encendiendo en el polvorín norteamericano y hace lo posible para alejar el espectro de la pérdida de las Colonias. Jamás a favor de la independencia que éstas declararon en 1776, una vez estallado el conflicto armado entre ellas y la Corona británica, él juzga los acontecimientos como una "guerra civil" interna del imperio - no una revolución -, de curación rápida.

La segunda batalla parlamentaria es la que conduce contra la administración pública, que imposibilita esta vez a los súbditos irlandeses de disfrutar de los derechos constitucionales británicos, a pesar que en el tema de la libertad religiosa Burke no consigue obtener el éxito parcial en defensa de los compatriotas católicos que tuvo en otros temas.

En tercer lugar, el estadista pide la acusación contra Warren Hastings (1732-1818), gobernador general de la India británica, por su malgobierno, pero no es atendido. Su decidida actuación consigue, no obstante, algo de éxito y, sobretodo, es una advertencia - desatendida - para el futuro. El imperio donde jamás se ponía el sol se derrumbará merced a la obcecación de algunos de sus gobernantes, que no por otras razones.

La última batalla parlamentaria burkiana tiene como telón de fondo a la Revolución francesa. En las Reflections on the Revolution in France - una de las obras más comentadas e influyentes de la historia inglesa moderna, publicada poco tiempo después de la "toma de la Bastilla", el 14 de julio de 1789 -, el hombre político anglo-irlandés intuye, analizando las premisas filosóficas que se habían abierto paso en los lustros anteriores, el curso completo de los acontecimientos revolucionarios, del regicidio a la dictadura militar napoleónica, estigmatizando su naturaleza. Para él, la Revolución constituye el advenimiento de la barbarie y de la subversión de toda ley moral y de toda tradición civil y política.

Sobre la interpretación de este acontecimiento el mismo partido whig se parte, dividido entre los new whig liberales de Charles James Fox (1749-1806) y los old wihg dirigidos por Burke, los cuales acaban coaligándose políticamente con los tory de William Pitt el Joven (1759-1806). A la defensa burkiana del "commonwealth cristiano de Europa", del cual la Francia jacobina y atea se desmarcó y contra el cual lucha desesperadamente - Burke afirma que, en los años de la Revolución, la Francia auténtica reside en el extranjero -, se debe el apoyo parcial que, en algunos momentos, el gobierno británico concede a la causa contrarrevolucionaria francesa.

El centro de la filosofía política burkiana es, de hecho, la defensa del ethos clásico-cristiano, fundamento de la normatividad que el pensador adivina en las tradiciones jurídicas y culturales de su país, parte de la "sociedad de las naciones" cristianas europeas. La relación burkiana entre derecho natural moral e instituciones civiles entiende estas últimas como intento histórico de encarnar el primero, según una lógica que une moral personal y moral social. La "filosofía del prejuicio" - esto es, de la tradición y de la costumbre histórica - es la gran baza del common sense británico burkiano.

Según Russell Kirk (1918-1994) - uno de los "padres" del renacimiento burkiano contemporáneo -, el pensador anglo-irlandés pertenece al "partido del orden": él es la figura representativa de aquel legitimismo patriótico británico prudente, que aúna fidelidad y crítica constructiva, y que se resume en la expresión conservadora "oposición de Su Majestad", antitética a la revolucionaria de "oposición a Su Majestad".

La influencia de Burke se ejercita sobre pensadores importantes como Joseph de Maistre (1753-1821) y sobre numerosos autores del área cultural anglosajona, francesa y alemana; pero, sobre todo, da origen a lo que en el mundo de habla inglesa, tiene el nombre técnico de "pensamiento conservador", entendido como oposición consciente al mundo surgido a raíz del 1789 francés y a la filosofía revolucionaria que lo inspiró y lo empujó.

Burke, seguro de la proximidad de la victoria jacobina en tierra inglesa, determina que la localidad de su inhumación quede en secreto, por miedo a que los enemigos puedan un día descubrirla y desacralizar el lugar de descanso de los restos mortales de su primer y radical adversario.

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miércoles, diciembre 14, 2005

Abraham Kuyper


EL LEGADO DE ABRAHAM KUYPER

Por Colin Wright

Este año (1998) señala el centenario de la celebración de las Conferencias Stone por Abraham Kuyper, que fueron posteriormente publicadas bajo el título Conferencias sobre el Calvinismo.

No puede haber duda que esta conferencia, y su publicación, hicieron época en la historia del pensamiento Cristiano. Pues Kuyper no simplemente retornó al pensamiento del Reformador Ginebrino a la manera servil de un romántico irreflexivo. Él buscó capturar, o más bien ser capturado, por su genio, fundamentado en la Santas Escrituras como la palabra viviente de Dios, y dejarlas tanto hablar una vez más a su tiempo y ejercer su poder transformador en el pensamiento y la cultura del Nuevo y Viejo Mundo en la segunda parte del siglo diecinueve.

Su obra Conferencias sobre el Calvinismo fue quizás el más grande legado de Kuyper a la iglesia Cristiana, aunque en total produjo alrededor de 200 libros, muchos de ellos cubriendo hasta tres o más volúmenes. Las Conferencias fueron un manifiesto. En ellas Kuyper proclamó al mundo, con una claridad y una frescura quizás incomparables a su tiempo, la relevancia del Calvinismo – como Cristianismo con pleno derecho – como el único principio regulativo genuino para el todo de la vida. En ellas expuso los rudimentos de un programa que iba a ocupar los esfuerzos de Cristianos fieles hasta este día no solo en los Países Bajos sino a través de Europa, las Américas y más allá. Aquí se trazaron las líneas de la batalla para el conflicto porvenir, el cual todavía ruge, entre el Cristianismo Bíblico y el humanismo en todas sus horribles y enrevesadas formas.

Pues con toda seguridad estaba siendo inaugurada una nueva fase de la batalla entre las dos ciudades – la ciudad de Dios y la ciudad del hombre. Se habían ido las antiguas certidumbres de la religión Cristiana que rodearon a la sociedad Occidental incluso en su larga apostasía de la batalla de la Reforma; el humanismo estaba ahora, de par en par, proclamando descaradamente su desafío al Dios viviente. En el yunque de El Origen de las Especies de Darwin y el Manifiesto Comunista de Marx y Engels el humanismo comenzó a forjar su visión beatífica de una auténtica sociedad sin Dios. Voces como las de Nietzsche llamaron a las tropas para arrasar el pensamiento Cristiano de nuestra cultura.

Kuyper, quizás más que nadie en su día excepto del famoso Groen van Prinsterer, su mentor, percibió que la batalla no podía ser ganada a la antigua forma de proceder. Particularmente desde la época de Tomas de Aquino la iglesia se había retirado continuamente ante la embestida de la incredulidad, concediendo terreno en cada área de la vida a principios ajenos a sus muy queridas formas de pensamiento. Al conceder la autoridad última de la razón humana sobre la revelación divina, finalmente se rindió y se entregó en manos del enemigo, aún cuando ostensiblemente usaba la razón para defender la religión. Para el tiempo de Kuyper el Cristianismo se había retirado de manera pietista dentro del refugio interno de lugar santo – lo que los Puritanos llamaban iglesia petrificada. Retirarse más era imposible. Kuyper percibió que un retorno a oponer principio contra principio era esencial si el Cristianismo iba a ganar la guerra:

Los apologistas invariablemente comenzaron por abandonar el parapeto agredido, con el propósito de atrincherarse cobardemente en una zanja ubicada en la parte posterior. Por lo tanto, de lo primero, siempre me he dicho a mí mismo, si la batalla ha de ser peleada con honor y con una esperanza de victoria, entonces debe haber un enfrentamiento de principio contra principio, entonces debe sentirse que en el Modernismo la vasta energía de un sistema de vida todo abarcador nos asalta, entonces también debe entenderse que debemos tomar nuestra posición en un sistema de vida de un poder igualmente todo abarcador y de largo alcance. Y este poderoso sistema de vida no ha de ser inventado y formulado por nosotros mismos, sino que ha de ser tomado y aplicado tal y como se presenta a sí mismo en la historia. (Conferencias, I, p. II)
Kuyper miró que la batalla era, como después la describiría Cornelius Van Til, una batalla ética y no una batalla epistemológica. El Modernismo no cree porque le falte conocimiento, sino porque le falta la voluntad. Los Cristianos no pueden derrotar al Modernismo azotándole con interminables “hechos científicos” sacados del propio arsenal de ellos. Kuyper se dio cuenta que, fundamental al argumento sobre el conocimiento científico se hallaba la antítesis, que nunca puede ser borrada con impunidad, entre el entendimiento modernista de la creación y la mente humana como normales, y el entendimiento Cristiano de ellas como anormales. La diferencia fundamental entre las facciones contendientes se centra en las doctrinas de la Caída y del pecado original.

Si a veces tenemos que diferir con Abraham Kuyper (¡como lo hacemos!) es porque, ubicados sobre su hombro, podemos ver más lejos de lo que él pudo. En nuestro criticismo de su labor productiva de un neo-Calvinismo para su propio día necesitamos recordar que las perspectivas que logró fueron contra las abrumadoras presiones y prejuicios de una época en las que tales perspectivas estaban casi totalmente perdidas. Que él lograra hacerlo tan bien como lo hizo no es una maravilla pequeña y, como él sería el primero en admitirlo, se debió solamente a la gracia distintiva. ¡Soli Deo gratia, soli Deo gloria!

Sin la obra pionera de este gigante los movimientos modernos asociados con los nombres de Cornelius Van Til, Rousas J. Rushdoony, Herman Dooyeweerd y muchos otros no hubiesen ocurrido. Sus escritos e influencia son la naciente de agua de la cual estos movimientos obtuvieron su nutrición e inspiración.

A medida que nos acercamos al comienzo del tercer milenio Cristiano necesitamos proclamar y testificar una vez más que solo el Calvinismo, como Abraham Kuyper lo entendía, esto es, como una perspectiva de la vida y del mundo, puede ofrecer la esperanza, la fuerza, visión y sentido de propósito que la iglesia Cristiana necesita para sostenerse a sí misma en la batalla. Pues por este Calvinismo, descubrimos en la Santa Escritura, a través del testimonio del Espíritu Santo, la infalible y suficiente explicación de Dios de toda la creación en todos sus variados aspectos y matices. La campaña por Cristianizar el mundo es nuestra meta. Hace cien años Kuyper renovó la desmadejada visión de una iglesia desvigorizada con su grito de batalla y su ejemplo. Aquel que equipó y fortaleció a Kuyper nos llama a la misma tarea, y nos da la misma promesa: “Confiad; yo he vencido al mundo.” C&S

Este editorial fue publicado originalmente por la revista Christianity & Society, Volumen VIII, Número 2, de Abril de 1998.

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miércoles, noviembre 09, 2005

Alexis de Tocqueville


Alexis de Tocqueville

(Charles-Alexis Clérel de Tocqueville; Verneuil, Île-de-France, 1805 - Cannes, 1859) Pensador y político liberal francés. Procedente de una familia noble, Tocqueville fue uno de los observadores más lúcidos del cambio producido en su época por la revolución liberal. Estudió Derecho y obtuvo una plaza de magistrado en Versalles en 1827. Pero su inquietud intelectual le llevó a alejarse de la rutina en 1831, viajando a los Estados Unidos para estudiar su sistema penitenciario.

La estancia en aquel país le sirvió para profundizar en el análisis del sistema político y social norteamericano, que retrató en su obra La democracia en América (1835-40). En ella reflejó su admiración por el modelo liberal-democrático americano, que consideraba mucho más equilibrado que el que propugnaban los revolucionarios europeos (por elementos moderadores, como la autonomía local).

Tocqueville abandonó la magistratura para dedicarse a la producción intelectual y a la actividad política: en 1839 fue elegido diputado y en 1841 miembro de la Academia francesa. Condenó tanto la Revolución de 1848 (que acabó con la Monarquía de Luis Felipe) como el golpe de Estado de Napoleón III en 1851-52 (que liquidó la Segunda República y dio paso al Segundo Imperio). Pero, entre ambos acontecimientos, aceptó servir a la Segunda República como ministro de Asuntos Exteriores (1848), antes de retirarse definitivamente de la política.
En pleno Imperio napoleónico nace y se formará Tocqueville en su niñez y si bien en 1815 la Restauración con Luis XVIII y con Carlos X significará un retroceso tanto en los aspectos democráticos como en lo educativo, en 1830, la entronización de Luis Felipe implicará el restablecimiento de algunas libertades. Tocqueville tendrá para entonces 25 años de edad y será durante la monarquía burguesa de julio que llevará a cabo sus viajes, a los Estados Unidos primero (1831) y a Argelia, ya ocupada por Francia, después (1841 y 1846).

Aristócrata proveniente de una familia normanda de la antigua nobleza, ingresará a la Academia Francesa en 1840 por el prestigio obtenido con su estudio de la democracia estadounidense y durante el resto de sus días será un ferviente partidario de la Libertad, como principio esencial para el progreso de los pueblos, aceptando en la práctica las conquistas más decididas de la Revolución Francesa, a la que juzgaba como el anhelo imprescindible y concreto en la historia del mundo para posibilitar la formación de una conciencia civil en los ámbitos de los Estados.
Defensor a ultranza de las autonomías locales comunales, en 1839 será diputado por La Manche, mostrando en el Parlamento un notable espíritu de independencia de criterio, basado siempre en los principios de liberalismo, especializado y orientado constantemente hacia la solución de los problemas planteados por el manejo de lo económico y del desarrollo de lo educativo.

Su intelecto perspicaz, que le posibilitará intuir para el siglo XX la preminencia internacional de Rusia y de los EE.UU., también le permitirá anticipar el estallido revolucionario de 1848, pasado el cual volverá al Parlamento como Constituyente y como Legislador, cargos desde los cuales mostrará actitudes adversas a las ambiciones políticas del que Víctor Hugo denominaría: Napoleón el pequeño, Napoleón III, que encarnará nuevamente un régimen de centralización en detrimento de los derechos democráticos de las autonomías locales. Será más tarde Ministro de Negocios Extranjeros, cargo desde el cual tenderá a apoyarse en las políticas liberales británicas, frente a las reaccionarias Austria y Rusia.

Encarcelado por su espíritu independiente y defensor de la democracia, al ser liberado viajará por Italia y Alemania y al volver a Francia vivirá retirado en su castillo de Normandía, entregado de lleno a las investigaciones historiográficas y a la publicación de sus escritos.

Claro exponente de la época que le tocó vivir, Tocqueville se formará, bien que desde un equilibrado centrismo, a partir de las concepciones que en cuanto al ejercicio de la democracia y respecto a los fines de la educación, se difundieron y llevaron a la práctica desde las Asambleas revolucionarias francesas. Conceptos tales como universalidad, obligatoriedad y gratuidad en la enseñanza iniciaron su camino de difusión mundial, considerados como la base democrática sobre la cual debían estructurarse los Estados. Napoleón sintetizará esa simbiosis al sostener que "Antes de ser soldado, todo francés es un individuo con derechos ciudadanos, para el conocimiento de los cuales será preciso educarlo como integrante pleno de la nación; sólo entonces podrá armarse para sostener y defender esos derechos. Lo cual constituye la formulación del concepto de La Nación en armas, que dio origen al Servicio Militar Obligatorio.
Es sabido que, a partir de 1789 y merced a los triunfos de los ejércitos republicanos e imperiales, esos enfoques de educación y democracia se difundieron y en buena medida se aclimataron en Europa y aun cuando el paso de la historia registrará avances y retrocesos en la aceptación de esos esos conceptos universales, los mismos no podrán ser ya erradicados ni desconocidos por los Estados organizados, cierto que con dos características precisas: el avance de los poderes centrales sobre las autonomías locales, lo cual podría ser considerado en otros continentes como un de- mérito, y la constitución de sistemas educativos nacionales, centralizados en función del modelo de nación que se pretenda estructurar.

Desde esa realidad europea decimonónica, desde esa atmósfera mental progresista vigente en los ámbitos continentales y desde su propia mentalidad liberal en el romanticismo vigente, formulará Tocqueville sus apreciaciones entusiastas respecto a la democracia en América.

De la Démocratie en Amérique

La aristocracia y el individualismo, el despotismo y los intentos de centralización estatal, son las facetas que observa Tocqueville en 1831, pero lo que más chocó a su mentalidad de aristócrata europeo, fue la "igualdad de condiciones", que él atribuye a variadas circunstancias, entre otras a la legislación que rige las sucesiones, que todo lo reduce a un nivel igualitario, generando un impresionante Estado social: "Los hombres en América, para alcanzar alguna riqueza necesitan ejercer una profesión la cual exige siempre un aprendizaje. Los americanos, pues, no pueden conceder al cultivo general de la inteligencia más que los primeros años de su vida: a los quince años entran en una carrera, de manera tal que su educación termina en la misma etapa en que comienza la nuestra. Si la continúan después de ese plazo, no se dirige más que a una materia especial y lucrativa: se estudia una ciencia igual que se elige un oficio y con ello no se persigue otro fin que las aplicaciones cuya utilidad presente está reconocida. [...] la mayor parte son gentes ocupadas; de donde resulta que, cuando podría tenerse afición al estudio, no se tiene tiempo para dedicarlo a él y, cuando se ha adquirido el tiempo para dedicárselo, ya no se tiene afición al estudio.

No existe pues en América, en absoluto, una clase en que la inclinación por los placeres intelectuales se transmita con facilidad, ni ocios hereditarios, ni que tenga como un honor los trabajos de la inteligencia.

[...] Hay allí, pues, una multitud inmensa de individuos que poseen el mismo número de nociones poco más o menos, en materia de religión, de historia, de ciencias, de economía política, de legislación, de gobierno. La desigualdad intelectual procede directamente de Dios, y el hombre no podrá impedir que reaparezca siempre. [...]

El tiempo, los acontecimientos, las leyes, han formado allí al elemento democrático, no sólo como factor preponderante, sino único, por así decir. [...]

América presenta entonces en su estado social, el más extraño fenómeno. Los hombres se muestran iguales por su fortuna y por su inteligencia, o, dicho en otros términos, más igualmente fuertes que lo son en ningún país del mundo, o que lo haya sido en ningún siglo de los que la historia conserva recuerdo.

Hemos querido citar textualmente estos párrafos extractados de la obra de Tocqueville, porque entendemos que en ellos se patentiza la idea que, respecto a educación y democracia en América se formó el autor.

El acento de su análisis lo pone en las formas que allí asumen la democracia y la soberanía del pueblo, pero cuando en el capítulo 4 estudia lo que ocurre en particular en cada Estado de la Unión, no deja se señalar la circunstancias que imperceptiblemente nivelan a todos en lo educativo: no niega la existencia de algunos espíritus selectos y de pensadores originales, pero pareciera que esa igualdad democrática que lo entusiasma fuera en buena medida el resultado paralelo de una educación no diversificada e igualitaria a la que acceden todos, mientras que en la vieja Europa existen otros niveles de excelencia, pero restringidos a unos pocos privilegiados.
El aserto de que "Nada hace tan diferentes a los hombres como la educación", preside tácitamente su pensamiento.

Recurrentemente insiste también en la importancia de la que llama Ley de las sucesiones y que refiere a la herencia y por ende al derecho de propiedad, hallando que en sus formas americanas, la misma terminó por romper las influencias locales., en lo cual, tal vez se equivoca o exagera un poco su importancia, pero objetivamente considerada, la facilidad del acceso a la propiedad de la tierra que caracterizó al Destino Manifiesto de extenderse hasta el Pacífico, reviste enormes diferencias con lo que sucedió en nuestro país, en el cual, después de 1879, cuando lleguen las oleadas inmigratorias, "las extensiones estarán vacías, pero tendrán dueños".

Otro aspecto de la democracia que estudia Tocqueville es el relacionado con lo electoral. Los colonos habían gozado desde sus inicios de variados sistemas para elegir a los miembros de las Asambleas locales, todos eran más o menos censatarios, pero según Tocqueville:"¡Cosa singular! El impulso democrático pudo manifestarse de manera más irresistible en aquellos Estados en los cuales la aristocracia tenía más profundas raíces," encontrando que en ellos fue, paradójicamente, donde con más rapidez se llegó al sufragio universal.

También anota que los EE.UU. poseen una constitución compleja, notablemente heredera del Common Law y a base de sucesivas enmiendas, encontrando que políticamente "se trata de dos sociedades distintas, comprometidas, encajadas la una en la otra; se ven dos gobiernos completamente separados y casi independientes: uno, habitual e indefinido, que responde a las necesidades cotidianas de la sociedad; el otro, excepcional y circunscrito, que no se aplica más que a ciertos intereses generales. Son [en 1831] veinticuatro pequeñas naciones soberanas, cuyo conjunto forma el gran cuerpo de la Unión".

Aprecia el autor que el pueblo reina sobre el mundo político americano como Dios sobre el universo. Él es la causa y el fin de todas las cosas: todo emana de él y todo se absorbe en él. Se trata de un poder absoluto, dice, Pero no el de uno solo. Ni exactamente el de todos. Es el del mayor número, el de la mayoría y agrega: "Fuera de la mayoría, en las democracias no hay nada que resista".

Uno de los puntos fundamentales en De la Démocratie, es el de la centralización, tema que atraviesa toda la obra. Tocqueville, cuya infancia vivió los últimos años del Primer Imperio, está -a nuestro juicio- tremendamente sensibilizado respecto a ese fenómeno político al que rechaza con horror exclamando: "Todos los genios guerreros aman la centralización... y todos los genios centralizadores aman la guerra". Es la imagen rediviva de Napoleón I, genio de la organización centralizada... y de la guerra, la cual, por otra parte, muestra a través de la historia cómo los grandes guerreros, lo son, casi sin excepción, por ser grandes organizadores.

De las asociaciones dice: " Nada hay que la voluntad humana no pueda alcanzar merced al libre accionar del poder colectivo de los individuos".

Concluyendo en que, mientras en Francia a la cabeza de una empresa nueva siempre se verá al gobierno y en Inglaterra a un magnate, "en los Estados Unidos encontraremos una asociación".
El sentido de la democracia americana influye también según Tocqueville en las formas del catolicismo estadounidense, dado que se lo ha colocado bajo una concepción liberal: "los católicos de los EE.UU. son a la vez los fieles más sumisos y los ciudadanos más independientes.
Concluyendo en que: A diferencia de Europa, donde política y religión se imbrican íntimamente, en América, la religión, independiente de los poderes terrenales, no resulta nunca herida por los golpes que se dirigen a dichos poderes".

Aunque Tocqueville en sus análisis sólo aborda tangencialmente lo educativo, sus reflexiones sobre la democracia americana, se afirman decididamente en el ejercicio descentralizado del poder, en los ámbitos municipales y de las pequeñas comunidades. Contemporáneo, como ya se dijo, de la Francia de la Restauración borbónica con sus restricciones a la democracia y de la Monarquía de Julio con su espíritu clasista, nuestro autor, admirará sin reservas esa capacidad de los Estados de la Unión de reservarse la mayor parte de sus facultades locales, delegando -pero nunca demasiado- las imprescindibles a los poderes centrales, lo cual a su juicio y a medida que el ejercicio ininterrumpido de esas formas democráticas se acentuara, libraría a los norteamericanos de eventuales abusos del poder central, protegiendo sus libertades individuales. Aunque no lo dice explícitamente, la lectura de su obra maestra deja flotando la presunción de que, en alguna medida, esas estructuras democráticas que lo entusiasman, tienen origen en las diferencias localistas de las colonias originales, sobre todo a partir de sus diversidades religiosas y, a caballo de éstas, sus distintos fines educativos, unificados al comienzo únicamente por un republicanismo a ultranza, en el que la búsqueda de la libertad no se coloca por encima del deseo de igualdad, por la cual sienten "una pasión ardiente, insaciable, eterna, invencible: quieren la igualdad en la libertad, y si no pueden obtenerla, la quieren también en la esclavitud,[...] convencidos de que la igualdad social conduce a la igualdad política: la soberanía de todos, mientras que el poder absoluto significa el poder de uno solo sobre el conjunto de la sociedad".

Esta soberanía del pueblo constituye, al decir de Tocqueville, un verdadero dogma americano: ha adquirido en los EE.UU. todos los desarrollos prácticos concebibles, todas las formas: no existe allí ningún poder exterior al cuerpo social.

Democracy and Education

El 16 de abril de 1859 fallecerá en Cannes Alexis de Tocqueville. Ese mismo año, en Burlington, Estado de Vermont, nacerá el filósofo y pedagogo norteamericano, John Dewey, que tendrá seis años de edad cuando finalice la Guerra de Secesión y, aun cuando vivirá más de la mitad de sus años en el siglo XX, puesto que fallecerá en 1952, es un referente obligado por lo que se refiere a lo educativo, para la segunda parte del siglo XIX, no sólo en su país sino también a nivel mundial.

Su tratado sobre Filosofía de la Educación: Democracy and Education. An Introduction to the Philosophy of Education, aunque publicado en 1916, constituye un agudo análisis de las ideas finiseculares vigentes en la sociedad norteamericana y aplicadas a la educación, estableciendo los fines constructivos y los métodos educacionales, desde el punto de vista de la democracia, lo que por una parte nos permitirá, en la medida de lo posible, comprobar si las proyecciones de Tocqueville en relación a la democracia norteamericana descentralizada se cumplieron y con qué caracteres y por otra parte visualizar, ahora puntualmente, esa interdependencia de que venimos hablando entre Democracia y Educación.

Los Estados Unidos posteriores a la Guerra de Secesión ya no serán los que visitó Tocqueville en 1831. Por de pronto, el triunfo de los federales o nordistas, que habían alcanzado un destacado desarrollo industrial capitalista, significó la ruina de los confederados sudistas, cuya economía, basada en la producción de plantaciones de algodón, tabaco y otros cultivos tropicales, funcionaba merced a la utilización de la mano de obra barata suministrada por el sistema esclavista. Más de seiscientos mil muertos en cinco años de guerra mortífera entre los Estados de ambos bandos, necesariamente debían pesar económica y socialmente en la fisonomía de la nación: la aristocracia de plantadores sureños dejaría de tener vigencia y poderío, frente al ascenso incontenible del empresariado comercial e industrial del norte.

La década del 70 asistirá al nacimiento de los primeros monopolios y a la sanción de las primeras leyes antitrust, en tanto que en la del 80, completada la Conquista del Oeste, aniquilados o neutralizados los restos de las tribus indígenas, unidas por varias líneas ferroviarias paralelas las ciudades de la costa atlántica con las del Pacífico, surgirán incontenibles las grandes concentraciones económico-financieras de los gigantes del carbón y del acero y más tarde del petróleo y del caucho, así como también las primeras asociaciones sindicales, con su correlato de luchas por los derechos gremiales con sus huelgas masivas. Una docena de grandes ciudades se poblarán de altísimos rascacielos y, aun cuando Gran Bretaña continuará siendo todavía la primera potencia mundial por sus flotas mercante y de guerra, el gigantismo norteamericano habrá sobrepasado a Europa en su conjunto en la producción industrial y agrícola. Se trata, sin ninguna duda de un mundo distinto al de la primera mitad del siglo y la sociedad norteamericana, incrementada por elevados volúmenes de inmigrantes de todo origen, entre los que numéricamente sobresalen irlandeses, judíos e italianos, registrará sensibles cambios en su estructura con el surgimiento de magnates multimillonarios, no siempre de familias tradicionales.

Con todo, los pronósticos del politólogo francés se cumplieron: la democracia norteamericana se adaptó con vitalidad a las cambiantes circunstancias por las que fue atravesando el conjunto de la nación, sin perder sus caracteres descentralizados, sin abandonar el dogma de la soberanía del pueblo, ni la pasión por la igualdad ante la ley, con oportunidades para todos.

Tratemos de ver ahora cómo evolucionó lo educativo en esa sociedad democrática decimonónica.
Según Dewey, la educación es a la vida social, el equivalente de la nutrición y la reproducción en la vida fisiológica. Educar, dice, implica hacer partícipes de nuestras experiencias a todos los miembros de la sociedad, con el objeto de que las innovaciones progresistas pasen a ser una posesión de todos en libertad igualitaria. Ese proceso, continúa, se lleva a cabo a través del intercambio en el ambiente social y por tanto resulta imprescindible crear en las escuelas ambientes capaces de orientar y canalizar las energías de los niños y jóvenes, dado que el resultado inmediato de ese proceso de intercambio es la capacidad de progreso ulterior.

Dewey criticará tanto las ideas pedagógicas de Platón, basadas más sobre las diferencias sociales que sobre los individuos y también las de la Ilustración dieciochesca, que con su pretensión utópica de hacer extensiva a toda la humanidad los avances sociales, pone en riesgo las posibilidades de progreso al soñar con un retorno a la vida natural. También el Idealismo postkantiano merecerá las críticas de Dewey, ya que le achaca la tendencia de restringir la concepción de lo social igualitario, al subordinar al individuo al Estado nacional, que en última instancia no es más que un intermediario [el Estado] entre los individuos y la humanidad.

Dewey dedica varios capítulos al análisis de los problemas esenciales de la educación desde lo filosófico: la relación del pensamiento con la experiencia; la índole del método; el sentido humano del trabajo; encarando a continuación desde la Filosofía de la Educación, el problema central de la obra: los valores y la distinción entre cultura y utilidad práctica, para lo cual comienza por recordar que ese discernir entre una y otra tuvo su origen en la Hélade, partiendo de la base de que una vida verdaderamente humana sólo podía ser alcanzada por unos pocos seres humanos verdaderamente libres, porque no estaban atados a trabajar con sus manos, puesto que vivían gracias al trabajo de los demás integrantes de la polis, dando así origen a una diferenciación entre pensadores y trabajadores, dedicados unos a las profesiones liberales y otros a tareas manuales a las que permanecían irremisiblemente atados para poder subsistir.

Proyectada a lo pedagógico esa distinción dio lugar a la división entre educación clásica o liberal y educación técnica o profesional. Sostiene Dewey que el maquinismo emancipó al hombre de muchas fatigas corporales y de muchas horas de trabajo, pero hace notar que, mientras la educación de los trabajadores se limite a una escolarización destinada al aprendizaje rudimentario de leer, escribir y contar, desprovista de toda otra educación en lo científico, lo literario y lo histórico, sus mentes quedarán al margen de toda posibilidad de beneficiarse dedicando sus horas libres al ocio constructivo de una actividad de orden cultural.

La recomendación de Dewey apunta a que, en una sociedad verdaderamente democrática, esa dualidad entre educación liberal y educación técnica debe desaparecer, superada por un Plan de Estudios que haga del pensamiento una guía igualitaria para todos los individuos, propugnando un tipo de educación que, sin desatender la formación técnico-profesional del obrero, contemple también su formación espiritual, con lo cual, sostiene Dewey, se anularían los males del sistema económico vigente, al par que, al unificar las orientaciones, las disposiciones y las tendencias de todos los miembros de la sociedad, se alcanzaría también una sociedad homogénea y voluntariamente igualitaria.

Por último, enfoca también el autor el tema, a veces innecesariamente dicotómico, de hombre y naturaleza, dualismo que en educación ha originado otra división entre Estudios Humanísticos y Estudios en Ciencias Exactas, con la tendencia a limitar los primeros a simples recuerdos del pasado humano en lo histórico-literario y los segundos a un conocimiento seudocientífico desprovisto de toda sensibilidad humana.

Al margen del tema específico de este trabajo monográfico, pero no por ello menos digno de ser destacado, señalemos que con una lúcida exposición de teorías gnoseológicas y éticas, aplicadas a lo educativo, Dewey cierra su valioso ensayo filosófico y pedagógico que, en opinión de muchos, constituye una de las más importantes obras que sobre educación se publicaron en el siglo XX.
Intentaremos ahora reflexionar sobre las diferencias existentes en una y otra realidad histórica, la europea y la americana, tratando de visualizar la incidencia que en cada una de ellas ejerció la estructuración de lo educativo y las formas de su democracia.

Por de pronto y como ya señaláramos, es evidente que en Francia los cambios fueron revolucionarios: en lo político se pasará del autocratismo a la democracia, cierto que se tratará de una democracia burguesa, limitada, restringida, censataria a ratos y al compás de los cambios y momentos registrados por la revolución, que culminará con la sólida estructuración del Imperio Napoleónico, monárquico y rígidamente centralizado, pero en el cual los méritos personales posibilitaban un ascenso social.

Paralelamente, el sentido de lo educativo en Francia se afirmará también de manera centralizada, pero extendida ideal e igualitariamente a todos los habitantes del imperio, como contrapartida imprescindible para sostener el nuevo sistema democrático-burgués. Recordemos que los dos grandes fracasos de Napoleón se dieron en ambos extremos de Europa, en España y en Rusia, dos países que además de regímenes absolutistas, tenían en común una población en la cual el analfabetismo registraba una tasa superior al 75%. Allí, las ideas revolucionarias no prendieron sino en reducidos círculos intelectuales y la gran masa de la población cerró filas cerrilmente para defender los tronos y las estructuras políticas, sociales y económicas que las oprimían, lo que no sucedió en Italia, ni en Prusia, ni en Austria, ni en la Confederación del Rin, ni en ninguno de los países de Europa Central, porque en estos las ideas de Libertad, Igualdad y Fraternidad se difundieron por escrito antes de concretarse en nuevas formas democratizantes de la organización estatal que, más allá de las inevitables deficiencias registradas, favorecieron en general el bienestar de los pueblos, eliminando barreras y diferencias y unificando regímenes aduaneros e impositivos, circulación de productos y también de ideas y proyectos. Es evidente que la educación, aunque más no fuera a partir de una alfabetización básica, produjo un cambio en las ideas, cambio inimaginable antes de 1750. El correlato Educación y Democracia resulta entonces evidente: al extenderse la práctica de la primera, se posibilitó un creciente ejercicio de la segunda.

Al otro lado del Atlántico, las colonias angloparlantes partieron desde muy distintas realidades en relación a la vieja Europa y también entre ellas. Ya señalamos las tres coincidencias básicas que acreditaron entre un sinnúmero de diferencias: 1) Dependencia de la corona británica de cada una de ellas, pero separadamente de las restantes. 2) Funcionamiento en todas de alguna forma de Asamblea comunal, con representantes elegidos por los colonos, que, aunque con sistemas operativamente disímiles, les permitieron el ejercicio de una cierta democracia, larvada, limitada respecto al conjunto de su población, pero práctica al fin y 3) Profesión sentida de diferentes formas confesionales, pero todas englobadas en el espíritu del protestantismo y en la necesidad de saber leer para tener acceso a la palabra de Dios en la Biblia.

En los ámbitos angloamericanos, la práctica de lo referente a la Educación, evolucionó paralelamente al de la Democracia, con más diferencias que similitudes entre las trece colonias originales que a partir de 1776 darían comienzo a las luchas por la independencia frente a Inglaterra.

También allí se fortalecerá sin retroceso el correlato de Educación y Democracia, cierto que de manera muy distinta que en Europa, merced a la descentralización política que tanto entusiasmará a Tocqueville; él proviene de un ámbito donde la concentración del poder en manos de los gobiernos centrales, aunque igual significara avances democráticos en relación al absolutismo unipersonal del antiguo régimen, no dejaba de mostrar serias limitaciones para los gobiernos y administraciones locales, comunas, intendencias y departamentos, centralización estatal que también se daba en la educativo, precisamente por ese afán de tornar homogéneo a nivel nacional el ejercicio de la libertad y la igualdad.

Tocqueville intuye que esa soberanía que se reservaron los Estados de la Unión frente al gobierno instalado en Washington, sería el reaseguro para conservar y fortalecer el ejercicio de la Democracia y pronostica que en el futuro el verdadero y más profundo modelo democrático se desarrollará en los ámbitos municipales, pronóstico que nos parece certero, si tenemos en cuenta que hoy, la importancia de los municipios viene acrecentándose año a año en casi todos los países, en un proceso en el que los gobiernos centrales terminaron por comprender que la solución de los problemas locales, los que tienen que ver con el abastecimiento, la calidad de vida, la educación, la salubridad pública, etc. pueden ser encarados con mayores posibilidades de éxito desde lo comunal que desde lo nacional.

Tampoco se equivocará Tocqueville al analizar las características que revestía la Educación en América en comparación con lo que sucedía en Francia ya que esa especialización práctica que él señala" no se dirige más que a una materia especial y lucrativa: se estudia una ciencia, igual que se elige un oficio y con ello no se persigue otro fin que las aplicaciones cuya utilidad está reconocida", característica que en lo esencial, sigue estando en la base de la educación norteamericana, más centrada en la especialización que en la amplitud de los conocimientos, lo cual explica la recomendación que formulará Dewey respecto a los peligros que, "para una sociedad verdaderamente democrática [implicaría] la dualidad entre educación liberal y educación técnica [...] entre los Estudios Humanísticos y los Estudios en Ciencias Exactas", lo cual, a su juicio conspiraría contra el objetivo de alcanzar "una sociedad homogénea y voluntariamente igualitaria". (Cfr. Op.Cit., pág. 19) No olvidemos que en el análisis de Tocqueville, la democracia norteamericana está basada férreamente en el sentido de igualdad y en el poder de la mayoría.

Antiguo Régimen y Revolución: Tocqueville viene de una familia noble posterior a la revolución .
Trata de mirar la historia hacia delante sin añorar épocas pasadas . Sus obras mas importantes son la democracia en América que trata sobre el efecto de la democracia en las estructuras sociales , y El Antiguo Régimen y la Revolución en el que analiza el poder político desde la centralización y la burocracia . Su idea es que en la sociedad moderna todo lo que separa a las personas del Antiguo Régimen es el poder , ya que el poder de la democracia es mas eficaz que cualquier otro sistema político , para llegar a esta democracia deben desaparecer todas las instituciones del Antiguo Régimen . Por tanto ve la democracia como una forma de poder y no de libertad , el origen de ella esta en las monarquías al haber centralizada los poderes en la figura del rey . Tocqueville considera que las fuentes de poder democrático tienden a igualar el status así como a la liberación de los rangos . Así mismo desaparecen las instituciones y poderes intermedios , entendiendo al pueblo como una sola entidad .Ahora se permite que los individuos pertenezcan a varios grupos sociales o instituciones . La centralización del poder político dota al individuo de un marco legal . La idea de igualdad lleva a una afinidad entre las clases inferiores y la clase dirigente La organización militar otorga un modelo a la democracia en la que se eliminan los intermediarios , tomando el poder central todo el control .El carácter social de la democracia hace que el pueblo otorgue el poder a una de los suyos . El efecto del poder democrático pervive en las instituciones de la Ilustración , la opinión publica , es la que lleva siempre razón ya que da y quita el poder . Se podía comparar a una familia en la que el padre ejerce el poder autoritario , siendo reflejo de la aristocracia , sin embargo en la democracia el padre pierde el poder . Por tanto es un conflicto entre el poder tradicional y el poder emergente de los individuos . Lo mismo ocurre en la religión , profesión , etc . El Estado esta por encima de todos , y el poder del Estado reside en el pueblo .Para Tocqueville el protestantismo es tan famoso en EE.UU. por su eliminación de las instituciones intermedias . A pesar de ello considera que el catolicismo es la religión mas democrática ya que para el Papa todos son iguales ( hay que decir que Tocqueville es católico ) . En el ejercito analiza como aunque el Estado desee la paz , el ejercito democrático quiere la guerra , esto se debe a que los altos cargos del ejercito vienen de la antigua nobleza . En la paz los jóvenes oficiales no tienen la oportunidad de ascender , ya que solo en la guerra se consigue mayor graduación y además en democracia todos los soldados son iguales y asalariados . En la democracia el ejercito es lo mas bajo de la sociedad , ya que solo es el brazo ejecutor del Estado , por eso ansia la guerra , para afianzar su status .Las guerras suelen empezar de manera tímida para incrementarse progresivamente , esto se origina ya que es difícil aunar las voluntades al principio pero al final las democracias luchan por la nación en conjunto . Para Tocqueville hay que diferenciar la democracia de la soberanía . En el Antiguo régimen se dependía de Señor ahora es el Estado el que paga por lo que hay un mayor celo por el bien común . Tocqueville considera que el nivel de democratización de un país se mide por el numero de burócratas que tiene .El poder político es cada vez mas racionalizado, el desarrollo de la burocracia en la democracia leva a la centralización y popularización de esta misma burocracia . La centralización y la forma de propiedad también se analiza , en las democracias aumenta la propiedad privada y la publica . Esto se debe a las desamortizaciones que pasan a subasta y de ahí a la propiedad privada , el fomento de la industrialización y la expansión de las democracias mediante las guerras . Se necesita mas infraestructura publica , calzadas , etc ; de manera que esto también pasa a manos publicas que antes eran de posesión privada . Por todo lo anteriormente explicado parece que ahí dos revoluciones contrapuestas , una que hace que la propiedad privada aumente y otra que lo hace con la propiedad publica.La democracia también afecta al conocimiento , por ejemplo en EE.UU. se utiliza un método cartesiano ( aunque ellos no eran conscientes de ello ) , en el que se eliminan los dogmas europeos , repudiando la tradición .
Además recurre al sentido común humano para la resolución de la mayoría de problemas , asimismo todas las escuelas de pensamiento son consideradas iguales , sin que predomine una sobre las demás . El poder democrático aparecerá en el tiempo , no como poder sino como libertad.

Conclusiones

Cubrir el lapso que separa a Dewey de Tocqueville exigiría siquiera reseñar el desarrollo ulterior que en los EE.UU. registraron la Educación y la Democracia. Respecto a ésta última, el tema es algo más conocido. Rememoremos que en De la Démocratie en Amérique, el francés dedica un breve acápite al análisis de la "Posición que ocupa la raza negra en los Estados Unidos, peligros que su presencia hace correr a los blancos".

Por entonces, 1831, Gran Bretaña todavía no había profundizado sus conquistas en África ni su régimen colonial imperialista; cuando lo acentúe después de 1838, sus empresas negreras cambiarán de signo y entonces comenzará la persecución de todos los barcos que actúen en la trata de esclavos, para evitar que le arrancaran los habitantes y la mano de obra en sus colonias africanas., con lo cual se resentirán los países cuya economía estaba basada en regímenes esclavistas: recordemos que el Imperio del Brasil será esclavista hasta 1888, Cuba hasta 1898 y en los EE.UU. la abolición de la esclavitud recién se concretará en 1865, al término de la Guerra de Secesión que enfrentará a los abolicionistas norteños contra los esclavistas sureños.

Hombre de su época, Tocqueville no oculta su opinión antiesclavista, pero afirma que en los EE.UU. el problema no se solucionaría sin graves enfrentamientos. Formado en el pensamiento clásico, tampoco se horroriza frente a la magnitud de esa aberración inhumana, en un país cuya población sustenta su sentido de la democracia en la igualdad a ultranza, pero fino analista como es, observa que, cualquiera fuera la solución que se buscara al problema, sus secuelas no serían fáciles de superar. Pensemos que cien años más tarde, hasta mediados de la década del sesenta en el siglo XX, los problemas raciales continuarían siendo profundos en los EE.UU. y que aun hoy, en los albores del siglo XXI, la campaña electoral presidencial está signada por la Discriminación y la Pena de Muerte, ya que las estadísticas señalan que, no obstante constituir sólo el 12,1% de la población norteamericana, los negros que en el corredor de la muerte esperan ser ajusticiados, ascienden al 43%. Cabría preguntarse ¿Cuál es la democracia de la que estamos hablando?

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jueves, octubre 27, 2005

Sir Josiah Child


El pensamiento de este personaje no puede ser considerado del todo liberal, pero se trató de un wigh del siglo XVII cuya obra defendia la tolerancia y sento las bases que luego inspiraron en gran parte el trabajo de John Locke
El lema de Petty de que "el mundo rechaza ser mal gobernado" y muchos de los aforismos de Davenant son los eslabones que unen el pensamiento económico del siglo XVII con el movimiento liberal. Esta tendencia encontró expresión formal en los trabajos de Child y, en forma distinta, en los de Locke. Alcanzó su pleno florecimiento en un pequeño trabajo de North que, sin embargo, no dejó huellas importantes entre sus contemporáneos.

Sir Josiah Child, al igual que Mun, estuvo relacionado con la East India Company, su posición fue en algunos momentos tan prepotente, que se le puede considerar como virtual director de la compañía. Child escribió algunos opúsculos que reunió más tarde en un libro publicado en 1698, con el título de Nuevo discurso sobre el comercio. Esta obra fue reeditada muchas veces, la última en 1804, y su influencia fue tan grande como la de Mun.

En el trabajo de Child se discute una gran variedad de temas; entre ellos se incluyen la colonización, el sistema salarial, la población, y la ayuda a los pobres. El tema principal es el tipo de interés, que considera que en Inglaterra es demasiado alto. No discute la teoría de la balanza comercial, sino que la da ya por sentada, aunque admite las dificultades prácticas inherentes al concepto, es decir, la dificultad de obtener un cálculo exacto de las importaciones y exportaciones. En cuanto al análisis económico hay un cierto numero de sagaces observaciones, junto a patentes contradicciones. Desarrolla con claridad el concepto mercantilista de la productividad. Según Child, los mercaderes, artesanos y campesinos son las tres clases de personas que realizan la riqueza de una nación o la traen del exterior; el resto de la gente como, por ejemplo, la nobleza, la clase acomodada, los hombres de leyes, los médicos, intelectuales de todo tipo y vendedores, lo único que hacen es pasar la riqueza de mano en mano, dentro del país.

Child señala que la economía nacional y los objetivos políticos no son siempre compatibles entre sí. Un determinado sistema puede favorecer una cosa a expensas de la otra. En tal situación, Child da primacía al poderío nacional sobre el lucro como cuando apoya, por ejemplo, la Navigation Act. Un comerciante podría obtener de los holandeses unas tarifas menores de flete para sus transportes a través del océano, pero, las consideraciones de defensa, que exigen una fuerte marina mercante, hacen necesario el uso de barcos ingleses. «Me parece absolutamente necesario que el lucro y el poder sean considerados en forma conjunta. » Por motivos muy similares, mantiene una actitud de estricta reserva frente a las inversiones extranjeras en Inglaterra, este tema ha ido surgiendo gradualmente en la literatura económica. ¿De dónde han de venir tales fondos, si no es de los holandeses? "Cualquiera que sea el dinero que los holandeses nos presten, ellos mantendrán siempre el extremo de la cuerda en su propio país y en sus propias manos".

Child señala también la posibilidad de conflicto entre los intereses privados y el interés de la propiedad, avisando sobre la confusión de ambos. Como ejemplo, cita las siguientes frases: «Tenemos ya demasiados comerciantes». «El capital comercial de Inglaterra es demasiado grande para su volumen comercial". «Nadie debiera ejercer dos oficios; es decir, que considera que las exclusiones monopolísticas y las restricciones de la época gremial eran contrarias al interés nacional. Observa el caso citado por Mun del «pobre comerciante» que no cubre los costes en el comercio exterior, al mismo tiempo que hace que la nación aumente su riqueza; añade otro caso de conflicto: los comerciantes pueden hacerse ricos siguiendo la regla de comprar barato y vender caro, pero dicha regla no puede mantenerse para el comercio exterior de la nación debido a que la competencia extranjera no exige vender tan barato, sino más, que los otros.

Child no se plantea la pregunta de si la reducción del tipo de interés conduciría a una elevación de los precios de los productos, fracasando con ello las exportaciones. No ve tampoco contradicción entre su petición de rebajar el tipo legal de interés y el principio del mercado competitivo: "Los que puedan pagar el mejor precio por un producto no dejarán nunca de obtenerlo de una u otra forma, a pesar de la oposición de las leyes o por mucho que se interponga cualquier tipo de poder; esa fuerza subrepticia y la violencia constituyen el cauce general por la que discurre el comercio". Sin embargo, olvida este principio cuando apoya el sistema colonial que prohibe a las plantaciones de América llevar su azúcar a «los mejores mercados» y les obliga a enviarlo a Inglaterra.

Existen elementos liberales en el mercantilismo de Child, en el sentido de que se opone a las restricciones que aún quedaban del antiguo Orden, estable y estático, para el que el comercio no era más que un asunto local y de pequeña importancia, cerrado a los intrusos. Como hemos visto, Child rechaza la opinión de que hay demasiados comerciantes en Inglaterra e insiste en que, tanto las compañías por acciones como las compañías reguladas deben estar abiertas, mediante pequeñas cuotas de admisión, a todos los que quieran unirse a ellas, señala que «La libertad y la propiedad, conducen al incremento del comercio y a la mejora de cualquier país.», que «Sería ventajoso para el comercio de Inglaterra, dejar a todos los hombres en Iibertad de hacer paños y géneros que quisieran en la forma que más les placiera donde y cuando gustaran y de cualesquiera longitudes y tamaños.»

Child propone con esto recompensar a los inventores e innovadores, al mismo tiempo que se opone a las leyes que obligan a trabajar como aprendiz o que limitan el número de aprendices, a las leyes que tipifican los géneros de lana: las modas cambian; a las que restringen el número de telares o de trabajadores: éstas favorecen sólo a algunos sectores; a las leyes que prohiben que un tejedor sea a la vez batanero, alforzador, tintorero, etc., a las leyes contra el monopolio de grano y a las que prohíben la exportación de efectivo o metal. Desaprueba las regulaciones del precio de la cerveza: dichas regulaciones obstaculizan la mejora del producto e impiden la imitación de otras bebidas extranjeras obtenidas también de los cereales; desaprueba también los impuestos que gravan por igual las exportaciones y el consumo interior, los derechos de exportación sobre artículos del país, las leyes que restringen los salarios, la inmigración o la tolerancia religiosa: dichas leyes coartan el aumento de población, favorecen la emigración y hacen que los hombres de talento se queden fuera del país. Child cita y aprueba la afirmación de Hobbes de que los hombres son, por naturaleza, distintos unos de otros. Su sociedad es fundamentalmente una sociedad abierta, en la que le gustaría que los disidentes e inconformistas fueran bien tratados.

Los criterios de Child acerca del aumento de población contrastan vivamente con el miedo a la superpoblación que se tuvo en tiempos anteriores; Malynes había expresado dichos temores en términos malthusianos, en 1022. "Si no fuera por los tres grandes males del mundo, es decir, la guerra, el hambre y la peste que purifican este gran cuerpo, los reinos y países acabarían estando demasiado poblados y los hombres apenas podrían vivir en paz o sin peligro". A lo largo del siglo, esta actitud fue transformándose gradualmente. Mun pone de relieve el" poderío militar de una nación populosa" afirmando que si los ingleses despojaran a los holandeses de sus pesquerías, «se incrementaría poderosamente la población de nuestro pueblo, gracias a este excelente medio de alimentación, haciéndonos posible enfrentarnos hasta con nuestro más poderoso enemigo, con lo que grandes multitudes de dichos holandeses se verían forzados a procurarse una vida aquí en nuestro país, en busca de una mejor manutención. La consecuencia de todo ello sería que muchos de nuestros castillos y ciudades costeras, que hoy en día languidecen, serian reedificadas y pobladas».

El título de un pequeño tratado, refleja la preferencia mercantilista por las familias numerosas. Dice así: Discurso concerniente al hecho de tener muchos hijos, en el que se eliminan los prejuicios existentes y se contesta a las objeciones que se hacen normalmente en contra de la prole numerosa. Según este escritor, el número ideal de hijos parece ser catorce.

Child habla de que «tanto la riqueza de una ciudad como la de una nación, la constituyen la multitud de sus habitantes». Da la bienvenida al crecimiento de la población, que considera en relación con las condiciones económicas. Los altos salarios constituyen una «prueba evidente de la prosperidad de un país, pues son «causa de un aumento de población, que enriquece considerablemente a cualquier país». El aumento de población va seguido «necesariamente de un incremento del comercio y de una mejora de las tierras. No porque sea causa de que los matrimonios tengan más hijos, sino porque un país comercial, al poderse permitir mantener cómodamente a más familias que un país que no posea comercio, hará posible que muchos, que en otro caso se hubieran visto forzados a vivir solteros, puedan llegar a casarse».

Child no encuentra inconvenientes a los salarios altos si son causa de que aumenten los costes, estos últimos podrán rebajarse disminuyendo el tipo de interés aunque tenía en la mente una idea que se corresponde con lo que se conoce hoy en día como decrecimiento de la curva de la oferta de trabajo. «En un año barato, el pobre no trabajará más de dos días por semana, pues con ello tendrá suficiente para mantenerse en su condición acostumbrada. Con razón o sin ella, los escritos de los mercantilistas abundan en lamentaciones sobre la indolencia de las gentes. Para Malynes «la ociosidad es la raíz de todos los males". Mun deplora que «debido a la lasciva ociosidad grandes cantidades de personas de nuestro país, engañan, vagabundean, roban, son ahorcadas, mendigan, van dando tumbos, desfallecen y perecen».

Las medidas propugnadas por los mercantilistas respecto a la población, la ayuda a los pobres y el desempleo deben interpretarse de acuerdo con los criterios que acabamos de ver, los sostenidos por la mayoría de los mercantilistas. Estos estaban tan preocupados por la abundancia de gente como por la abundancia de empleos para todos . Como dijo Child, «si trabajamos más, nos haremos más ricos». Esta es una de las razones por la que este autor y otros mercantilistas prestaron tanta atención a los problemas de la ayuda a los pobres y al desempleo. Cuando Child propone la creación de una autoridad que meta a los pobres en los hospicios o los deporte a las colonias de ultramar, lo que pretende es evitar la perjudicial asociación de la pobreza con la indolencia, que, para él, van unidas. Los mercantilistas estaban muy interesados en evitar el desempleo, pero el concepto de desempleo, que era algo básico en su pensamiento, no se refería a la ociosidad involuntaria.

La discusión sobre la población muestra la capacidad de razonamiento analítico de Child, ya que le dio ocasión de desarrollar un mecanismo automático para ajustar el equilibrio. Una disminución de la población, hará que se pongan en movimiento unas fuerzas que darán por resultado una eventual corrección de la misma. «La misma disminución producirá su propio remedio, pues la necesidad de hombres hará que los salarios se eleven, y los altos salarios, si nuestras leyes lo apoyan, nos procurarán la cantidad adecuada de personas sin necesidad de haberlas criado ( se supone, que habla de la inmigración).

Los observadores continentales del mercantilismo han puesto de relieve su función como forjador del estado, descripción ésta que no encaja en la variante inglesa del mercantilismo, puesto que en Inglaterra, cuando aparecieron en escena los escritos mercantilistas, el estado nacional estaba ya completamente desarrollado. Lo que en el continente fue la creación del estado, en Inglaterra fue la creación del imperio. Child prestó un considerable interés a este tema. En una sección de su libro se contiene una razonada defensa del sistema colonial, con sus Actas de navegación, que establecen el comercio exclusivo y las relaciones marítimas entre Inglaterra y sus colonias.

Debido a su punto de vista acerca de las ventajas de una población abundante, Child está muy interesado en la cuestión de si las colonias americanas han supuesto una pérdida de población para Inglaterra. En general, la emigración hacía Norteamérica no ha sido una verdadera pérdida para Inglaterra, ya que, si no hubieran existido dichas colonias, muchas de las personas que se fueron a América, se habrían ido a algún otro sitio: los puritanos a Alemania y a Holanda, y los criminales a los presidios. Sin embargo, la facilidad de entrar en las colonias ha sido causa de que abandonaran Inglaterra muchas más personas de las que lo hubieran hecho, caso de que sólo hubiera habido países extranjeros para recibirlas.

Pero, puesto que las colonias compran manufacturas inglesas y utilizan casi las dos terceras partes de los barcos ingleses, «no tenemos menos, sino más personas en Inglaterra, a causa de nuestras colonias en América. En las colonias de las Indias Orientales, se acostumbra emplear de ocho a diez hombres de color por cada hombre blanco. «Cada inglés que se encuentra en Barbados o en Jamaica proporciona trabajo a cuatro hombres en nuestro país», de entre los que se ocupan en producir provisiones, ropa y artículos para el hogar, así como también de los que trabajan en la navegación y en la construcción de barcos.

Las colonias cuyo comercio no está limitado a la metrópoli, son perjudiciales para esta última. Si el comercio colonial no estuviera restringido, los holandeses pronto se harían cargo de él, debido a que su "mercado es libre" y pueden vender a un precio mínimo y comprar a uno máximo. Los beneficios de las colonias se perderían completamente para la nación en muy pocos años. Los holandeses obtendrían todas las ventajas, «dejándonos sólo el trabajo de criar hombres y enviarlos al extranjero para que cultiven el campo y alimenten la industria de aquéllos"

. «Nueva Inglaterra , es la colonia más perjudicial para el Reino de Inglaterra". A diferencia de las otras colonias americanas, que producen azúcar y otros productos complementarios para la economía inglesa, Nueva Inglaterra produce productos competitivos, como cereales y ganado. Nueva Inglaterra realiza un floreciente comercio con las posesiones insulares y lo hace a expensas de la metrópoli. Child observa también alarmado el proyectado incremento de la construcción de barcos en Nueva Inglaterra y termina su examen del asunto deplorando que cada inglés que se encuentra en las Indias Orientales da trabajo a cuatro ingleses en Inglaterra. «De cada diez hombres nacidos entre nosotros y enviados a Nueva Inglaterra entre lo que les enviarnos o lo que recibimos de ellos, no obtenemos trabajo ni para un solo hombre en el país». A pesar de sus objeciones a la economía de Nueva Inglaterra, para él los colonizadores son «una gente a la que su frugalidad, laboriosidad y templanza, junto con la felicidad de sus leyes e instituciones, promete una larga vida con un extraordinario crecimiento de su población, riquezas y poder": profecía que no era nada despreciable en el siglo XVII.

Child compara las colonias francesas y españolas en América con las inglesas, para desventaja de las francesas. Siendo la propiedad, la libertad y la herencia los más efectivos acicates del trabajo, nada tiene de sorprendente que las colonias francesas no sean un éxito. El colonizador francés no se convierte en propietario de la tierra como lo hace el inglés, sino que trabaja bajo la supervisión y el control de la compañía colonizadora y del rey de Francia. Los españoles concentran todo su esfuerzo en la minería del oro y de la plata. Muchos de sus hombres, «o al menos de sus esclavos», han perecido en las minas. Descuidan el cultivo de la tierra y la obtención de productos agrícolas «que podrían permitir el empleo de una flota mayor y al mismo tiempo podrían alimentar una cantidad mucho mayor de gente en tierra y en el mar». Ahora veremos la discusión del tema al que Child dedica un mayor espacio -la controversia sobre el interés- y a examinar, en su lugar, el papel representado por Child en la formación de tres grandes ideas que no han perdido nunca su influencia sobre la humanidad. Lo que dijo respecto a ellas puede muy bien haber dejado una huella mucho más duradera que todas sus aportaciones a la economía.

En el trabajo de Child se da paso por primera vez en la literatura económica, a una idea que más tarde se dio ya por sentada, pero que en su época era prácticamente nueva; se trata de la idea del progreso, que sitúa la Edad de Oro más bien en el futuro que en el pasado. Cuando la gente mira hacia atrás y alaba el pasado, actúa así" por la flaqueza y corrupción de la naturaleza humana, que hace natural que los hombres se quejen del tiempo presente y ensalcen el pasado". Child prefiere una actitud distinta. Para él, «es evidente que, por la gracia de Dios Todopoderoso, este Reino tiene todo lo necesario para seguir progresando indefinidamente hacia la riqueza y el poder». Hasta ahora, sólo se ha visto el principio de esta expansión. El comercio «no ha alcanzado todavía ni la quinta parte de la perfección, de la que este país es capaz».

Desde los tiempos de Child, la noción del progreso económico ha formado parte del inventario de las grandes ideas del mundo occidental y, en nuestros propios días, en una «revolución de crecientes esperanzas», ha capturado también la imaginación del resto de la humanidad. Otra idea general que fue también Child el primero en enunciar en la literatura económica es la de la continuidad o evolución gradual, es decir, del cambio que va actuando con firmeza, sin prisa, pero sin pausa. Esta idea ha dejado su huella en el pensamiento político y económico del mundo de habla inglesa. Ha sido la divisa de la Fabian Society, el arma intelectual del socialismo británico y ha servido como lema para los Principios de economía política de Alfred Marshall de las obras más influyentes de la moderna economía. Tanto Child como Marshall utilizan el mismo apotegma (máxima). El de Child, de que Nec natura aut lex operantur per saltum, «ni la naturaleza ni las leyes actúan mediante saltos», ha pasado a ser el de Marshall de que Natura non facit saltum, «la naturaleza no da saltos».

Un tercer punto que había de convertirse en gran tradición inglesa y que está bien patente en el pensamiento de Child, es su actitud empírica y antidogmática en los asuntos relacionados con el ejercicio de la política en el campo económico. Child desea dejar a un lado toda una serie de leyes anticuadas, para ponerse a experimentar con otras nuevas. El antiguo sistema de los salarios máximos pudo haber sido acertado para su época; pero los nuevos tiempos exigen nuevas leyes. Un racionalista o un fanático dogmático hubieran insistido en que el mundo debía construirse según su imagen más querida. Child, empírico, no hace tal cosa: "lo que es adecuado para el comercio de una nación puede no serlo en absoluto para el comercio de otras". He aquí la raíz de una cualidad de la que se han maravillado con frecuencia los observadores extranjeros de la escena inglesa: la capacidad para combinar la libertad y la estabilidad políticas con unos grados variables de experimentación e intervencionismo.

Mientras en el siglo XVI se estuvo muy cerca de establecer un interés libre, los pensadores del siglo XVII trabajaron para intentar controlarlo. La licitud del interés era algo que estaba ya fuera de dudas. Lo que se discutía ahora, era el techo que debía ponerse a los tipos de interés. Child decía que los comerciantes ingleses, que estaban en rivalidad comercial con los holandeses, no podían sostenerse debido a que el tipo de interés existente en Inglaterra era más alto, lo que elevaba sus gastos por encima de los gastos de los holandeses. Mientras algunas empresas de rendimientos relativamente bajos podían atraer a los empresarios holandeses, los ingleses estaban excluidos de antemano de las mismas a consecuencia del desfavorable tipo de interés. Los holandeses podían obtener una ganancia del cinco por ciento en el comercio del arenque y sentirse satisfechos; ningún inglés podía emprender tal riesgo, ya que el coste de oportunidad, es decir, el interés que un banquero-orfebre estaba dispuesto a pagar por el depósito, excedería a la ganancia obtenida. Child consideraba que los altos tipos de interés eran también los responsables de otra gran cantidad de dificultades, incluyendo algunas apenas relacionadas con el coste del préstamo.

Child, para quien un bajo tipo de interés era la panacea que eliminaría todos, o casi todos los males de la sociedad, insiste en que ello reduciría la embriaguez.

Normalmente, los autores del siglo XVII desprecian y consideran inadecuada la costumbre seguida hasta entonces de discutir el tema del interés desde el punto de vista de la teología moral. El punto de vista secular queda expresado en el Manifiesto contra la usura un pequeño folleto de diecinueve páginas que un culto propietario, Sir Thomas Culpepper, publicó en 1621 y que fue unido más tarde a los escritos de Child. Culpepper comienza su opúsculo con la observación de que desea «dejar para los teólogos, las pruebas de la ilicitud de la usura»; Child, que se mostró más interesado que ningún otro mercantilista en el problema del alto tipo de interés. insiste, como Culpepper, en que su argumento no es teológico pero que, así y todo, no puede evitar hacer la observación de que, si un tipo de interés más alto que el de los holandeses tiene sobre la economía inglesa tan malas consecuencias, no le queda más remedio que ser pecado, «aunque Dios no lo haya prohibido explícitamente». Ninguna otra cosa podría poner tan de manifiesto la progresiva secularización del pensamiento y la deificación de la nación, como la idea de que lo que es dañino para la nación, deba ser un pecado.

El trabajo de Child, Breves observaciones respecto al comercio y al interés del dinero, publicado en 1668, en el que propone la reducción del tipo máximo de interés del seis al cuatro por ciento o menos, fue criticado por algunos autores que sostenían la tesis contraria. El primero de éstos fue el autor anónimo de un folleto de veinticuatro páginas publicado en el mismo año, cuyo título nos aclara el principal argumento que contiene: El interés del dinero mal entendido, o un tratado que prueba que la disminución del interés es el efecto y no la causa de la riqueza de la nación y que el seis por ciento es un interés adecuado para la presente condición de este reino. Algunos han querido considerar al autor de este trabajo como un temprano exponente de la tesis de Weber, ya que entre los factores que enumera como responsables del desarrollo de Inglaterra, incluye el haberse librado de la Iglesia de Roma. Child, que se opone a esta opinión, podría entonces ser considerado como el primer critico de la tesis de Weber: "Nuestra liberación de la Iglesia de Roma -dice-, ocurrió mucho antes de que empezásemos a ser alguien en el comercio; por otra parte, en Italia, que sigue adherida a la antigua fe, el comercio florece"

. Un año más tarde, Thomas Manley publicó un opúsculo más extenso, Donde se examina la usura al seis por ciento y se encuentra que ha sido injustamente atacada por Sir Thomas Culpepper y J. Child. . Manley afirma, entre otras cosas, que un tipo de interés bajo sería causa de un incremento de la embriaguez. En el Nuevo discurso sobre el comercio de 1698, en el que consolida sus trabajos anteriores, se encuentran las réplicas de Child a Manley y al autor de El interés del dinero mal entendido.

Lo que Child quiere no es simplemente un tipo de interés bajo, sino más bien que lo sea tanto o más que el de los holandeses. Sólo así se podrá mantener la situación competitiva del comerciante inglés, frente a su rival holandés. Cuando Manley insiste en que lo que perjudica al comercio inglés son más los altos salarios que el elevado coste del interés, Child contesta que los holandeses pagan todavía salarios mayores y aprovecha esta oportunidad para desarrollar su teoría sobre los beneficiosos efectos de los salarios elevados.

Mientras Manley sugiere que se disminuyan los salarios, el autor del Interés del dinero mal entendido propone otra alternativa, que no es tampoco la reducción del tipo legal de interés en Inglaterra: ¿por qué no pedir prestado a los holandeses? Esta idea no logra el favor de Child. Mientras prestamista y prestatario sean ingleses el pago de intereses será una mera transferencia; cuando el prestamista es holandés, dicho pago se convierte en «una clara pérdida para la nación».

Child se da cuenta de que la importancia del tipo de interés no es la misma para las distintas clases de comercio. Un comercio en el que se transfiera la mercancía lentamente y mantiene los precios durante largos períodos de tiempo, será especialmente sensible a un tipo de interés alto.

Child atribuye la manifiesta escasez de dinero, al «comercio realizado por los bancos, que obstruye la circulación, promueve la usura y la hace tan sencilla, que la mayoría de los hombres, en cuanto pueden reunir una suma de 50 o de 100 libras, lo llevan inmediatamente al banquero-orfebre. Con lo que ocasionan y seguirán ocasionando, mientras ello dure, esa fatal y apremiante necesidad de dinero».

Para Child, serán muy pocas las cosas buenas que no puedan obtenerse como consecuencia de la reducción del tipo de interés. "El interés bajo engendra frugalidad, laboriosidad y destreza". No parece poner en duda que un tipo de interés reducido traerá como consecuencia un posterior incremento de los fondos prestados, ya que, según Child, el menor interés hará posible que sean más los hombres que puedan dedicarse al comercio. Al haber más comerciantes, sus ganancias serán menores y se verán obligados a ser más frugales, con lo que se gastará también menos en mercancías extranjeras.

Si el tipo de interés es alto, el valor de la tierra no puede ser alto también. Algunos pretenden que las tierras se venden por el precio de veinte anualidades cuando el interés es del 10 por ciento. «¿Puede alguien creer que nuestros padres fueran tan estúpidos como para gastarse el dinero en la tierra y no volverlo a ver en veinte años, cuando, al 10 por ciento, podrían haber doblado su dinero en diez años a interés simple y en siete años a interés compuesto? La realidad es que el comercio y la tierra «crecen y menguan a la par». Una reducción del interés elevará el valor de la tierra. Ello obligará también a los ociosos que viven de los ingresos que les proporciona el interés a ponerse a trabajar y como el valor de la tierra habrá aumentado, no les será posible convertirse en propietarios.

Para el autor de El interés del dinero mal entendido, Child aparece como el instigador de un sistema de conspiración. Atribuye a Child el «designio de concentrar todo el comercio en las manos de unos pocos y ricos comerciantes que tienen el dinero suficiente para comerciar por su cuenta, excluyendo con ello a todos los jóvenes que quieran hacerlo». Child se ve apurado para defenderse de esta acusación. Un tipo de interés alto «enriquecerá mucho a unos pocos y empobrecerá a la mayoría de los comerciantes» el tipo de interés bajo configura un «principio difusivo». Puede imponer pequeñas pérdidas a los individuos pero dará lugar a grandes ganancias para la nación. La East India Cornpany no necesita, por su parte, que se reduzca el tipo de interés, pues le es ya posible obtener todo el dinero que quiera al 4 por ciento, quizá por la reputación tan alta que posee. «En Inglaterra se desean más los valores que el dinero pues los primeros son considerados infalibles.

El gran problema es «si la reducción del interés es verdaderamente la causa de la riqueza de un país o si, por el contrario, es sólo el concomitante o el efecto de la riqueza de dicho país». Para Child la primera alternativa es evidente, mientras que el autor de El interés del dinero mal entendido, apoya la segunda. En plan de concesión, Child admite que a semejanza de la controversia entre el huevo y la gallina, la misma cosa puede, a la vez, ser causa y efecto. La reducción del interés es causa de un aumento de riqueza y este último proporciona, a su vez, una posterior reducción del interés.
Elementos liberales del pensamiento de Child
"La libertad y la propiedad - afirma - conducen al incremento del comercio y a la mejora de cualquier país". Child propone recompensar a los inventores e inovado-res, al mismo tiempo que se opone a las leyes que obligan al trabajo del aprendiz o que limitan el número de aprendices, a las leyes que tipifican los géneros de lana: las modas cambian; a las leyes que restringen el número de telares o de trabajadores: estas favorecen solo a algunos sectores; a las leyes que prohiben que un tejedor se desempeñe en otra artesanía; a las leyes contra el monopolio del grano y a las que prohiben la exportación de efectivo o de metal. Desa-prueba la reglamentación del precio de la cerveza: tal reglamentación obstaculiza la mejora del producto e impide la imitación de otras bebidas extranjeras obtenidas también de los cereales; desaprueba también los impuestos que gravan por igual las exportaciones y el consumo interior, los derechos de exportación sobre artículos del país, las leyes que restringen los salarios, la inmigración o la tolerancia religiosa: dichas leyes coartan el aumento de la población, favorecen la inmigración y hacen que los hombres de talento se queden fuera del país.

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lunes, octubre 24, 2005

Ayn Rand




La vida de Ayn Rand (1905-1982)

Una semana antes de su cumpleaños 21, Alissa Zinovievna Rosenbaum abandonó la Unión Soviética para nunca regresar. Oficialmente, ella viajó solo para visitar a su familia en Chicago, pero Rosenbaum tenía otros planes. De niña ella había visto a la revolución bolchevique reducir a su familia de la clase media a la pobreza, y estaba convencida de que el comunismo destruiría a Rusia también. Luego de estarse con familiares durante varios meses, practicando su inglés, se dirigió hacia Hollywood para empezar una nueva vida bajo un nuevo nombre: Ayn Rand.

Por cuestiones de suerte, en su segundo día en la ciudad Ayn se encontró con el legendario director Cecil B. DeMille. Él le dio un trabajo como extra en su película King of Kings, así como consejos sobre cómo convertirse en escritora de películas en Hollywood.

Entre su trabajo como guionista y luego como ayudante en un estudio de cine, Rand inició un romance con un actor llamado Frank O'Connor, a quien ella había conocido en el plató de DeMille. En 1929 se casaron, permaneciendo juntos hasta la muerte de él en 1979.

La carrera de Rand como escritora profesional comenzó en 1932 con la venta de un guión, Red Pawn, el cual nunca fue producido. Sin embargo, el ingreso producto de su venta le permitió a Rand renunciar a su odiado trabajo como ayudante en el departamento de vestuario y concentrarse tiempo completo en su escritura. En dos años había completado una novela y una obra, además de sus muchas historias cortas.

La obra de teatro, titulada inicialmente Penthouse Legend, era un drama de misterio sobre un asesinato, en el cual los miembros de la audiencia eran escogidos para actuar como jurados y decidir el final de la obra. Rand consideraba a la pieza como un "juicio" para la audiencia: los jurados que compartieran su sentido de reverencia por el individualismo heroico votarían, según ella, por absolver. La obra fue presentada en Hollywood como Woman on Trial, y luego, tras la mudanza de Rand hacia Nueva York, disfrutó de un éxito de tres meses en Broadway en 1938 bajo el título Night of January 16th.

La novela, publicada en 1936, fue We the Living, la historia de una mujer llamada Kira quien, en los años posteriores a la revolución rusa, aparenta estar enamorada de un oficial comunista con el fin de ayudar a Leo, su amante aristocrático. Es lo más cercano a una historia autobiográfica que Rand escribiera, y muestra cómo los sistemas colectivistas aplastan perversamente lo más noble del espíritu humano. Los críticos recibieron el libro bastante bien, pero su éxito popular fue más limitado. El New York Times publicó una breve reseña, en la cual Harold Strauss escribió que Rand, "puede manejar bastante bien su habilidad narrativa, y su novela se mueve con presteza y vigor en cada ocasión", aunque también señaló que el "ciego fervor al cual ella se ha dedicado a la aniquilación de la Unión Soviética" había producido un libro "servilmente torcido a los dictados de la propaganda." Una versión fílmica no autorizada, Noi Vivi, fue filmada en 1942, y en principio su producción fue promovida por Mussolini debido a su mensaje anti-comunista. Una historia acerca de la película, probablemente inventada, cuenta que cuando el dictador finalmente se dio cuenta de sus más amplios temas anti-autoritarios e individualistas, la prohibió.

En 1937 Rand escribió la novela Anthem, la cual describe un caótico futuro colectivista en donde incluso la palabra "Yo" ha sido olvidada. El libro fue publicado al año siguiente en Inglaterra, y no apareció en Estados Unidos hasta 1945. La banda de rock canadiense Rush luego adaptaría la historia para su disco 2112.

El 26 de junio de 1938, Rand empezó a escribir The Fountainhead, un proyecto que la ocuparía hasta finales de 1942. Luego de venderle los derechos para la película a Warner Bros, regresó con su esposo a Los Ángeles para empezar a trabajar en el guión. En su mente estaban las primeras ideas rudimentarias de la trama para otra novela, tentativamente titulada The Strike.
Mientras que la fama de The Fountainhead y de su autora empezó a difundirse—de boca en boca y luego por la película—Rand regresó a Nueva York. Ahí empezó a atraer a un grupo de jóvenes intelectuales quienes habían sido inspirados por la concepción de virtud personal desarrollada en su libro, el cual enfatizaba la integridad escrupulosa y la búsqueda del interés propio racional.

Para principios de los cincuenta, The Strike se había convertido en Atlas Shrugged, y su publicación por parte de Random House transformó a Rand de novelista de ideas a líder de un movimiento intelectual. El libro sigue a Dagny Taggart, vicepresidente de operaciones de la línea de ferrocarriles Taggart, y a Hank Rearden, magnate del acero e inventor de una nueva aleación revolucionaria llamada Rearden Metal, mientras intentan salvar a sus negocios en medio de un colapso económico y descubren por qué todos los artistas y empresarios más talentosos del país parecen estar desapareciendo.

La novela es épica tanto en longitud—tiene 1168 páginas—como en tema: mientras que The Fountainhead había señalado el valor del individualismo como una virtud del carácter personal, Atlas Shrugged se propuso ilustrar el conflicto entre dos filosofías morales y políticas diametralmente opuestas. Una es el altruismo, el cual según la concepción de Rand es el principio que la conducta ética consiste en vivir al servicio de los demás y que la búsqueda de la felicidad propia es mala e indulgente. A través de sus villanos y los eventos de la novela, Rand conecta dicha moralidad con el colectivismo político y la tiranía, ilustrando las formas en que una lleva inevitablemente a la otra. Sus oponentes, liderados por Taggart, Rearden, y el enigmático John Galt, ejemplifican la filosofía propia de Rand, la del Objetivismo. En un movimiento ambicioso y poco ortodoxo, Rand coloca en el clímax del libro un discurso de 60 páginas de Galt, en el cual su teoría es explicada en detalle. Ésta cubre no solo su egoísmo ético y su compromiso político con el capitalismo de laissez faire, sino también sus ideas sobre la naturaleza humana, metafísica, epistemología, y la relación entre la razón y la emoción.

Atlas sería la última incursión de Rand en la ficción. Durante 10 años ella promovió su filosofía a través de escritos de no ficción—incluyendo The Virtue of Selfishness, Capitalism: The Unknown Ideal, y For the New Intellectual—su boletín informativo, The Objectivist, su columna en Los Angeles Times, y el Nathaniel Branden Institute, el cual organizó cursos y seminarios en ideas objetivistas hasta que Rand y Branden se enemistaron por razones personales en 1968.
Rand continuaría publicando The Objectivist, luego renombrado The Ayn Rand Letter, y dando conferencias en campuses universitarios. Ella también publicaría tres compilaciones de sus propios ensayos y charlas: The Romantic Manifesto, The New Left, e Introduction to Objectivist Epistemology. Tras su muerte en 1982 producto de un cáncer de pulmón, Roy A. Childs, difunto académico libertario, escribió que trazar la influencia de Rand en el movimiento libertario era "como tratar de descifrar los efectos del Cristianismo en la Civilización Occidental." El ex secretario de Rand, Robert Hessen, le dio la siguiente explicación al New York Times sobre su profundo impacto:

Hubo varias defensas del capitalismo versus el socialismo cuando Atlas fue publicado en los cincuenta, pero fueron en su mayoría "economía de bañera"—Usted sabe, el capitalismo es superior porque es más eficiente y hace bañeras más grandes y mejores que las del sistema soviético. Ella proveyó la defensa moral que tuvo un efecto electrizante en la gente que antes había escuchado al capitalismo únicamente siendo defendido en términos tecnológicos. Ella dejó claro que una sociedad libre también es una sociedad productiva, pero lo que importa es la libertad individual.

La influencia de Rand ha continuado creciendo en las últimas dos décadas. Su trabajo ha inspirado a publicaciones académicas, como The Journal of Ayn Rand Studies, organizaciones dedicadas a sus ideas, como The Objectivist Center y el Ayn Rand Institute, y una plétora de grupos universitarios. La misma Rand ha sido prolífica póstumamente: las últimas dos décadas han atestiguado la publicación de la compilación Philosophy: Who Needs It, extractos de sus diarios, cartas selectas, conferencias informales sobre escritura de ficción, e incluso la colección de sus notas marginales en los libros de su biblioteca.

La historia de Jerome Tuccille sobre el movimiento libertario de los sesenta se titula apropiadamente It Usually Begins with Ayn Rand (Usualmente Empieza con Ayn Rand). Muchos, quizás la mayoría, de los futuros libertarios conocieron las ideas libertarias a través de las novelas de Rand, aceptaran o no finalmente la filosofía Objetivista. Su enorme contribución al crecimiento del libertarismo—un término que ella misma rechazaba—no fue, al final de cuentas, sus argumentos filosóficos en favor de una sociedad libre, sino la visión literaria que ella presentó de dicha sociedad y de la clase de persona más conveniente para la misma. Su mensaje fue personal no menos que político, y sus lectores se inspiraron no solo por su descripción de los beneficios de la libertad política, sino también de la nobleza de la vida individual libre.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para el Cato Institute.

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lunes, octubre 03, 2005

Ludwig von Mises




Ludwig von Mises (1881-1973)
by Murray N. Rothbard

“La Economía trata con los problemas fundamentales de la sociedad; esta le concierne a todos y pertenece a todo. Esta es el principal y el propio estudio de cada ciudadano.”

Uno de los más notables economistas y filósofos sociales del siglo veinte, Ludwig Von Mises, en el curso de una larga y altamente productiva vida, desarrollo una integrada, deductiva ciencia económica basada en el axioma fundamental de que todos los individuos actúan con el propósito de alcanzar metas deseadas. Aún cuando sus análisis económicos eran en si mismos “libres de valor” en el sentido de ser irrelevantes a los valores sostenidos por los economistas, Mises concluyó que la única política económicamente viable para la raza humana era una política irrestricta de laissez-faire, de mercados libres y del in obstaculizado ejercicio de la propiedad privada, con gobiernos estrictamente limitados a la defensa de la persona y la propiedad dentro de su área territorial.

Mises fue capaz de demostrar (a) que la expansión de los libres mercados, la división del trabajo, y la inversión de capital privado es el único camino posible hacia la prosperidad y florecimiento de la raza humana; (b) que el socialismo seria desastroso para la economía moderna puesto que la ausencia de propiedad privada de la tierra y de los bienes de capital evita cualquier forma racional de establecimiento de precios, o de estimación de costos y (c) que el intervencionismo gubernamental sumado a la obstaculización y reducción del mercado, se prueban contra productivos y acumulativos, llevando inevitablemente al socialismo a menos que todo el tejido de la intervención sea repelido.

Sosteniendo estos punto de vista, e indomablemente luchado por la verdad frente a una centuria cada vez más devota al estatismo y al colectivismo, Mises se volvió famoso por su “intransigencia” al insistir en el uso de un patrón de oro anti-inflacionista y en el laissez-faire (liberalismo). Efectivamente privado de cualquier puesto pagado en alguna universidad en Austria y posteriormente en los Estados Unidos, Mises persiguió su curso galantemente. Como el Consejero Económico Jefe del gobierno austriaco en los años 1920, Mises fue capaz de sin ayuda reducir la inflación austriaca; y el desarrollo su propio “seminario privado” el cual atrajo a los más sobresalientes jóvenes economistas, científicos sociales y filósofos a través de Europa. Como el fundador de la “Nueva Escuela Austriaca” de economía, la teoría del ciclo de negocios de Mises, la cual acusaba a las políticas de créditos inflacionarios adoptadas por los Bancos Centrales de ser las causantes de la inflación y depresión, fue adoptada por la mayoría de los más jóvenes economistas en Inglaterra en los principios de los años 1930 como la mejor explicación a la Gran Depresión.

Habiendo escapado de los Nazis hacia los Estados Unidos, Mises hizo mucho de su más importante trabajo en su patria adoptiva. En alrededor de dos décadas de enseñanza, el inspiró a una emergente Escuela Austriaca en los Estados Unidos. El año después de su muerte en 1973, su más distinguido seguidor F.A. Hayek, fue reconocido con el Premio Nobel en Economía por su trabajo en la elaboración de la teoría del ciclo de negocios de Mises durante las décadas de 1920 y 1930.

Mises nació el 29 de septiembre de 1881, en la ciudad de Lemberg (ahora Lvov) en Galicia, donde su padre, un ingeniero de la construcción Vienes que trabajaba para el ferrocarril Austriaco, estaba asignado. Ambos, el padre y la madre de Mises provenían de prominentes familias vienesas; El tío de su madre, el Dr. Joachim Landau, sirvió como diputado por el Partido Liberal en el parlamento Austriaco.

Habiendo entrado en la Universidad de Viena a fines de siglo como un izquierdoso intervencionista, el joven Mises descubrió Principios de Economía de Carl Menger, el trabajo de fundación de la Escuela Austriaca de economía, y fue rápidamente convertido al énfasis Austriaco en la acción individual antes que el uso de ecuaciones mecánicas e irreales como la unidad del análisis económico, y en la importancia del la economía de libre mercado.

Mises se convirtió en un prominente estudiante postdoctoral en la Universidad de Viena en el Seminario del gran economista austriaco Eugen von Bohn-Bawerk (entre cuyos muchos logros se encontraba la devastadora refutación de la teoría Marxista del trabajo-valor).

Durante este periodo, en su primer gran trabajo, La teoría del Dinero y el Crédito (1912), Mises desarrollo lo que había sido catalogado como una tarea imposible, la integración de la teoría del dinero en la teoría de la utilidad marginal y los precios (lo que seria hoy en día llamado la integración de la macroeconomía en la microeconomía). Debido a la falta de aceptación de su teoría por parte de Bohm-Bawerk y sus otros colegas austriacos, Mises se vio obligado a fundar su propia Escuela “Neo austriaca”.

En su teoría económica, Mises revivió el por largo tiempo olvidado principio de la Escuela Británica del Corriente, prominente hasta los 1850, que establecía que la sociedad no se beneficia del todo con un incremento en el suministro de dinero circulante, que incrementa el dinero y el crédito bancario solo causa inflación y ciclos de negocios, y que por lo tanto la política del gobierno debería mantener un equivalente del 100 % en un patrón de oro con respecto al dinero.
Mises sumo a esta profundización los elementos de su teoría de los ciclos de negocios: que la expansión de créditos por parte de los bancos, además de causar inflación, generan la inevitable depresión al provocar la “mala inversión” Ej.: al inducir a los hombre de negocios a sobre invertir en “grandes ordenes” de bienes de capital (maquinas, herramientas, construcción, etc.) y de sub. invertir en bienes de consumo.

El problema es que el crédito bancario inflacionario, cuando es prestado a negocios, se disfraza de pseudo-ahorro, y hace a los hombres de negocio creer que existen más ahorros disponibles para invertir en la producción de bienes de capital que los consumidores genuinamente quieren ahorrar. Por lo tanto, un auge inflacionario requiere una recesión la cual se convierte en un doloroso pero necesario proceso mediante el cual el mercado liquida falsas inversiones y reestablece la estructura de la inversión y la producción que mejor satisface las preferencias y demandas de los consumidores.

Mises, y su seguidor Hayek, desarrollaron esta teoría cíclica durante los años 1920, en base a la cual Mises fue capaz de advertir a un mundo sin guía que la largamente celebrada “Nueva Era” de permanente prosperidad de los años 1920 era un fiasco, y que su inevitable resultado seria el pánico bancario y la depresión. Cuando Hayek fue invitado a la Escuela de economía de Londres en 1931 por un influyente ex-alumno del seminario privado de Mises, Lionel Robbins, Hayek fue capaz de convertir a la mayoría de los jóvenes economistas ingleses a sus perspectivas. En un enfrentamiento con John Maynard Keynes y sus discípulos en Cambridge, Hayek demolió El Tratado sobre el dinero de Keynes, pero perdió la batalla y muchos de sus seguidores ante la ola de la Revolución Keynesiana que inundó al mundo luego de la publicación de la teoría General de Keynes en 1936.

Las políticas prescritas para los ciclos de negocios por Mises y Hayek fueron diametralmente opuestas a las de Keynes. Durante el período de auge, Mises aconsejó la inmediata terminación de todos los créditos bancarios y de la expansión monetaria; y, durante la recesión, el recomendó un estricto laissez-faire (liberalismo), permitiendo a las fuerzas de reajuste de la recesión actuar lo más rápido posible.

No solo eso, para Mises la peor forma de intervención sería aumentar los precios o el rango de gastos, causando desempleo, para aumentar el dinero circulante, o elevar los gastos del gobierno para estimular el consumo. Para Mises la recesión era un problema de falta de ahorro, y de la existencia de un elevado consumo, y era por lo tanto importante estimular el ahorro y recortar los gastos antes que incrementarlos. Está claro que para 1936 Mises se encontraba en total oposición a la manera de hacer políticas macroeconómicas en el mundo.

El Socialismo-comunismo había triunfado en Rusia y en gran parte de Europa durante y después de la Primera Guerra Mundial, y Mises se vio motivado a publicar su famosos artículo “Cálculo Económico en la Sociedad Socialista”, (1920) en la cual el demuestra que sería imposible para una directiva de planificación socialista planificar un sistema económico moderno; además, ningún intento artificial de mercado funcionaria, debido a que un sistema genuino de estimación de precios y costos requiere de un intercambio de títulos de propiedad, y por lo tanto de propiedad privada en términos de producción.

Mises desarrolló más este tema en su libro Socialismo (1922), una comprensiva filosófica y sociológica, así como también económica crítica la cual se mantiene como la más cuidadosa y devastadoramente demoledora jamás escrita. Socialismo de Mises convirtió a muchos prominentes economistas y filósofos en contrarios al socialismo, incluyendo a Hayek, al alemán Wilhelm Ropke, y al ingles Lionel Robbins.

En los Estados Unidos, la publicación de la traducción al ingles de Socialismo en 1936 atrajo la admiración del prominente periodista economista Henry Hazlitt, quien le hizo una reseña en el New York Times, y convirtió a uno de de los más prominentes y estudiados seguidores del comunismo del período en América, J.B. Matthews, en un Misesiano y opositor a toda forma de socialismo.

Los socialistas a través de Europa y los Estados Unidos se preocuparon acerca del problema del cálculo económico dentro del socialismo por alrededor de quince años, finalmente anunciando la resolución del problema mediante la promulgación del “socialismo de mercado” modelo creado por el economista polaco Oskar Lange en 1936. Lange retorno a Polonia después de la Segunda Guerra Mundial para ayudar a planificar el comunismo Polaco. El colapso de la planificación comunista acaecido en el año 1986 en Polonia y en otros países comunistas, dejó a los economistas del status quo de izquierda a lo largo del espectro, que habían comprado la idea de Lange, en una posición muy embarazosa.

Algunos prominentes socialistas, como Robert Heibroner, han tenido la gracia de admitir públicamente que “Mises estaba en lo correcto” (“Mises was right” todo el tiempo (La Frase “Mises was right” fue el título de un panel en la reunión anual de 1990 de la Asociación Económica del Sur en New Orleáns).

Si el socialismo era una catástrofe económica, la intervención gubernamental no podría funcionar, y tendería a llevar inevitablemente al socialismo. Mises desarrollo estos conceptos en su crítica del Intervensionismo (1929), y estableció su filosofía política de liberalismo laissez-faire en Liberalismo (1927).

Además de posicionarse a si mismo en contra a todas las tendencias políticas del siglo veinte, Mises combatió con igual fervor y elocuencia lo que el consideraba las desastrosas y dominantes tendencias filosóficas y metodológicas, en economía y en otras disciplinas. Estas incluían al positivismo, relativismo, historicismo, polilogismo (la idea de que cada raza y género tiene su propia lógica y por lo tanto no puede comunicarse con otros grupos), y todas las formas de irracionalismo y negación de la verdad objetiva. Mises también desarrollo lo que el consideraba era la metodología apropiada para la deducción económica teórico-lógica desde axiomas evidentes, a la cual denomino “praxeologia”, y el supero las mordaces críticas de la creciente tendencia en economía y otras tendencias de reemplazar la praxeologia y el entendimiento histórico con modelos matemáticos irreales y manipulaciones estadísticas.

Habiendo emigrado a los Estados unidos en 1940, los dos primeros libros de Mises en ingles resultaron importantes e influyentes. Su Gobierno Omnipotente (1944) fue el primer libro en retar el hasta entonces estándar de pensamiento Marxista que establecía que el Fascismo y el Nazismo habían sido impuestos en sus naciones por una gran “clase capitalista” y de negocios. Su Burocracia (1944) fue un análisis sin igual de porque la operación gubernamental debe necesariamente ser “burocrática” y sufrir de todos los males de la burocracia.

El más monumental logro de Mises fue su Acción Humana (1949), el primer tratado comprensivo sobre teoría económica escrito desde la Primera Guerra Mundial. Aquí Mises tomo el reto de su propia metodología y programa de investigación y elaboró una masiva e integrada estructura de teoría económica sobre sus propios principios deductivos de praxeologia. Publicado en una era en que los economistas y los gobiernos estaban dedicados al estatismo y a la inflación Keynesiana, Acción Humana pasó desapercibido para los economistas profesionales. Finalmente, en 1957 Mises publica su último trabajo mayor, Teoría e Historia, el cual, además de refutar al Marxismo y al Historicismo, establece las diferencias básicas y funciones de la teoría y la historia en la economía así como en otras disciplinas de la acción humana.

Tanto en los Estados nidos como en su nativa Austria, Mises fue incapaz de conseguir un puesto remunerado como académico. La Universidad de New Cork, donde el enseño desde 1945 hasta su retiro a la edad de 88 años en 1969, solo lo designó como Profesor Visitante, y su salario debió ser pagado por la Fundación Conservadora-Libertaria William Volver hasta 1962, y después por un consorcio de fundaciones defensoras del libre mercado y por hombres de negocios. A pesar del ambiente desfavorable, Mises inspiró a un grupo creciente de estudiantes y admiradores, estimulando su inscripción, y continuando el mismo con su resaltante productividad. Mises fue financiado y trabajo e conjunto con defensores del libre mercado y libertario que le admiraban. Desde su origen en 1946 y hasta su muerte, Mises fue miembro a tiempo compartido de la Fundación de Educación Económica en Irvington-on-Hudson, New Cork; y en los años 1950 fue consejero de la Asociación Nacional de Manufactureros (NAM) trabajando con el ala defensora del Laissez-faire la cual fue finalmente desplazada por la ola del estatismo iluminado.

Como libre comerciante y liberal clásico en la tradición de Cobden, Bright y Spencer, Mises fue un Libertario que sirvió de campeón a la razón y a la libertad individual en asuntos personales y económicos. Como racionalista y opositor al socialismo en todas sus formas, Mises jamás se hubiese llamado a si mismo “conservador”, pero si un liberal en el sentido que tenia esta palabra en el siglo diecinueve.

En efecto, Mises eran un radical político del laissez-faire, quien denuncio los impuestos, las restricciones a la inmigración, o los esfuerzos gubernamentales para forzar la moralidad. Por otro lado, Mises fue un firme conservador en lo cultural y sociológico, quien ataco al igualitarianismo, denunciando enérgicamente al feminismo político como una faceta del socialismo. En contraste con muchos conservadores críticos del capitalismo, Mises sostuvo que la moralidad personal y los núcleos familiares eran ambos esenciales para, y auspiciados por, el sistema de libre mercado capitalista.

La influencia de Mises fue sobresaliente, considerando la impopularidad de sus puntos de vista epistemológicos y políticos. Sus estudiantes en los años 1920, incluso aquellos que luego se convirtieron en Keynesianos, estuvieron siempre marcados por una visible influencia Misesiana. Estos estudiantes incluyendo, además de Hayek y Robbins, Fritz Machlup, Gottfried von Haberler, Oskar Morgenstern, Alfred Schutz, Hugo Gaitskell, Howard S. Ellis, John Van Sickle y Erich Voegelin.

La influencia de Mises también jugó un muy importante, pero no anunciado rol en dirigir a la Europa posterior a la Segunda Guerra Mundial del socialismo y el inflacionismo a un robusto mercado libre y una dura política monetaria fuerte. El gran alemán Ludwig Erhard, casi sin ayuda el responsable por el milagro de Alemania Occidental basado en economía de libre mercado y moneda fuerte, fue un economista amigo y discípulo de Alfred Muller-Armack y de Wilhelm Ropke, quienes habían sido influenciados por las ideas Misesianas.

En Francia, el consejero económico y monetario más importante del General DeGaulle, quien ayudo a dirigir a Francia fuera del socialismo, fue Jacques Rueff, un viejo amigo y admirador de Mises. Y parte del escape del socialismo de la Italia de post guerra fue debido a su presidente Luigi Einaudi, un distinguido economista y por largo tiempo y colega en la defensa del libre mercado de Mises. En Estados Unidos fue apenas influyente.

Bajo condiciones académicas poco prometedoras, su grupo de estudiantes y admiradores incluyó a Henry Hazlitt, Lawrence Fertig, Percy Greaves, Jr., Bettina Bien Graeves, Hans F. Sennholz, William H. Peterson, Louis M. Spadaro, Israel M. Kirzner, Ralph Raico, George Reisman, y Murray N. Rothbard. Pero Mises fue capaz de construir sorprendentemente fuerte y leal grupo de seguidores entre los hombres de negocios y otros no académicos; su masiva y compleja Acción Humana se ha vendido extraordinariamente bien desde el año de su publicación original.

Desde la Muerte de Mises en la Ciudad de New Cork el 10 de octubre de 1973 a la edad de 92 años, la doctrina Misesiana y su influencia ha experimentado un renacimiento. El año siguiente fue escenario del premio Nobel entregado a Hayek por su trabajo en la teoría de ciclos de Mises, sino además de la primera conferencia de la Escuela Austriaca en los Estados Unidos. Los libros escritos por Mises han sido reeditados y colecciones de sus artículos han sido traducidas y publicadas. Cursos y programas de Economía Austriaca han sido dictados y establecidos a lo largo de los Estados Unidos.

Tomando el liderazgo de este reavivamiento de los estudios de Mises y su doctrina se encuentra el Instituto Ludwig von Mises, fundado por Llewellyn Rockwell Jr en 1982 y con sede en Auburn, Alabama. El instituto Mises publica diarios y libros educativos, y ofrece cursos en economía Austriaca elemental, intermedia y avanzada, la cual atrae a un creciente número de estudiantes y profesores.

Indudablemente, el colapso del socialismo y el incremento en el atractivo del libre mercado ha contribuido en gran manera al resurgimiento de su popularidad.

Tomado del original en Ingles del Instituto Ludwig von Mises

Traducido por Julio Pieraldi

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martes, septiembre 27, 2005

Eugene Böehm Bawerk


Eugen Boehm Bawerk (1851 - 1914) fue uno de los principales contribuyentes de la escuela austriaca y al desarrollo de la teoría moderna de la tasa de interés. Eugen Boehm Bawerk es conocido por su teoría del capital e interés y pos su crítica al sistema socialista.


Eugen Boehm Bawerk provino de una familia con tradición de funcionarios públicos. Nació en 1851. Cuando joven se interesó por las ciencias y en particular por la física teórica. Luego se decidió estudiar derecho en la Universidad de Viena. Finalizados sus estudios ingresó al servicio del gobierno de Austria.

Luego de terminados sus estudios doctorales en derecho, Eugen Boehm Bawerk comenzó a prepararse para enseñar economía en Austria. Eugen Boehm Bawerk fue muy influenciado por la obra de Carl Menger. Bawerk tenía veinte años cuando apareció la obra "Principios de Economía" de Menger. Esto, sumado a la fuerte influencia de su compañero Wieser, llevó a Eugen Boehm Bawerk a ser uno de los principales expositores de la Escuela Austriaca.

Durante su período en la Universidad de Innsbruck publicó dos de los tres volúmenes de su mayor obra, "Capital e Interés". Luego su vida estuvo dominada por los servicios como ministro de economía en Austria, posición que mantuvo, si bien no continuamente, durante la década de 1890. Eugen Boehm Bawerk regresó a las tareas de enseñanza en 1904. Joseph Schumpeter y Ludwig von Mises fueron alumnos de Eugen Boehm Bawerk durante este período.

Comentarios sobre la Obra Capital e Interés

El primer volumen de su principal obra: "Capital e Interés", denominado "Historia y Crítica de las Teorías del Interés", (1884) es una investigación de los diferentes tratamientos del interés. Incluye una crítica devastadora de la teoría de la explotación de Carl Marx y sus predecesores.

El segundo volumen de la obra se denominó "Teoría Positiva del Capital" (1889) y contiene una profunda explicación del pago de intereses que implican las actividades económicas que consumen tiempo. Además, ofrece una explicación de la teoría del valor de Menger que constituye una versión alternativa del marginalismo austriaco.

Los apéndices del segundo volumen aparecieron como un tercer volumen en 1921 bajo el título de "Ensayos sobre Capital e Interés". En este volumen Eugen Boehm Bawerk ofrece explicaciones, extensiones y aplicaciones de su teoría, además de respuestas a las críticas que habían surgido. Se pueden observar los métodos retóricos utilizados por el autor. Al respecto se dice que Eugen Boehm Bawerk razona como economista y argumenta como abogado. Según Schumpeter, Eugen Boehm Bawerk escribe poco o nada sobre el método, y trabaja energéticamente con todos los métodos disponibles.


La economía moderna no presta demasiada atención al capital en el sentido de su análisis ínter temporal como bienes intermedios. La producción consume tiempo, y el tiempo que separa la formulación del plan de producción y la satisfacción de las necesidades a través de bienes es salteado con capital. La carrera de Eugen Boehm Bawerk estuvo signada por la explicación de la relación entre capital e interés y la extensión de la teoría austriaca del valor a la asignación ínter temporal. Esto se resume en la pregunta: ¿Hay alguna justificación para el pago de intereses a los dueños del capital? La visión de Eugen Boehm Bawerk se puede resumir en el hecho de que los individuos valoran mas los bienes presentes que los bienes futuros. El pago de intereses refleja este hecho. Esto se relaciona con la teoría austriaca del valor, en la cual el valor de los bienes intermedios proviene de su capacidad para producir bienes finales. La teoría de Eugen Boehm Bawerk fue fundamental para comprender el funcionamiento del sistema capitalista y constituye una refutación del sistema socialista.

Su teoría positiva culmina en un modelo macroeconómico de equilibrio general que explica aspectos como la acumulación de capital y el progreso tecnológico. Resuelve el problema neoclásico de la determinación de la tasa de interés. Eugen Boehm Bawerk vincula la estructura ínter temporal de la producción con la estructura ínter temporal de las preferencias de los trabajadores y del resto de los agentes económicos. Medio siglo antes que Keynes relacionó los mercados de trabajo con los mercados de fondos prestables.

A Eugen Boehm Bawerk le faltó un paso para desarrollar la teoría austriaca de los ciclos económicos. Este paso fue tomado por Mises y Hayek. Se dice que Eugen Boehm Bawerk no desarrolló la teoría austriaca de los ciclos debido a que no se inmiscuyó en temas monetarios. En una carta escrita en 1907 a Knut Wicksell escribió: "No he trabajado en el problema del dinero (...) y por lo tanto estoy inseguro vis-á-vis en el tema". En 1912 escribió: "Tu sabes que realmente no me siento competente debido a la extrema dificultad de la teoría del dinero".

Críticas

Eugen Boehm Bawerk ha recibido críticas desde la misma escuela austriaca debido a la escasa orientación subjetivista de su teoría. Su defensa de la teoría del interés no posee suficientes consideraciones psicológicas. Desde fuera de la escuela austriaca las críticas se centran en las ilustraciones aritméticas y en intentos de llevar su teoría al lenguaje formal de la economía neoclásica.

Bibliografía:

Roger W. Garrison. Eugen Boehm Bawerk Biography
Joseph Schumpeter, Biographie von Böhm-Bawerk http://www.mises.de/literatur/boehmbio3.html

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jueves, septiembre 22, 2005

Carl Menger


Carl Menger (1840-1921) fue el fundador de la Escuela Austriaca, al haber sentado sus fundamentos característicos desarrollando la teoría austriaca del valor y el método de investigación en economía que caracteriza a la economía austriaca. Carl Menger se considera uno de los tres líderes de la “Revolución Marginalista” de mediados de 1870, junto con Jevons y Walras. Menger se diferencia de Jevons y Walras por su planteamiento metodológico subjetivista y que no utiliza a las matemáticas.

Joseph Schumpeter djio: “Menger no es alumno de nadie y lo que creó dura…la teoría del valor, de los precios y de la distribución de Menger es la mejor que tenemos por ahora.”

Ludwig von Mises escribió: “Lo que conocemos como la Escuela Austriaca de Economía comenzó en 1871 cuando Carl Menger publicó un volumen bajo el título Grundsätze der Volkswirtschaftslehre (Principios de Economía)…Hasta el fin de los setentas no existía una ‘Escuela Austriaca’. Sólo existía Carl Menger."

Para F.A. Hayek (1992, p.62) las ideas fundamentales de la Escuela Austriaca pertenecen totalmente a Carl Menger. “Lo que es común a los miembros de la Escuela Austriaca, lo que constituye su peculariedad y proveyó los fundamentos de sus contribuciones, es la aceptación de la enseñanza de Carl Menger.”

Pero, mientras no existe discusión sobre el rol de Carl Menger como creador de los principios característicos de la Escuela Austriaca, existe una especie de confusión acerca de la naturaleza de su contribución. Los economistas clásicos habían formulado una teoría que intentaba explicar los precios de mercado como el resultado de las leyes de oferta y demanda. Carl Menger estableció un vínculo causal entre los valores subjetivos que están detrás de las elecciones de los consumidores, y los precios objetivos utilizados para cálculos monetarios. Carl Menger, al contrario de lo que a veces se dice, no intentó destruir la economía clásica, sino completarla estableciendo la teoría de determinación de los precios y cálculos monetarios en una teoría general de acción humana.

Carl Menger nació en 1840 en Galicia, que es hoy parte de Polonia. Su padre era abogado. Luego de haber estudiado economía en las universidades de Praga y Viena desde 1859 hasta 1863, Carl Menger comenzó a trabajar como periodista. Rápidamente se hizo conocido escribiendo novelas y comedias. En 1865 entrevistó al en ese entonces primer ministro austriaco. En 1866 dejó de trabajar en el periódico de Viena, un periódico oficial en el que trabajaba cubriendo la información bursátil, para preparar su examen oral para su doctorado en leyes. Luego de haber aprobado este examen, Carl Menger comenzó a trabajar como practicante abogado en 1867. Sin embargo, volvió rápidamente a trabajar como periodista económico.

A partir de 1867, Carl Menger se abocó a la economía. Durante los siguientes años, Carl Menger trabajó en el sistema que mas tarde expondría en los Grundsätze der Volkswirtschaftslehre. Según palabras de Hayek: “al estudiar lo hechos relacionados al mercado, se dio cuenta del marcado contraste existente entre las teorías tradicionales sobre los precios y los hechos que las personas de experiencia práctica consideraban decisivos para la determinación de los precios”.

En 1870 Carl Menger obtuvo un puesto en el departamento de prensa del Gobierno de Austria, que estaba compuesto por miembros del partido liberal. Con un trabajo publicado y el examen pertinente aprobado, Carl Menger comenzó a dictar clases en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Viena.

En 1871 Carl Menger publicó Gründsätze der Volkswirtschaftslehre (Principios de Economía). Los principios fueron concebidos como el primer volumen de un gran tratado, pero el resto no vio la luz. El valor de un bien, es igual al último uso al que se aplicó, sin embargo, Carl Menger no utilizó el término “marginal”, Wieser sería el que aplicaría el término “Utilidad Marginal Decreciente” para el fenómeno que describía Menger. Carl Menger no concibió que las necesidades fuesen medibles cardinalmente.

En 1876, Carl Menger obtuvo un nombramiento para ser tutor del príncipe Rudolph de Ausburgo. Durante los dos años siguientes, Carl Menger viajó con Rudolph por Europa. A su regreso a Viena, Carl Menger fue nombrado en la Junta de Economía Política de la Facultad de Viena, donde trabajó como Profesor hasta 1879.

Como profesor, Carl Menger se dedicó también a la formulación y defensa del método que adoptó en los Principios de Economía. Este libro había sido ignorado en Alemania, debido que en los 1870s, Alemania estaba bajo la influencia de la Joven Escuela Histórica Alemana, dirigida principalmente por Gustav Schmoller era muy hostil al estilo “abstracto” de “teorizar” de Carl Menger.

Los resultados de la investigación de Carl Menger sobre metodología fueron publicados en 1883 en un libro titulado Untersuchungen uber die Methode der Sozialwissenschaften und der politischen Okonomie insbesondere (Investigaciones sobre el Método de las Ciencias Sociales y de la Economía Política en particular). Mientras los Principios de Economía fueron ignorados en Alemania, las Investigaciones causaron furor entre los economistas alemanes que respondieron acaloradamente atacando a Carl Menger. El término “Escuela Austriaca” surgió desde los economistas alemanes para enfatizar el aislamiento de Carl Menger y sus seguidores de la corriente principal de los economistas alemanes. Carl Menger respondió a los ataques de los alemanes con un panfleto publicado en 1884 denominado Irrthumer des Historismus in der deutschen Nationalokonomie (Errores del Historicismo en la Economía Alemana). El debate continuó y es denominado Methodensteit (Discusión sobre los Métodos).


Los escritos y enseñanzas de Carl Menger atrajeron a muchos seguidores, entre los que se destacaron Eugen von Böhm-Bawerk y Friedrich von Wieser, que luego de Carl Menger continuaron desarrollando la Economía Austriaca. A fines de los 1980s, la influencia de Carl Menger llegó a países de habla no germánica: Francia, Países Bajos, Estados Unidos y Gran Bretaña.

A partir aproximadamente de mediados de los 1880s, los intereses de Carl Menger se dirigieron desde temas metodológicos hacia teoría económica pura y economía aplicada. En 1888 publicó Zur Theorie des Kapitals (Sobre la Teoría del Capital). También fue miembro de una comisión encargada de reformar el sistema monetario austriaco, lo que lo llevó a interesarse por temas monetarios y a publicar diversos artículos sobre el tema en 1892, entre los que se puede mencionar a Geld (Dinero), que constituye una contribución a la teoría monetaria. Carl Menger continuó sus actividades académicas hasta 1903, pero durante este período y hasta su muerte en 1921 no publicó ninguna obra de envergadura.

Algunas de las mayores obras de Carl Menger son:
Principios de Economía, 1871
Investigaciones sobre el Método de las Ciencias Sociales y de la Economía Política en particular, 1883
Errores del Historicismo en la Economía Alemana, 1884
Sobre la Teoría del Capital 1888

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martes, septiembre 20, 2005

Friedrich A. Hayek



Friedrich A. Hayek (1899-1992)
Peter J. Boettke

Es probable que Friedrich A. Hayek, quien falleciera el 23 de marzo de 1992 a los 92 años, fuera el más prodigioso erudito del liberalismo clásico del siglo XX. Aunque su premio Nobel de 1974 fue en Economía, sus trabajos académicos se extienden mucho más allá de esta ciencia. Publicó 130 artículos y 25 libros que abarcan desde la economía técnica hasta la psicología teórica, desde la filosofía política hasta la antropología legal y desde la filosofía de la ciencia hasta la historia de las ideas. Hayek no era un simple aficionado, era un verdadero experto en cada uno de estos campos. Hizo importantes contribuciones a nuestra comprensión de, por lo menos, tres áreas diferentes: la intervención gubernamental, el cálculo económico bajo el socialismo y el desarrollo de la estructura social. Es improbable que volvamos a ver a un académico con tan amplio dominio de las ciencias humanas.



Hayek nació en Viena en una familia de intelectuales el 8 de mayo de 1899. Obtuvo doctorados de la Universidad de Viena (1921 y 1923). Durante los primeros años del siglo XX las teorías de Escuela Austriaca de Economía, iniciada por los "Principios de Economía" de Menger (1871), fueron gradualmente refinadas y redefinidas por Eugen von Böhm-Bawerk, por su cuñado Friedrich von Wieser y por Ludwig von Mises. Cuando Hayek se matriculó en la Universidad de Viena asistió a una de las clases de Mises, pero encontró las posiciones anti-socialistas de Mises demasiado tajantes para su gusto. Wieser era un socialista fabiano cuyo enfoque resultaba entonces más atractivo para Hayek, quien se convirtió en su discípulo. Irónicamente fue Mises, a través de su devastadora crítica del socialismo publicada en 1922, el que alejó a Hayek del socialismo fabiano.

La mejor manera de comprender la vasta contribución de Hayek a la economía y al liberalismo clásico es verla a la luz del programa para el estudio de la cooperación social establecido por Mises. Mises, el gran constructor de sistemas, le proporcionó a Hayek el programa de investigación. Hayek se convirtió en el gran analista. El trabajo de su vida se comprende mejor como un esfuerzo por hacer explícito lo que Mises había dejado implícito, por refinar lo que Mises había esbozado y por contestar los interrogantes que Mises había dejado sin respuesta. De Mises, Hayek dijo: "No hay ningún otro hombre al que le deba más intelectualmente". La conexión con Mises se hace más evidente en sus trabajos sobre los problemas del socialismo. Pero las perspectivas derivadas del análisis del socialismo penetran todo el cuerpo de su obra, desde el ciclo económico hasta el origen de la cooperación social.

Hayek y Mises no se conocieron cuando el primero asistía a la Universidad de Viena. Se lo presentaron después de haberse graduado a través de una carta de su profesor, Wieser. Fue entonces cuando comenzó la colaboración Hayek-Mises. Durante cinco años Hayek trabajó bajo la dirección de Mises en una oficina gubernamental. En 1927 se convirtió en el Director del Instituto para la Investigación del Ciclo Económico, que él y Mises habían organizado. El Instituto estaba dedicado al examen teórico y empírico de los ciclos económicos.

Elaborando sobre la "Teoría del Dinero y el Crédito" (1912) de Mises, Hayek refinó tanto la comprensión técnica de la coordinación del capital como los detalles institucionales de la política crediticia. Siguieron estudios seminales sobre teoría monetaria y el ciclo económico. El primer libro de Hayek, "Teoría Monetaria y el Ciclo Económico" (1929) analizó los efectos de la expansión crediticia en la estructura del capital de una economía.

La publicación de ese libro promovió una invitación de Lionel Robbins para que Hayek diera conferencias en la London School of Economics. Sus conferencias fueron publicadas en un segundo libro sobre "la teoría austriaca del ciclo económico", titulado "Precios y Producción" (1931), que fue citado por el Comité del premio Nobel en 1974.

Las conferencias que en 1930-1931 pronunciara Hayek en la London School se hicieron tan famosas que fue vuelto a llamar a la prestigiosa Universidad de Londres y nombrado Profesor Tooke de Ciencia Económica y Estadística. A los 32 años, Hayek había alcanzado el pináculo de la carrera de economista.

La teoría Mises-Hayek sobre el ciclo económico explicaba el "cúmulo de errores" que caracteriza al ciclo. La expansión del crédito, posibilitada por la caída artificial de las tasas de interés, guía engañosamente a los empresarios: son conducidos a involucrarse en proyectos empresariales que de otra forma no hubieran parecido rentables. La falsa señal generada por la expansión del crédito lleva a una mala coordinación de los planes de producción y consumo de los actores económicos. Esta descoordinación se manifiesta primero en un "boom" y posterior recesión en que el patrón temporal de la producción se ajusta al patrón real de los ahorros y el consumo de la economía.

Hayek versus Keynes
Poco después de su llegada a Londres, Hayek entró en una polémica con John Maynard Keynes. Keynes, un destacado miembro del servicio civil británico que estaba trabajando entonces para el Comité de Finanzas e Industria del gobierno, era considerado por la comunidad académica como un autor de importantes libros de economía. El debate Hayek-Keynes fue quizás el debate más fundamental sobre economía monetaria que se haya dado en el siglo XX. Comenzando con su ensayo "El Fin del Laissez Faire" (1926), Keynes presentó sus demandas de intervencionismo en el lenguaje de un liberalismo clásico pragmático. Fue así que Keynes fue aclamado como "el salvador del capitalismo", en vez de ser reconocido como lo que era: un abogado de la inflación y de la intervención gubernamental.

Hayek detectó el problema fundamental de que adolecían las concepciones económicas de Keynes: su incapacidad para comprender el papel que juegan las tasas de interés y la estructura del capital en una economía de mercado. Debido a su desafortunado hábito de utilizar agregados, categorías colectivas, Keynes no pudo abordar estos problemas adecuadamente en su "Un Tratado sobre el Dinero" (1930). Hayek señaló que los agregados keynesianos distraían a los economistas y no les dejaban examinar cómo la estructura industrial de la economía emergía de las opciones económicas de los individuos.

Keynes reaccionó con acritud a las críticas de Hayek. Primero respondió atacando "Precios y Producción" de Hayek. Luego alegó que ya no creía en lo que había escrito en "Un Tratado sobre el Dinero" y volvió su atención a la redacción de otro libro: "La Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero" (1936) que con el tiempo se convirtió en el libro más influyente sobre la política económica en el siglo XX.

Antes que tratar de criticar directamente lo que Keynes había presentado en su "Teoría General", Hayek volvió su considerable talento a refinar la teoría del capital. Estaba convencido de que el punto esencial que había que trasmitir a Keynes y al resto de los economistas en relación a la política monetaria radicaba en la teoría del capital. Presentó su tesis en "La Teoría Pura del Capital" (1941), el libro más técnico que escribiera. Y, pese a la razón que pudiera haber tenido, resultó la menos influyente de sus obras. Hacia fines de los años '30, el tipo de economía de Keynes estaba en pleno auge. A los ojos del público, Keynes había derrotado a Hayek. Este perdió relevancia como economista y entre los estudiantes.

Durante este tiempo, Hayek también estuvo implicado en otro gran debate de política económica: el debate sobre el cálculo económico en el socialismo, disparado por un artículo de Mises de 1920 donde afirmaba que el socialismo era técnicamente imposible puesto que no podría disponer de precios de mercado. Mises había refinado su argumento en "Socialismo: Un Análisis Económico y Sociológico", el libro cuya aparición, en 1922, había impresionado profundamente al joven Hayek. Hayek desarrolló el argumento de Mises en varios artículos durante los años '30. En 1935, reunió y editó una serie de ensayos sobre los problemas de la organización económica socialista en "La Planificación Económica Colectivista". Otros ensayos de Hayek sobre los problemas del socialismo y específicamente sobre el modelo de "socialismo de mercado", elaborado por Oskar Lange y Abba Lerner en un intento por refutar a Mises y Hayek, fueron reunidos posteriormente en "Individualismo y Orden Económico" (1948).

Nuevamente, los economistas y la comunidad intelectual en general no apreciaron las críticas de Hayek. ¿Acaso la ciencia moderna no le había dado al hombre la capacidad de controlar y diseñar la sociedad según las reglas morales de su elección? Se suponía que la sociedad planificada bajo el socialismo no sólo sería tan eficiente como el capitalismo (especialmente en vista del caos que supuestamente generaba el capitalismo con sus ciclos económicos y su poder monopólico), sino que, con su promesa de justicia social, se esperaba que también fuera más justa. Más aún, se consideraba la ola del futuro. Se decía que sólo un reaccionario podía querer resistir la marcha inevitable de la historia. No sólo parecía que Hayek estaba perdiendo la polémica económica con Keynes sobre las causas de los ciclos económicos sino que, teniendo en cuenta el ascenso mundial de la marea del socialismo, su perspectiva filosófica general era crecientemente considerada con una versión primitiva del liberalismo.

Camino de Servidumbre Hayek, sin embargo, siguió refinando la argumentación a favor de una sociedad liberal. Los problemas del socialismo que había observado en la Alemania nazi y que veía comenzar en Gran Bretaña lo llevaron a escribir "Camino de Servidumbre" (1944). Este libro obliga a los defensores del socialismo a confrontar un problema adicional, más allá del puramente técnico-económico. Si el socialismo requiere la sustitución del mercado por un plan central, entonces, apuntó Hayek, habrá que establecer una institución que sea responsable por la formulación del plan. Hayek la llamó la Junta Central de Planificación. Para implementar el plan y para controlar el flujo de los recursos, la Junta tendría que ejercer amplios poderes discrecionales en los asuntos económicos. Con todo, la Junta Central de Planificación en una sociedad socialista no tendría los precios del mercado como guía. No tendría forma de saber cuáles posibilidades productivas son económicamente factibles. La ausencia de un sistema de precios, dijo Hayek, demostraría ser el talón de Aquiles del socialismo.

En "Camino de Servidumbre", Hayek alegó asimismo que había buenas razones para sospechar que los que ascendieran a la cumbre en un régimen socialista serían aquellos que tuvieran una ventaja comparativa en el ejercicio de poderes discrecionales y estuvieron dispuestos a tomar decisiones desagradables. Y sería inevitable que estos hombres poderosos dirigieran el sistema en su beneficio personal.

Por supuesto, Hayek tuvo razón tanto en el problema económico como en el político del socialismo. El siglo XX está lleno con la sangre de las víctimas inocentes de los experimentos socialistas. Stalin, Hitler, Mao, Pol Pot y muchos tiranos menores han cometido crímenes horribles contra la humanidad en nombre de alguna variante del socialismo. El totalitarismo no es un accidente histórico que sólo emerge debido a mala elección de dirigentes en un régimen socialista. Hayek muestra que el totalitarismo es el resultado lógico del ordenamiento institucional de la planificación socialista.

Tras la derrota en el foro público de su crítica a Keynes y la controversia que surgió sobre el cálculo económico en el socialismo, Hayek se alejó de los problemas técnicos de la economía y se concentró en la reformulación de los principios del liberalismo clásico. Hayek había señalado la necesidad de los precios de mercado como trasmisores de una información económica dispersa. Mostró que los intentos de reemplazar o controlar el mercado llevaban a un problema de conocimiento o información. Hayek también describió el problema totalitario asociado con la ubicación de poder discrecional en las manos de unos pocos. Esto lo llevó a examinar los prejuicios intelectuales que ciegan al hombre y le impiden ver los problemas de la planificación económica gubernamental.

Durante los años '40, Hayek publicó una serie de ensayos en periódicos profesionales examinando las tendencias filosóficas dominantes que habían prejuiciado a los intelectuales de una forma tal que no les permitían reconocer los problemas sistémicos que confrontarían los planificadores económicos. Estos ensayos fueron posteriormente recopilados y publicados como "La Contrarrevolución de la Ciencia" (1952). La "Contrarrevolución...", quizás el mejor libro de Hayek, suministra una detallada historia intelectual del "racionalismo constructivista" y del problema del "cientificismo" en las ciencias sociales. Es en este trabajo donde Hayek articula su versión del proyecto de la Ilustración Escocesa de David Hume y Adam Smith de utilizar la razón para enseñar modestia a la razón. La civilización moderna no estaba amenazada por brutales ignorantes empecinados en destruir el mundo, sino más bien por el abuso de la razón emprendido por el racionalismo constructivista en su intento por diseñar conscientemente el mundo moderno, que había encadenado a la humanidad.

En 1950 Hayek se trasladó a la Universidad de Chicago, donde enseñó hasta 1962 en el Comité de Pensamiento Social. Mientras estuvo allí, escribió "La Constitución de la Libertad" (1960). Este trabajo representa el primer tratado sistemático de Hayek sobre la política económica del liberalismo clásico.

En 1962 Hayek se trasladó a Alemania, donde había obtenido una posición en la Universidad de Freiburg. Allí incrementó sus esfuerzos por analizar el ordenamiento "espontáneo" de la actividad económica y social. Hayek se dispuso a reconstruir la teoría social del liberalismo y suministrar una visión de la cooperación social entre hombres libres.

Con su estudio en tres volúmenes "Ley, Legislación y Libertad" (1973-1979) y "La Arrogancia Fatal" (1988), Hayek extendió su análisis de la sociedad al examen de la emergencia "espontánea" de las reglas legales y morales. Su teoría política y legal enfatizaba que el imperio de la ley era el fundamento necesario de la coexistencia pacífica. Contrastó la tradición del "common law" con la del derecho estatutario, por ejemplo, los decretos legislativos. Mostró cómo el "common law" emerge caso por caso, en la medida en que los jueces aplican a los casos particulares reglas generales que son en sí mismas producto de la evolución cultural. De esa forma explica que inserto en el "common law" hay un conocimiento conquistado a través de una larga historia de ensayos y errores. Esta perspectiva llevó a Hayek a la conclusión de que el derecho, como el mercado, era un orden "espontáneo": el producto de la acción humana, pero no del diseño de un ser humano.

El trabajo de Hayek sobre economía técnica, filosofía política y jurídica y metodología de las ciencias sociales ha atraído un gran interés entre los estudiosos de, por lo menos, las últimas dos generaciones. Y el interés en su obra está creciendo. Su vasta contribución a la economía y al liberalismo clásico vivirá en el programa de investigación progresivo que ha legado a futuras generaciones de estudiosos.

Friedrich Hayek vivió una vida larga y fructífera. Tuvo que soportar las consecuencias de haber alcanzado la fama a edad temprana para luego ver esa fama ridiculizada cuando keynesianos y socialistas conquistaron popularidad y el mundo intelectual y político se apartó de sus ideas. Afortunadamente, vivió lo suficiente como para ver reconocido nuevamente su enorme intelecto.
Tanto los keynesianos como los socialistas fueron aplastantemente derrotados por los hechos y por la verdad de sus enseñanzas. El liberalismo clásico es nuevamente un vibrante cuerpo de pensamiento. La economía austriaca ha vuelto a emerger como una gran escuela de pensamiento económico, y jóvenes estudiosos del derecho, la historia, la economía, la política y la filosofía están prosiguiendo los temas hayekianos. Podremos lamentar la pérdida de este gran campeón del liberalismo pero, al mismo tiempo, podemos regocijarnos de que F. A. Hayek nos dejara una herencia tan brillante.

Un gran estudioso se define no tanto por las respuestas que provee sino por los interrogantes que formula. Sucesivas generaciones de académicos, intelectuales y actores políticos de todo el mundo estarán por mucho tiempo dedicados a las cuestiones que Hayek ha planteado.
Traducción de un artículo publicado originalmente en inglés en la revista "The Freeman" de agosto de 1992. Esta traducción es una versión corregida de la que se encuentra en el sitio web "Siglo XXI", del Comité Cubano Pro Derechos Humanos.
El artículo original en inglés está disponible en http://www.sigloxxi.org/biohay.htm
La traducción original al castellano se encuentra disponible en http://www.econ.nyu.edu/user/boettke/hayek.htm

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viernes, septiembre 09, 2005

Adam Smith


Adam Smith (1723-1790)

Por Julio H. Cole

Dos siglos después de su muerte, Adam Smith es aún considerado por muchos como la figura más importante en la historia del pensamiento económico. Su célebre obra Investigación sobre la Naturaleza y Causa de la Riqueza de las Naciones dio a luz el espíritu del capitalismo moderno, y presentó su justificación teórica en una forma que dominó el pensamiento de los más influyentes economistas del siglo XIX y que sigue inspirando a los defensores del mercado libre, e incluso hoy en día.

Sin embargo, aunque pocas personas cuestionarían su importancia para la historia de la ciencia económica, es importante recordar que Smith no era únicamente (ni acaso principalmente) un economista ―de hecho, en sus tiempos la economía aún no se había desarrollado como disciplina independiente― y él mismo consideraba su Riqueza como una exposición parcial de una obra más amplia sobre «los principios generales de la ley y del gobierno, y de las diferentes revoluciones que en éstas se han producido en las diferentes épocas y periodos de la sociedad», obra que deseaba escribir pero que nunca llegó a completar. Más aún, incluso en La Riqueza de las Naciones es evidente que para Smith la ciencia económica era mucho más que la teoría de precios, producción y distribución, moneda y banca, finanzas públicas, comercio internacional, y crecimiento económico, campos que hoy en día se consideran como especialidades en si mismos. Naturalmente que todos estos temas se discuten en el libro, pero también incluye detalladas discusiones sobre tópicos tan diversos como historia eclesiástica, demografía, política educacional, ciencias militares, agricultura, y asuntos coloniales. En efecto, la amplitud de sus intereses, que abarcaban no solo economía, ética, filosofía política, y jurisprudencia, sino también literatura (antigua y moderna), lingüística, psicología, y la historia de la ciencia, debe asombrar al moderno especialista, pero no menos asombrosa es la profundidad analítica que exhibe en todos sus estudios.

Primeros Años e Iniciación Profesional

Adam Smith nació en 1723 en Kirkcaldy, Escocia, hijo póstumo de Adam Smith, oficial de aduanas, y Margaret Douglas. Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, pero fue bautizado el 5 de Junio, 1723. Poco se sabe de su infancia, excepto que a la edad de 4 años fue raptado por una banda de gitanos, siendo rescatado gracias a la acción de su tío.«Me temo que no hubiera sido un buen gitano», comentó John Rae, su principal biógrafo. Aparte de este incidente, la vida de Smith fue singularmente tranquila, y su historia es esencialmente la de sus estudios y sus libros.

En 1737, a la edad de 14 años, habiendo concluido su curso en la escuela local de Kirkcaldy, Smith ingresó en la Universidad de Glasgow, donde fue influido por «el nunca olvidado» Francis Hutcheson, el famoso profesor de filosofía moral. Luego de su graduación en 1740, Smith obtuvo una importante beca para Oxford, donde estudió por seis años en Balliol College. Sin embargo, el ambiente intelectual en Oxford en esa época era pobre y decepcionante («. . .hace mucho tiempo que la mayor parte de los profesores oficiales (en Oxford) abandonaron las obligaciones de la enseñanza», y ¿. . .será por propia culpa si en Oxford alguien llega a poner en peligro su salud por exceso de estudio. . .»). Smith dedicó estos años a un programa de lectura intensiva en filosofía y literatura, tanto modernas como clásicas.

Habiendo retornado a la casa de su madre en 1746, Smith se dedicó a buscar un empleo adecuado, a la vez que continuaba sus estudios. En 1748 viajó a Edimburgo, donde bajo el auspicio de Lord Henry Kames dictó por tres años una serie de conferencias públicas sobre retórica y letras. En 1751 fue llamado por su propia Universidad de Glasgow para ocupar primeramente la cátedra de Lógica, y luego la de Filosofía Moral. Este último cargo lo ejerció por 12 años, período que luego describiría como «el más útil y por tanto el más feliz y honorable de mi vida».

Su curso de filosofía moral estaba dividido en cuatro partes: teología natural, ética, jurisprudencia, y economía política . En 1759 publicó su primer libro, La Teoría de los Sentimientos Morales, que incorporaba la segunda porción de su curso, y que casi inmediatamente estableció su reputación académica y literaria. En publicó un ensayo sobre «La Primera Formación de los Idiomas», que fue incluido como apéndice en posteriores ediciones de los Sentimientos Morales (se publicaron seis ediciones durante su vida).

En 1763 Charles Townshend ofreció a Smith una pensión vitalicia a cambio de que sirviera como tutor de su hijastro, el Duque de Buccleuch, durante un viaje de tres años por Francia. Smith entonces renunció a su cátedra y se embarcó en su único viaje al extranjero, en el curso del cual conoció a Voltaire en Ginebra, y se asoció con Turgot, Quesnay, y otros economistas y enciclopedistas franceses durante su estadía en París. En 1766 la repentina enfermedad y muerte de Hew Scott, el hermano del duque. puso fin al viaje, forzando un repentino retorno a Inglaterra.

La Riqueza de las Naciones

Durante los siguientes siete años Smith vivió con su madre en Kirkcaldy, dedicando la mayor parte de su tiempo a su siguiente libro, La Riqueza de las Naciones. Este período también lo describió como feliz («Quizá nunca estuve (tan feliz) en toda mi vida»). En 1773 viajó a Londres, llevándose su manuscrito consigo, y durante cinco años vivió en Londres, donde su círculo de amigos incluía a Edward Gibbon y Edmund Burke.

En Marzo de 1776 se publicó finalmente La Riqueza de las Naciones. La obra tuvo un éxito inmediato y duradero: la primera edición se agotó en seis meses, y durante la vida de Smith se publicaron cinco ediciones (1776, 1778, 1784, 1786, y 1789). Además, en cuestión de tres décadas se había traducido a por lo menos seis idiomas extranjeros: danés (1779-80), tres versiones francesas (1781, 1790, y 1802), alemán (1776-78), italiano (1780), español (1794) y ruso (1802-06).

La única otra obra publicada por Smith durante su vida (aparte de dos artículos sobre temas literarios escritos para el Edinburgh Review en 1755) fue su «Carta a (William) Strahan», de 1777, sobre la muerte de David Hume. Su cálido elogio de las cualidades morales de su gran amigo motivó grandes protestas en todo el Reino Unido. Smith habría de anotar después:«Una simple e inofensiva hoja de papel... me causó diez veces más vituperios que el violento ataque que realicé en contra de todo el sistema comercial de la Gran Bretaña».

En 1778 Smith fue nombrado Comisionado de Aduanas para Escocia, cargo que desempeñó hasta su muerte, viviendo con su madre y su prima, Miss Janet Douglas, en Edinburgo. En 1787 Smith fue elegido Lord Rector de la Universidad de Glasgow, sirviendo hasta 1789. El 17 de Julio de 1790, lleno de honores, Adam Smith murió a la edad de 67 años.

Publicaciones Póstumas

En 1795, los ejecutores literarios de Smith, Joseph Black y James Huton, editaron y publicaron una colección de «Ensayos sobre Temas Filosóficos» que incluía un juvenil ensayo sobre a «Historia de la Astronomía» que aparentemente formaba parte del proyecto más amplio de una «historia de las ciencias liberales y artes elegantes». La más conocida edición moderna de estos ensayos es la de J. R. Lindgren (ed.), The Early Wrltings of Adam Smith (Nueva York. Kelley. 1967), que también incluye el ensayo sobre la formación de los idiomas.

Antes de su muerte, Smith había ordenado la destrucción de la mayoría de sus otros manuscritos inéditos, entre los cuales probablemente se encontraban sus conferencias sobre religión natural y sobre jurisprudencia, lo mismo que sus lecciones sobre retórica. La mayor parte de este material probablemente se perdió para siempre, aunque ciertas partes han sido recuperadas indirectamente en la forma de apuntes tomados por estudiantes en los años 1762-64.

En efecto, en 1895 el Prof. Edwin Cannan se enteró de la existencia, en manos de un abogado de Edimburgo, de un manuscrito que identificó como los apuntes de clase, tomados por un estudiante, de un curso sobre jurisprudencia dictado por Smith poco antes de su viaje a Francia. (Posteriormente se logró establecer que estas conferencias fueron efectivamente dictadas durante la porción del ciclo académico de 1763-64 que precedió su partida). Cannan editó estos apuntes y los publicó bajo el título de Lectures on Justice, Police, Revenue and Arms, delivered in the University of Glasgow by Adam Smith (Oxford: Clarendon Press, 1896).

En 1929, la Biblioteca Clements de la Universidad de Michigan adquirió una colección de documentos que habían pertenecido a Alexander Wedderburn, entre los cuales se encontraba un manuscrito que el Prof. G. H. Guttridge identificó como un memorándum sobre «El Problema Americano» escrito por Adam Smith en 1 778. Este manuscrito fue editado por Guttridge y publicado en la American Historical Review, 38 (1933), pp. 714-20.

Finalmente, dos juegos adicionales de apuntes de clase fueron descubiertos por el Prof. John M. Lothian en 1958. Uno de estos correspondía a un curso de retórica y letras, dictado por Smith en Glasgow en la sesión 1762-63. Estos apuntes fueron editados por Lothian y publicados bajo el título Lectures on Rhetoric and Belles Lettres (Londres. Nelson, 1 963). El segundo juego de apuntes, correspondiente al curso de jurisprudencia dictado durante la misma sesión, no fue publicado sino hasta 1978, como parte de la Glasgow Edition of the Works and Correspondence of Adam Smith (Oxford University Press, 1976-83).

En esta época de excesiva especialización, no pueden dejar de impresionarnos la amplitud y profundidad de la erudición de Smith, fiel y genuino representante del espíritu de la Ilustración Escocesa. Sin embargo, por mucho que admiremos sus logros en campos tan variados, no puede negarse tampoco que la posteridad ha decidido recordarle principalmente por sus contribuciones a la ciencia económica, y su fama siempre se basará mayormente en su obra maestra, La Riqueza de las Naciones. Aunque escrita en inglés en el siglo XVIII, ahora pertenece al mundo y a todos los tiempos. Smith separó definitivamente la economía del restrictivo marco de referencia mercantilista, que negaba los beneficios del libre comercio entre las naciones, e hizo de ella el estudio del orden social espontáneo (y generalmente no-intencionado) que surge de los intercambios voluntarios entre individuos que producen beneficios para todas las partes involucradas, sean domésticas o extranjeras. En tanto sobreviva en este mundo el amor por la libertad, los hombres libres seguirán inspirándose en Adam Smith, autor de La Riqueza de las Naciones.

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martes, septiembre 06, 2005

Lord Acton



John Emerich Edward Dalberg Acton -Primer Barón Acton de Aldenham- nació en Nápoles, Italia, el 10 de enero de 1834. Su padre, Sir Richard Acton, erea descendiente de una familia inglesa de sólida reputación, y su madre, la Condesa Marie Louise de Dalberg, provenía de una familia de Rhenish, que era considerada la segunda en status, después de la familia imperial alemana. Tres aøos después de que su padre muriera, su madre se casó con Lord George Leveson (luego conocido como Conde Granville, Canciller de William Gladstone), y se mudó con la familia a Gran Bretaña. Con su educación y origen cosmopolita, Acton se sentía cómodo tanto en Inglaterra como en el Continente, y creció hablando inglés, alemán, francés e italiano.

Impedido de estudiar en la Universidad de Cambridge por ser católico, John Acton estudió en la Universidad de Munich con el famoso historiador eclesiástico Ignaz von Dùllinger. A través de las enseñanzas de Döllinger, Acton aprendió a considerarse a sí mismo como un historiador.
Siendo joven cultivó una gran afición por políticos como Edmund Burke, perteneciente al partido de los Whig, pero pronto se convirtió en liberal. El tiempo que pasó con Döllinger también le permitió ampliar su aprecio y conocimiento de las teologías católica y reformada. A través de sus estudios y de su propia experiencia, Acton tomó aguda conciencia del peligro que cualquier persecución, política o religiosa, trae consigo para la conciencia individual.

A través de la influencia de su padrastro, Acton se dedicó a la política electoral y entró en la Cámara de los Comunes en 1859, como miembro del distrito electoral irlandés de Carlow. En 1869, Gladstone premió a Acton por sus esfuerzos en favor de las causas políticas liberales ofreciéndole el título de Lord.

Anteriormente Acton había adquirido el periódico Rambler, convirtiéndolo en un periódico católico liberal dedicado a la discusión de asuntos e ideas sociales, políticas y teológicas. A través de esta actividad y a través de su participación en el primer Concilio Vaticano, Lord Acton fue reconocido como uno de los más fervientes defensores de la libertad religiosa y política. Él sostenía que la Iglesia cumple fielmente su misión alentando la búsqueda de la verdad científica, histórica y filosófica y promoviendo la libertad individual en el mundo de la política.

Durante las décadas de 1870 y 1880 se vio continuar el desarrollo del pensamiento de Lord Acton acerca de la relación entre la historia, la religión y la libertad. Durante ese período Acton comenzó a delinear una historia universal que documentara el progreso de la relación entre la virtud religiosa y la libertad personal. Acton se refería a su trabajo como una "teodicea", una defensa de la bondad de Dios y de su provindencial cuidado del mundo.

En 1895 Lord Acton fue elegido Profesor Regio de Historia Moderna en la Universidad de Cambridge. Desde este puesto profundizó su visión de que la bÏsqueda de la verdad por parte de los historiadores conlleva la obligación de emitir juicios morales sobre la historia, aÏn cuando esos juicios desafíen la propia opinión. A pesar de que nunca concluyó su anticipada historia universal, Lord Acton delineó la Historia Moderna de Cambridge y dió conferencias sobre la Revolución Francesa, Historia Occidental desde el Renacimiento, y la historia de la libertad desde la AntigÙedad hasta el siglo XIX.

Cuando murió en 1902, Lord Acton fue considerado una de las personas más sabias de su época, inigualado por la amplitud, profundidad y humanidad de su conocimiento. Se ha hecho famoso para las generaciones futuras por su observación -resultado de muchos aøos de estudio y experiencia personal- de que "el poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe completamente".

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jueves, agosto 18, 2005

Fréderic Bastiat


Claude Frédéric Bastiat fue un economista francés, legislador y escritor que fue paladín de la propiedad privada, el libre mercado y el gobierno limitado. Quizás el principal tema subyacente de los escritos de Bastiat fue que el libre mercado era inherentemente una fuente de ``armonía económica'' entre los individuos, en la medida en que el gobierno estuviera restringido a la función de proteger las vidas, libertades y propiedad de los ciudadanos del robo o la agresión. Para Bastiat, la coerción gubernamental era legítima solo si servía ``para garantizar la seguridad de la persona, su libertad y sus derechos de propiedad, para hacer que la justicia reine sobre todo''.

Bastiat enfatizó la función de planificación-coordinación del libre mercado, un tema principal de la Escuela Austríaca, porque su pensamiento estuvo influenciado por algunos de los escritos de Adam Smith y por los grandes economistas franceses del libre mercado Jean-Baptiste Say, Francois Quesnay, Destutt de Tracy, Charles Comte, Richard Cantillon (quien nació en Irlanda y emigró a Francia) y Anne Robert Jacques Turgot. Estos economistas franceses estaban entre los precursores de la moderna Escuela Austríaca, al haber desarrollado primero conceptos tales como es mercado dinámico, el proceso de competencia, la evolución del libre mercado de la moneda, la teoría del valor subjetivo, las leyes de disminución de la utilidad marginal y los rendimientos marginales, la teoría de la productividad marginal de los precios de los recursos y la futilidad de los controles de precios en particular y del intervensionismo económico en general.

Trasfondo intelectual de Bastiat

Bastiat quedó huérfano a los diez años; creció y fue educado por sus abuelos paternos. Dejó la escuela a la edad de diecisiete años para trabajar en el negocio familiar de exportaciones en la ciudad de Bayona, donde aprendió de primera mano los males del proteccionismo observando todos los cierres de almacenes, la declinante población y la pobreza incrementada y el desempleo causado por las restricciones al comercio.

Cuando su abuelo murió, Bastiat, a la edad de veinticinco años, heredó la propiedad de la familia en Mugron, lo que le permitió vivir como un caballero granjero y erudito por los siguientes veinte años. Bastiat contrató gente para operar la granja familiar, así que se pudo concentrar en sus búsquedas intelectuales. Fue un voraz lector y discutió y debatió con amigos virtualmente todas las formas de literatura. Su más cercano amigo fue su sobrino, Felix Coudroy. ``Coudroy y Bastiat se abrieron paso poco a poco a través de un tremendo número de libros sobre filosofía, historia, política, religión, viajes, poesía, economía política, biografía, etc... Era en estas conversaciones que las ideas de Bastiat se desarrollaron y sus pensamientos maduraron.''

Coudroy fue inicialmente un seguidor de Rousseau y, como la mayoría de los admiradores de Rousseau, entonces como ahora, era socialista. Pero Bastiat, quien siempre dijo preferir una conversación uno a uno a dar un discurso a miles de personas, convirtió a Coudroy al liberalismo clásico.

El primer artículo publicado de Bastiat apareció en abril de 1834. Era una respuesta a una petición de los comerciantes de Burdeos, el Havre y Lyon para eliminar las tarifas sobre productos agrícolas pero manteniéndolos sobre los bienes de manufactura. Bastiat alabó a los comerciantes por su posición sobre los productos agrícolas, pero los excorió por su hipocresía en querer el proteccionismo para sí mismos. ``Ustedes demandan privilegio para unos pocos'', escribió, mientras que ``yo demando libertad para todos''. Entonces explicó por qué todas las tarifas deberían ser abolidas completamente.

Bastiat continuó afilando sus argumentos en favor de la libertad económica escribiendo un segundo ensayo en oposición a todos los impuestos domésticos sobre el vino, intitulado ``El impuesto y el Vino'', y un tercer ensayo oponiéndose a todos los impuestos sobre la tierra y a todas las formas de restricciones del comercio. Entonces, en el verano de 1844, Bastiat envió un manuscrito no solicitado sobre los efectos de las tarifas francesas e inglesas al más prestigioso periódico económico en Francia, el Journal des Économistes. Los editores publicaron el artículo, ``La Influencia de las Tarifas Inglesas y Francesas'' en el ejemplar de octubre de 1844, y esto se convirtió incuestionablemente en el más persuasivo argumento para el libre comercio en particular, y para la libertad económica en general, que había alguna vez aparecido en Francia, si no en toda Europa.

En este artículo, Bastiat primero desplegó su dominio de la sabiduría acumulada en los economistas de la tradición pre-austríaca y se confirmó como un brillante sintetizador y organizador de las ideas económicas. Inmediatamente ganó fama nacional e internacional y, como abogado del libre comercio, empezó una amistad con Richard Cobden, el líder de la Liga de la Ley Anti-Trigo británica, que fue exitosa en eliminar todas las restricciones comerciales en Inglaterra en 1850. Bastiat organizó una organización similar en Francia, la Asociación de Libre Comercio francesa, que fue un instrumento de la eliminación de Francia de la mayoría de sus barreras en 1860, diez años después de la muerte de Bastiat. Bastiat fue especialmente efectivo en difundir su influencia como editor del periódico de la Asociación de Libre Comercio, Le Libre-Échange.

Después de veinte años de intensa preparación intelectual, los artículos de Bastiat empezaron a llover y pronto tomaron la forma de su primer libro, Sofismas Económicos, que hasta hoy se podría argumentar que es la mejor defensa literaria de la libertad de comercio disponible. Rápidamente siguió con su segundo libro, Armonías Económicas, y sus artículos fueron reimpresos en periódicos y revistas en toda Francia. En 1846, fue elegido como miembro respectivo de la Academia De Ciencia Francesa, y su obra fue inmediatamente traducida al inglés, español, italiano y alemán. Las asociaciones de libre comercio pronto empezaron a brotar en Bélgica, Italia, Suecia, Prusia y Alemania, todas basadas en la Asociación de Libre Comercio francesa de Bastiat.

Ideas de la escuela austríaca en Bastiat

Mientras Bastiat estaba formando la opinión económica en Francia, Karl Marx estaba escribiendo Das Kapital, y la noción socialista de ``lucha de clases'', de que las ganancias económicas de los capitalistas necesariamente surgían a expensas de los trabajadores, estaban ganando popularidad. Las Armonías Económicas de Bastiat explicaron por qué lo opuesto es verdad, que los intereses de la humanidad son esencialmente armonioso si pueden ser cultivados en una sociedad libre donde el gobierno confina sus responsabilidades a suprimir robos, asesinatos y grupos de intereses especiales que buscaban usar al Estado como medio de pillaje contra sus compañeros ciudadanos.

Teoría del Capital

Bastiat contribuyó a la teoría del capital austríaca explicando con maestría cómo la acumulación del capital resulta en el enriquecimiento de los obreros por incremento de la productividad marginal del trabajo y, consecuentemente, su remuneración. La acumulación de capital, escribió Bastiat, podría también resultar en una más barata y mejor cualidad de los bienes de consumo, que podría también aumentar los salarios reales. También explicó cómo el interés en el capital declina en tanto se vuelve más abundante.

Así, los intereses de los capitalistas y del trabajo son realmente armoniosos, y las intervenciones del gobierno en los mercados de capital empobrecerán a los trabajadores tanto como a los dueños del capital. Bastiat también explicó por qué en un mercado libre ninguno puede acumular capital a menos de que lo use de una manera que beneficia a otros, i.e., consumidores. En realidad, escribió Bastiat, el capital es usado siempre para satisfacer los deseos del pueblo a quien no pertenece. En agudo contraste con la mayoría de sus predecesores, Bastiat creía que ``es necesario ver la economía desde el punto de vista del consumidor... Todos los fenómenos económicos... deben ser juzgados por las ventajas y desventajas que brindan al consumidor.'' Mises repitió este punto en Human Action cuando notó que aunque los banqueros no parecen ``controlar'' la asignación de capital por sus decisiones diarias, esto es, los consumidores son quienes ``capitanean'' el barco económico, porque son sus preferencias las que abastecen los negocios exitosos.

Costo Subjetivo

La más grande contribución de Bastiat a la teoría del valor sujetivo fue cómo aplicó rigurosamente la teoría en su ensayo ``Lo que se ve y lo que no se ve''. En ese ensayo, Bastiat, se enfoca implacablemente en los ocultos costos de oportunidad de la asignación de recursos gubernamental, destruida por la noción proto-keynesiana de que los gastos del gobierno pueden crear empleos y riqueza. En la primera edición de Economics in One Lesson, Henry Hazlitt escribió que: ``Mi más grande deuda, con respecto a la clase de marco expositivo sobre el que el presente argumento se apoya, es el ensayo de ``Lo que se ve y lo que no se ve.'' La presente obra podría, de hecho, ser vista como una modernización, extensión y generalización del planteamiento encontrado en el panfleto de Bastiat.''

La Ciencia de la Acción Humana

La manera en que Bastiat describió la economía como un esfuerzo intelectual es virtualmente idéntico a lo que los austríacos modernos etiquetan como la ciencia de la acción human o praxeología. Bastiat escribió en sus Armonías cómo ``El sujeto de la economía política es el HOMBRE... [quien está] dotado con la habilidad de comparar, juzgar, elegir y actuar... Esta facultad... de trabajar por cada otro, de transmitir sus esfuerzos e intercambiar sus servicios a través del tiempo y espacio... es precisamente lo que constituye la Ciencia Económica.''

Como los austríacos contemporáneos, Bastiat vió la economía como ``la Teoría del Intercambio'', donde los deseos de los participantes del mercado ``no pueden ser pesados o medidos... El Intercambio es necesario para determinar el valor.'' Así, para Bastiat, como para los austríacos contemporáneos, el valor es subjetivo, y la única manera de conocer cómo la gente valora las cosas es a través de sus preferencias demostradas tal como se revelan en los intercambios del mercado. El intercambio voluntario, por consiguiente, es mutuamente ventajoso. Esto fue una innovación teórica importante en la historia de la teoría económica, pues muchos de los economistas británicos habían sucumbido a la ``falacia física'', la desviada opinión de que el valor está determinado por la producción de los objetos físicos solos.

La comprensión de que el valor es creado por el intercambio voluntario, señaló Murray Rothbard, ``condujo a Bastiat y a la escuela francesa a acentuar las maneras en que el libre mercado conduce a una tranquila y armoniosa organización de la economía''. Rothbard mismo desarrolló la teoría subjetivista del intercambio de Bastiat mucho más completamente un siglo después en su devastadora crítica de la economía del bienestar moderna.

Otro tema rothbardiano en la obra de Bastiat (o un tema de Bastiat en la obra de Rothbard) tiene que ver con la renta de la tierra. En el tiempo de Bastiat, los socialistas propusieron el argumento de que ninguno tenía derecho a la renta de la tierra porque era Dios, después de todo, quien creó la tierra, no el actual propietario. La respuesta de Bastiat fue que la renta de la tierra era realmente legítima porque los propietarios habían dado un servicio valioso al limpiar la tierra, desecándola y haciéndola aprovechable para la agricultura. Si todos estos costos de inversión son capitalizados, explicó Bastiat, entonces es claro que los propietarios no están ganando un ingreso excepcional a través de la renta de la tierra después de todo, sino que están proveyendo un valioso servicio público. Murray Rothbard desarrollaría después esta idea más completamente en su defensa de la ``colonización'' como un medio apropiado de establecer derechos de propiedad.

Pillaje Gubernamental

Mientras establecía la armonía inherente del comercio voluntario, Bastiat también explicó cómo la asignación gubernamental de recursos es necesariamente antagónica y destructiva de la armonía natural del libre mercado. Ya que el gobierno no produce riqueza por sí mismo, debe necesariamente tomarla de alguno para darlo a otros; robar a Pedro para pagarle a Paul es la esencia del gobierno, como Bastiat lo describió. Más aún, grupos de intereses especiales buscan más y más del dinero de otras gentes a través de la tutela del Estado, socavando las capacidades productivas del libre mercado al comprometerlas en política más que en conductas productivas. ``El Estado'', escribió Bastiat, ``es la gran entidad ficticia por la que todos buscan vivir a expensas de todos los otros.''

Bastiat es quizás mejor conocido por su trabajo en el campo de la economía política que estudia la interacción entre la economía y el estado como opuesto a la teoría económica pura. Buscó entender cómo el estado operaba, qué iniciativas le dirigían, y lo hizo tan bien como cualquiera lo haya hecho. No hay espacio aquí para una discusión profunda de las ideas de Bastiat en economía política, pero unos pocos ejemplos serán suficientes. El gobierno era necesario, de acuerdo con Bastiat, pero solo si se restringía a sus funciones ``esenciales''. Creía que ``ninguna sociedad puede existir a menos de que las leyes sean respetadas en cierto grado'', pero al mismo tiempo esto solo podría ocurrir si las leyes mismas fueran respetables.

La justificación moral para una ley, más aún, nunca puede estar basada en un voto mayoritario, porque ``ya que ningún individuo tiene el derecho a esclavizar a otro individuo, entonces ningún grupo de individuos puede posiblemente tener tal derecho.'' Toda redistribución a través de la democracia mayoritaria es por tanto ``pillaje legal'' y es, por definición, inmoral.

El eslogan, ``si los bienes no cruzan las fronteras, los ejércitos lo harán'', es a menudo atribuido a Bastiat porque él contundentemente sostuvo la causa de que el libre comercio era quizás la ruta más segura para la paz tanto como la prosperidad. Entendió que a través dela historia, las tarifas han sido la mayor causa de guerra. El proteccionismo, después de todo, es un intento del gobierno para imponer a sus propios ciudadanos en tiempos de paz la misma clase de daño que sus enemigos intentan (con bloqueos navales) durante las guerras.

Descubrimiento Competitivo

Bastiat entendió que la competencia en el libre mercado era un ``procedimiento de descubrimiento dinámico'', para usar una frase de Hayek, en que los individuos procuran coordinar sus planes en ejecutar sus objetivos económicos. Todas las formas de intervención gubernamental interrumpen y distorsionan ese proceso porque una vez que una ley o regulación es publicada, ``el pueblo no necesita más discutir, comparar, planear el futuro; la ley hace todo esto por ellos. La inteligencia se vuelve un accesorio inútil para la gente; cesan de ser hombres; pierden su personalidad, su libertad, su propiedad.''

Falso Altruismo

Bastiat también miró a través de la falsa "filantropía'' de los socialistas, quienes constantemente se propusieron ayudar a esta o aquella persona o grupo a través del pillaje de la riqueza de otros miembros inocentes de la sociedad a través de la tutela del Estado. Todos estos esquemas están basados en el ``pillaje legal, la injusticia organizada.''

Como los neo-conservadores de hoy, los socialistas del siglo XIX tildaron a los liberales clásicos con el mote de ``individualistas'', implicando que los liberales clásicos estaban opuestos a la fraternidad, a la comunidad y a la asociación. Pero, como Bastiat señaló astutamente, él (como otros liberales clásicos) solo estaba opuesto a la asociación forzada y era abogado de comunidades y asociaciones genuinas y voluntarias. ``Cada vez que objetamos que una cosa sea hecha por el gobierno, los socialistas [erróneamente] concluyen que objetamos lo que está siendo hecho del todo.''

Derechos Naturales y Libertad de Intercambio

Bastiat puede también verse como un eslabón entre los teóricos del derecho natural de los siglos diecisiete y dieciocho y algunos miembros dela moderna Escuela Austríaca, el más notable Murray Rothbard, quien basó su defensa de los mercados libres en los derechos naturales, más que meramente en argumentos utilitarios. Para Bastiat, el colectivismo en todas sus formas era moralmente reprensible (al estar basado en el robo legalizado) y un impedimento a la armonización natural de los intereses humanos que es facilitada por los mercados libres y la propiedad privada.

Bastiat no solo creía que el colectivismo constituía un pillaje legal; también creía que la propiedad privada era esencial para satisfacer la naturaleza humana como un ser libre que, por naturaleza, actúan en su propio interés para satisfacer sus deseos (subjetivos). Argumentar contra el derecho a la propiedad privada sería argumentar que el robo y la esclavitud eran moralmente ``correctas''. Así, la protección de la propiedad privada es la función primaria (acaso la única legítima) del gobierno. El político ``no tiene autoridad sobre nuestras personas y nuestra propiedad, ya que ellas le preexisten y su tarea es rodearlas de garantías''.

Bastiat fue el autor de lo que es hasta hoy la más fuerte defensa del libre comercio jamás producida. Su causa fue construida sobre miríadas de conceptos económicos, pero a lo que la causa del libre comercio vino realmente a reducirse fue a que ``nunca ha sido una cuestión de deberes consuetudinarios, sino una cuestión de lo correcto, de la justicia, del orden público, de la propiedad. Porque el privilegio [creado por el gobierno], bajo cualquier forma que se manifieste, implica la negación o el desprecio de los derechos de propiedad''. Y ``el derecho a la propiedad, una vez debilitado en una forma, pronto sería atacado en miles de formas diferentes.''

En Sofismas Económicos, Bastiat creó magistralmente la más completa defensa del libre comercio jamás construida hasta ese tiempo, en que aplicó conceptos económicos como las ventajas mutuas del comercio voluntario, la ley de ventaja comparativa, los beneficios de la competencia para el productor tanto como para el consumidor y el vínculo histórico entre barreras comerciales y guerra. El libre comercio, explicaba Bastiat, significaría ``una abundancia de bienes y servicios a más bajos precios; más trabajos para más gente a mayores salarios reales; mayores ganancias para los manufactureros; un más alto nivel de vida para los agricultores; más ingreso para el Estado en la forma de impuestos a los niveles acostumbrados o inferiores; el más productivo uso del capital, del trabajo y de los recursos naturales; el fin de la ``lucha de clases'' que... estaba basada primariamente en injusticias económicas como tarifas, monopolios y otras distorsiones legales del mercado; el fin de la ``política suicida'' del colonialismo''; la abolición de la guerra como una política nacional; y la mejor educación posible, vivienda y cuidado médico para toda la gente.''

Bastiat fue un genio explicando todos estos principios y consecuencias económicas por el uso de la sátira y las parábolas, la más famosa de las cuales es ``La petición de los Fabricantes de Candelas'', que ``pedían'' una ley que mandara ``cubrir todas las ventanas y tragaluces y otras aperturas, huecos y rendijas a través de las que la luz del sol era capaz de entrar en las casas. Esta luz solar gratuita está arruinando el negocio de nosotros, los dignos fabricantes de candelas''.

Otra de las sátiras más memorables de Bastiat es su destrucción del argumento proteccionista de que una ``balanza de comercio'' es necesariamente deseable. Un comerciante francés dice tener embarcados $50,000 en bienes a los E.U.A., los vendió con una ganancia de $17,000 y compró $67,000 en algodón de E.U.A., que entonces importó a Francia. Ya que Francia ha importando entonces más de lo que exportó, sufrió una ``desfavorable'' balanza de comercio. Una más ``favorable'' situación, escribe sarcásticamente Bastiat, hubiera sido en la que el comerciante intentara una transacción en E.UA., pero su barco se hubiera hundido por una tormenta como había salido del puerto. La casa aduanera en el puerto podría entonces haber registrado más exportaciones que importaciones, creando un muy ``favorable'' balanza de comercio. Pero ya que las tormentas son poco de fiar, razona Bastiat, la ``mejor'' política sería tener al gobierno arrojando todos los bienes comerciales en el mar en tanto dejan los puertos franceses, ¡garantizando con ello ``una favorable balanza comercial''! Es este tipo de despliegue de genio literario lo que debe haber motivado a Henry Hazlitt a tomar la capa caída de Bastiat un siglo después de su muerte.

Legado intelectual de Bastiat a la escuela austríaca

Los escritos de Bastiat constituyen un Puente intelectual entre las ideas de los economistas pre-austríacos, tales como Say, Cantillon, de Tracy, Comte, Turgot y Quesnay, y la tradición austríaca de Carl Menger y sus estudiantes. Fue también un modelo de erudición para aquellos austríacos que creyeron que la educación económica general, especialmente la clase de educación económica que echa por tierra las miríadas de mitos ysupersticiones creadas por el Estado y sus apologistas intelectuales, es una función esencial (si no obligación) del economista. Mises tuvo un soberbio papel modelo a este respecto, como lo fueron Henry Hazlitt y Murray Rothbard, entre otros economistas austríacos. Como Mises dijo, los primeros economistas ``dedicados ellos mismos al estudio de los problemas de economía'' y en ``leer y escribir libros siendo vehementes en comunicar a sus conciudadanos los resultados de su pensamiento. Intentaron influir la opinión pública para hacer examinar las políticas prevalecientes''.

Hoy en día, la obra de Bastiat no es apreciada tanto como debería porque, como Murray Rothbard explicó, la inmoderada crítica actual de la libertad económica ``encuentra difícil creer que alguien que está ardiente y consistentemente en favor del laissez-faire pudiera ser posiblemente un importante erudito y teórico económico.'' Es extraño que incluso algunos economistas austríacos contemporáneos parecen creer que el acto de comunicar las ideas económicas, especialmente las ideas de política económica, al público general es algo indigno de un practicante de la ``ciencia económica''. Pero ese es exactamente el modelo de erudición que Mises mismo adoptó, que fue llevado adelante más agresiva y más brillantemente por Murray Rothbard, todos en la tradición del gran economista franco austríaco, Frédéric Bastiat.

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miércoles, agosto 10, 2005

John Locke, la raíz filosófica


Pensador inglés (Wrington, Somerset, 1632 - Oaks, Essex, 1704). Este hombre polifacético estudió en la Universidad de Oxford, en donde se doctoró en 1658. Aunque su especialidad era la Medicina y mantuvo relaciones con reputados científicos de la época (como Isaac Newton), John Locke fue también diplomático, teólogo, economista, profesor de griego antiguo y de retórica, y alcanzó renombre por sus escritos filosóficos, en los que sentó las bases del pensamiento político liberal.

Locke se acercó a tales ideas como médico y secretario que fue del conde de Shaftesbury, líder del partido Whig, adversario del absolutismo monárquico en la Inglaterra de Carlos II y de Jacobo II. Convertido a la defensa del poder parlamentario, el propio Locke fue perseguido y tuvo que refugiarse en Holanda, de donde regresó tras el triunfo de la «Gloriosa Revolución» inglesa de 1688.

Locke fue uno de los grandes ideólogos de las elites protestantes inglesas que, agrupadas en torno a los whigs, llegaron a controlar el Estado en virtud de aquella revolución; y, en consecuencia, su pensamiento ha ejercido una influencia decisiva sobre la constitución política del Reino Unido hasta la actualidad. Defendió la tolerancia religiosa hacia todas las sectas protestantes e incluso a las religiones no cristianas; pero el carácter interesado y parcial de su liberalismo quedó de manifiesto al excluir del derecho a la tolerancia tanto a los ateos como a los católicos (siendo el enfrentamiento de estos últimos con los protestantes la clave de los conflictos religiosos que venían desangrando a las islas Británicas y a Europa entera).
En su obra más trascendente, Dos ensayos sobre el gobierno civil (1690), sentó los principios básicos del constitucionalismo liberal, al postular que todo hombre nace dotado de unos derechos naturales que el Estado tiene como misión proteger: fundamentalmente, la vida, la libertad y la propiedad. Partiendo del pensamiento de Hobbes, Locke apoyó la idea de que el Estado nace de un «contrato social» originario, rechazando la doctrina tradicional del origen divino del poder; pero, a diferencia de Hobbes, argumentó que dicho pacto no conducía a la monarquía absoluta, sino que era revocable y sólo podía conducir a un gobierno limitado.

La autoridad de los Estados resultaba de la voluntad de los ciudadanos, que quedarían desligados del deber de obediencia en cuanto sus gobernantes conculcaran esos derechos naturales inalienables. El pueblo no sólo tendría así el derecho de modificar el poder legislativo según su criterio (idea de donde proviene la práctica de las elecciones periódicas en los Estados liberales), sino también la de derrocar a los gobernantes deslegitimados por un ejercicio tiránico del poder (idea en la que se apoyaron Jefferson y los revolucionarios norteamericanos para rebelarse contra Gran Bretaña en 1776, así como los revolucionarios franceses para alzarse contra el absolutismo de Luis XVI en 1789).

Locke defendió la separación de poderes como forma de equilibrarlos entre sí e impedir que ninguno degenerara hacia el despotismo; pero, al inclinarse por la supremacía de un poder legislativo representativo de la mayoría, se le puede considerar también un teórico de la democracia, hacia la que acabarían evolucionando los regímenes liberales. Por legítimo que fuera, sin embargo, ningún poder debería sobrepasar determinados límites (de ahí la idea de ponerlos por escrito en una Constitución).

Este tipo de ideas inspiraron al liberalismo anglosajón (reflejándose puntualmente en las constituciones de Gran Bretaña y Estados Unidos) e, indirectamente, también al del resto del mundo (a través de ilustrados franceses, como Montesquieu o Voltaire). Menos incidencia tuvo el pensamiento propiamente filosófico de Locke, basado en una teoría del conocimiento empirista inspirada en Bacon y en Descartes.

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Juan Bautista Alberdi, un Argentino diferente


Nació en Tucumán el 20 de agosto de 1810; una placa colocada en la respectiva casa recuerda hoy el acontecimiento. Era hijo del comerciante vizcaíno don Salvador Alberdi, entusiasta lector de Rousseau y amigo de Belgrano, quién más de una vez sentó al niño sobre sus rodillas. La madre, doña Josefa Aráoz, pertenecía a una antigua familia criolla.

Trasladado a Buenos Aires, estudia en el Colegio de Ciencias Morales; interrumpe los estudios y trabaja en la tienda de Maldes, pero vuelve después al Colegio, donde lo cautiva la música, que es el primero de sus amores. En la Universidad porteña acredita sobresalientes aptitudes en filosofía. Cursa derecho en Buenos Aires y en Córdoba; termina la carrera en 1838. Sus primeros trabajos de publicista se refieren a la música (1832). En 1837 edita su Fragmento preliminar al estudio del derecho, donde ya se hace presente una mentalidad fuerte. En 1837 dirige La Moda, ágil periódico de aguda crítica y amigo de la música, arte al que Alberdi brinda varias composiciones.

Actúa brillantemente en el Salón Literario y en la Asociación de Mayo y, a fines de 1838, emigra a Montevideo, por propia voluntad, según declara. En la vecina orilla ejerce el derecho y el periodismo; interviene en la redacción de varios periódicos y es secretario de Lavalle, hasta que se separa de él por disentir en cuanto al rumbo a imprimirse al ejército. En 1834 se embarca en el Edén, en compañía de su fraternal amigo don Juan María Gutiérrez; visitan el viejo continente. A bordo escribe un poema en prosa, puesto en verso por Gutiérrez. 1844 retorna a América; desde Río de Janeiro va directamente a Chile. Allí abre estudio de abogado; pronto se convierte en el más acreditado jurisconsulto de Valparaíso. En Chile cumbe también su fama de escritor. Sostiene con la pluma al presidente de la República, general Bulnes. En ése período su trabajo de más vuelo es Memoria sobre el Congreso General Americano (1884), donde apuntan ideas proféticas.

Cuando Rosas cae, se apresura a escribir un libro orientador: Las Bases (mayo de 1852), ampliadas en la 2a edición (julio del mismo año). Es su obra cumbre, identificada, identificada, con el texto y espíritu de la Constitución nacional, que inspirara traduciendo magistralmente el ideario de los emigrados, genuina continuación del sustentado por la generación de Mayo. Sostiene la célebre polémica con Sarmiento. Da a luz los Elemento del Derecho Público Provincial (1853) y Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina (1854), obra de gran valor. Durante siete años (1855-1862) es diplomático viajero: representa a la Confederación ante varios gobiernos europeos y los Estados Unidos. Obtiene el reconocimiento de nuestra independencia por España. Al reorganizarse los poderes de la República es separado del cargo, medida que le entristece y le amarga sobremanera. Desde entonces renueva, en todas formas, enconados ataques contra Mitre y Sarmiento. Elegido diputado por Tucumán al Congreso Nacional, vuelve a la patria al año siguiente, tras de cuarenta años de ausencia: ausencia que, por lo prolongada, le hace daño y agría su carácter y, a ratos, la visión de nuestras cosas. Se le atributa una recepción muy emotiva y se reconcilia con sus habituales adversarios. Asiste a los agitados sucesos del 80. Septuagenario, con la rapidez de la juventud (apenas en cuatro semanas), compone su libro: La República Argentina consolidada en 1880. En sus páginas saluda la unidad definitiva que acaba de conseguirse con la federalización de Buenos Aires.

El anciano pierde a esas alturas sus energías polémicas y, ante nuevos ataques de que es objeto, con motivo de su proyectada designación de ministro diplomático y de la edición oficial de sus Obras, resuelve volver a su apacible rincón de Francia. Sus últimos años son muy penosos; para vivir acepta el cargo de comisario argentino de inmigración en París. Por razones de salud, lo renuncia posteriormente. Soporta unos días espantosos y fallece en una lóbrega casa de sanidad de Neuilly, Francia, el 19 de julio de 1884, conforme lo acredita el acta de defunción, y no el 18, según asientan casi todos sus biógrafos.

Sus Obras completas llenan ocho gruesos volúmenes y las Póstumas, dieciséis. Entre las últimas se cuenta El crimen de la guerra, escrita en 1870 y vertida al inglés, libro monumental, de perenne vitalidad, que con las Bases harían la reputación de los más altos pensadores europeos y norteamericanos del siglo XIX

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martes, agosto 09, 2005

Santo Tomás de Aquino, la raíz cristiana


Nació en Roccasecca, cerca de Aquino, Nápoles. El hijo menor de 12 hijos del Conde Landulf de Aquino. Sus primeros estudios fueron con los benedictinos en Montecassino, cerca del castillo de sus padres.

Continúa por cinco años en la Universidad de Nápoles. Allí supera a todos sus compañeros y se demuestra su portentosa inteligencia. Conoce a los Padres Dominicos (comunidad recién fundada) y entra con ellos pero su familia se opone. Trata de huir hacia Alemania, pero por el camino lo sorprenden sus hermanos, lo apresan en el castillo de Rocaseca por dos años. Aprovecha el tiempo en la cárcel estudiando la Biblia y la teología.

Los hermanos, al ver que no logran convencerle contra su vocación, le envían a una mujer de mala vida para que lo haga pecar. Tomás la confronta con un tizón encendido y la amenaza con quemarle el rostro si se atreve a acercársele. La mujer huyó espantada.

Después de su liberación, Tomas fue enviado a Colonia, Alemania, donde estudió bajo el Padre Dominico San Alberto Magno. Los compañeros al, ver a Tomás tan robusto y silencioso, lo tomaron por tonto, por lo que le pusieron como apodo: "El buey mudo". Pero un día, uno de sus compañeros leyó los apuntes de este joven estudiante y se los presentó a San Alberto. Al leerlos, este les dijo a los estudiantes: "Ustedes lo llaman el buey mudo. Pero este buey llenará un día con sus mugidos el mundo entero". Mas aun que su sabiduría destacaba su devoción. Pasaba horas en oración y tenía un profundo amor a la Eucaristía.

Recibió el doctorado de teología en la Universidad de París y a los 27 años es maestro en París (1252-1260). En 1259 el Papa lo llama a Italia donde por siete años recorre el país predicando y enseñando. En Orvieto (1261-1264), en Roma (1265-1267), en Viterbo (1268), en París (1269-1271) y en Nápoles (1272-1274). Sus clases de teología y filosofía son las más concurridas de la Universidad. El rey San Luis lo estima tanto que lo consulta en todos los asuntos de importancia. En una ocasión, en la Universidad se traba una discusión acerca de la Eucaristía. Al no lograr ponerse de acuerdo, ambos bandos aceptan recurrir a Tomás para que diga la última palabra. Lo que él dice es aceptado por todos.

En 4 años escribe su obra más famosa: "La Suma Teológica", obra maestra de 14 tomos. Fundamentándose en la Sagrada Escritura, la filosofía, la teología y la doctrina de los santos, explica todas las enseñanzas católicas. La importancia de esta obra es enorme. El Concilio de Trento contaba con tres libros de consulta principal: la Sagrada Biblia, los Decretos de los Papas, y la Suma Teológica de Santo Tomás.

Santo Tomás logró introducir la filosofía de Aristóteles en las universidades.

Su humildad: Según el santo, el aprendió más arrodillándose delante del crucifijo que en la lectura de los libros. Su secretario Reginaldo afirmaba que la admirable ciencia de Santo Tomás provenía más de sus oraciones que de su ingenio. Aun en las más acaloradas discusiones exponía sus ideas con gran respeto y total calma; jamás se dejó llevar por la cólera aunque los adversarios lo ofendieran fuertemente. Su lema en el trato era: "Tratad a los demás como deseáis que los demás os traten a vosotros".

Amor a la Eucaristía
El Papa le encargó que escribiera los himnos para la Fiesta Corpus Christi. Así compuso el Pangelingua y el Tantumergo y varios otros cantos Eucarísticos clásicos.

Habiendo escrito Tomás bellos tratados acerca de Jesús Eucarístico, Jesús le dijo en visión: "Tomás, has hablado bien de Mi. ¿Qué quieres a cambio?". Respondió Tomás: "Señor: lo único que yo quiero es amarte, amarte mucho, y agradarte cada vez más".

Su devoción por la Virgen María era muy grande. En el margen de sus cuadernos escribía: "Dios te salve María". Compuso un tratado acerca del Ave María.

Su visión económica
El pensamiento económico de Aquino es inseparable de su comprensión de la ley natural. Entendió la ley natural como una ética derivada de las características fundamentales del ser humano. Esas características pueden ser entendidas como la voluntad de Dios para la creación. Así, un acto ilegítimo sería aquel que pervirtiera los designios de Dios respecto a una parte de su creación. De acuerdo con Aquino, las transacciones económicas deben de ser consideradas dentro de este marco, puesto que son un intento humano de adquirir materias que provee la naturaleza para lograr ciertos fines.

La propiedad privada es una institución económica deseable porque complementa el deseo interno del hombre por el orden. "Por lo tanto la propiedad no es contraria a la ley natural" , escribe Aquino en la Summa Theologica, " sino un añadido creado por la razón humana". Sin embargo el Estado tiene autoridad para asegurar el marco legal que permite la vida comercial, haciendo cumplir la ley, prohibiendo el robo, la violencia y el fraude. De este modo, el derecho civil es el producto de una reflexión sobre la ley natural. Además, Aquino creía que la propiedad privada es la mejor garantía para una sociedad pacífica y ordenada, debido a que provee los máximos incentivos para un uso responsable de la propiedad.

Aquino ayudo a suavizar la tradicionalmente negativa imagen del comercio que caracterizaba, por ejemplo, al pensamiento Patricio. Para Aquino, el comercio en si mismo no es malo sino que, más bien, su valor moral depende de los motivos y la conducta del comerciante. Además, el riesgo asociado con traer bienes de donde son abundantes a donde son escasos justifica el beneficio mercantil. Sin embargo el comerciante debe dirigir sus beneficios hacia fines virtuosos.

Final
El Sumo Pontífice lo envió al Concilio de Lyon, pero enfermó cerca de Roma y lo recibieron en el monasterio cisterciense de Fosanova. Cuando le llevaron por última vez la Sagrada Comunión exclamó: "Ahora te recibo a Ti mi Jesús, que pagaste con tu sangre el precio de la redención de mi alma. Todas las enseñanzas que escribí manifiestan mi fe en Jesucristo y mi amor por la Santa Iglesia Católica, de quien me profeso hijo obediente". Allí murió el 7 de marzo de 1274 a la edad de 49 años. Sus restos fueron llevados solemnemente a la Catedral de Tolouse un 28 de enero, fecha en la que se celebra su fiesta.

Canonizado en 1323, declarado Doctor de la Iglesia en 1567 y patrón de las universidades católicas y centros de estudio en 1880.
Contenido de su Summa Teológica

Una declaración completa y con autoridad del pensa-miento económico medieval puede encontrarse en los escritos de Santo Tomás de Aquino (1225-74), que constituyen una estructura integral y consistente de pensamiento que busca la reconciliación de la Fe y el conocimiento racional, una síntesis de la Doctrina Cristiana tal como surgió después de mil años de Aristotelismo.

En el método escolástico, que Santo Tomás llevó a la perfección, se plantea una cuestión, la cual es seguida por una exposición justa, detallada y citando a las autoridades, del punto de vista a refutar o re interpretar. Luego se da la respuesta, y los puntos de vista contrarios son objeto de crítica, nuevamente con amplitud de citas.

Propiedad privada

Las doctrinas económicas de Santo Tomás cubren asuntos tales como la institución de la propiedad privada, el justo precio, la prohibición de la usura, asuntos que formaban el núcleo del pensamiento económico medieval. Sobre la propie-dad privada, Santo Tomás establece que la institución está de acuerdo con la ley natural, puede ser regulada por el gobierno, el propietario está bajo el deber de compartir el uso de sus posesiones con otros, y la propiedad comunal se reserva solo para aquellos que desean conducir una vida de perfección.

La propiedad privada no es contraria a la ley natural

Algunos de los pensamientos de Santo Tomás sobre la propiedad privada están en su "Tratado Sobre la Ley" que es parte de la "Summa Teológica". Santo Tomás concilia la enseñanza de los Padres de la Iglesia que enseñaban que todos los bienes son comunes a todos los hombres con la de Aristóteles que escribió una defensa enérgica de la propie-dad privada. Santo Tomás afirma que ciertas cosas pertenecen a la ley natural porque no se encuentra su contrario en la naturaleza.

Reglamentacion de la propiedad

Santo Tomás aprueba la reglamentación de la propiedad privada por parte del gobierno para el bien común. Santo Tomás no establece preferencia alguna hacia una distribución igualitaria de la propiedad privada, ni establece un derecho absoluto del propietario contra el estado.

La mayordomia de la riqueza

Santo Tomás mantiene que existen dos aspectos respecto a las propiedades, primero su adquisición y disposición; segundo su uso. Con respecto a la adquisición y disposición se justifica la propiedad privada sobre la base de las razones dadas por Aristóteles. Respecto al uso de las pose-siones, Santo Tomás insiste en que debe permitirse a otros participar en ellas. Este deber, que refleja la idea de la mayordomía de la riqueza, puede ser cumplido mediante actos de caridad, liberalidad, y magnificencia. En un pasaje de sus escritos discute el deber de compartir con otros las propiedades cuando la ley humana es suspendida bajo con-diciones de urgente necesidad, cuando la apropiación de los bienes deja de ser un robo.

La redencion del negocio

La rehabilitación de la propiedad fue acompañada de la rehabilitación del hombre de negocios. El Eclesiástico (27:2) enseñaba: "como un clavo se encaja entre las grietas de las piedras, así se encaja el pecado entre el comprar y el vender", y los Padres expresaban de manera similar su preocupación acerca de las múltiples tentaciones a que se ve expuesto el comerciante por su actividad. San Agustín no cierra totalmente la puerta a la redención del hombre de negocios cuando aprueba la distinción entre el mercader y su actividad: la avaricia y el fraude son vicios del hombre, no de la actividad, la cual puede ser llevada a cabo sin tales vicios."

Durante la última parte de la Edad Media las autoridades legales y teológicas estaban dispuestas a dar reconocimiento a la importancia funcional del comerciante en una economía que había llegado a ser más desarrollada y compleja y solo podría prescindir de los servicios del comerciante al costo de revertir a unas formas de vida económica más primi-tivas, tales como el trueque y la producción para el uso inmediato del productor. Existe una razón más profunda, sin embargo, para la disposición de los últimos medievalistas para aceptar al comerciante y sus servicios. El punto no es tanto que su actitud difiera de la tradición Patrística sino que las enseñanzas de los Padres habían sido dirigidas a un mundo que era todavía pagano y gradualmente dejaba de serlo. Existían sin embargo, restricciones legales y espirituales, para moderar la ambición y la avaricia. Como el comerciante era un fiel creyente y operaba bajo todas las restricciones impuestas al creyente, la comunidad de creyentes podía aceptarlo.

En el Siglo XIII, cuando Santo Tomás escribe su Summa, los canonistas y escolásticos no encuentran falta en los ganancias del mercader que pueden ser interpretadas como un pago por su trabajo y gastos. La Escritura ha hablado de que es digno el obrero de su salario, y la justicia demanda una remuneración justa por el mismo. Este pensamiento fue a-plicado al trabajo dependiente así como al de los artesanos independientes que llevaban a cabo servicios que implicaban la transformación tangible de los bienes. En el caso de las actividades mercantiles en las que no tenía lugar tal trans-formación, no fue difícil extender la idea a los servicios de transporte, almacenaje y cuidado. Se veía la transpor-tación como la función más importante del comerciante, la cual a menudo solo podía cumplir asumiendo graves riesgos, y el riesgo a su vez llegó a ser reconocido como otro concepto cargable a los gastos del comerciante.

Otro problema más difícil era el tratamiento de la parte del ingreso del negocio que no era identificable con el trabajo y los gastos en el sentido que acaba de descri-birse. Nuevamente aquí los canonistas y escolásticos mostra-ron el camino para la rehabilitación de las utilidades del negocio estableciendo como criterio la intención o motivo del comerciante. Tres motivos de justificación se reconocieron. El uso de las utilidades para autosubsistencia, el uso de las utilidades para la caridad, y la intención de llevar a cabo los negocios como un servicio al proporcionar los bienes al público.

En la Summa Santo Tomás plantea la cuestión: "¿en el comercio es legítimo vender algo por más de lo que se pagó por ello ?". Santo Tomás primero define la función del comerciante como el acto de involucrarse en el intercambio. Establece que la utilidad en sí misma no es reprensible ni motivo de alabanza sino moralmente neutra. Se hace legítima, o por lo menos se hace la utilidad moderada, si el comerciante persigue un propósito necesario y honorable, tal como la automanutención, la caridad o el servicio público.

El justo precio

La cuestión de la legitimidad del comercio y las utili-dades derivadas de él se presentaría más frecuentemente ante el foro de la conciencia del comerciante, para ser resuelto por su consejero espiritual más que un tribunal eclesiástico o civil.

La situación era diferente respecto a otro problema importante en la economía medieval, el justo precio. Aquí los legisladores canonistas y civiles tenían ante sí la tradición del Derecho Romano con su principio de la "viola-ción excesiva" expandido por la práctica medieval. El Dere-cho Romano clásico en principio mantenía la libertad de contratación y negociación y no colocaba mayor restricción sobre el precio a que podrían llegar los negociadores. La violación excesiva era una excepción muy estrecha a esta regla, aplicable solamente a transacciones con tierras y con precios que fueran indebidamente bajos. En la doctrina legal medieval la regla de la violación excesiva fue más amplia y llegó a ser posible presentar ante las cortes la cuestión de la validez de cualquier transacción en la que se hubiera cargado al comprador más del cincuenta por ciento del justo precio o el vendedor hubiera aceptado menos de la mitad del mismo.

La discusión del justo precio por Santo Tomás se en-cuentra en la Summa bajo la cuestión "¿puede un hombre vender legítimamente una cosa por más de lo que vale?". El valor de un bien es su precio justo, y si el precio de venta se desvía de él, el comprador o el vendedor, según el caso, debe restituir. La desviación debe ser considerable. Este último requisito es debido a que el justo precio no es algo "definitivo y absoluto" sino el resultado de una estimación.

La divergencia entre la ley civil y la prohibición más estricta adoptada en la Doctrina Teológica es explicada por Santo Tomás por la diferencia fundamental entre la ley humana y la Ley Divina.
La primera postula un "mínimo ético", mientras que la segunda no deja sin castigo nada contrario a la virtud.

El justo precio era el precio corriente prevaleciente en un lugar dado en un tiempo dado, a determinarse por la estimación de una persona recta.

El requerimiento de que el precio sea justo es derivado por Santo Tomás de la regla dorada sobre la naturaleza del intercambio. La Escritura manda: "todo lo que quieras que hagan para ti, hazlo tu también para ellos" (Mat. 7:12). Puesto que nadie desea adquirir un bien a un precio excesivo sobre su valor, nadie debe tratar de venderlo por más de lo que vale. Más aún, y aquí hay referencias que se encuentran en la Política y en la Ética de Aristóteles, los intercam-bios han sido instituidos para ventaja común del comprador y el vendedor. No deben ser una carga más para uno que para el otro, y el contrato entre ellos debe estar basado en la igualdad de las cosas. "El valor de una cosa que se pone para uso humano es medido por el precio dado; y para este propósito fue inventado el dinero como se explicó en la Ética. Por tanto, bien sea que el precio exceda el valor de la cosa o viceversa, falta la igualdad requerida por la justicia".

La cuestión general, qué es la justicia, y la especial, qué es el justo precio, nunca han dejado de ser premisas inquietantes para el estudioso. Algunos han dicho que Santo Tomás fue un precursor de la teoría del valor-trabajo, que fue doctrina económica aceptada hasta fines del siglo XIX. Otros lo han interpretado como un exponente de la teoría subjetiva del valor, que considera el valor económico de un bien como derivado de su utilidad. No hay ningún pasaje en la Summa que indique que Santo Tomás implica que el valor de un bien sea igual a la cantidad de trabajo agregado en él. Más aún, enfatiza el punto de vista aristotélico y patrísti-co de que el valor de un bien está reflejado por su utili-dad, y su precio por la demanda o la necesidad.

El sistema de precios medieval

Santo Tomás escribió también un comentario a la Ética de Aristóteles. En estos comentarios, se adscriben las diferencias en el valor de los bienes a factores subjetivos y objetivos, esto es diferencias en su capacidad de satis-facer las necesidades y en la cantidad de trabajo y gastos utilizados en su producción.

Los estudiosos modernos han interpretado estos pasajes, junto con otros de Alberto el Grande, maestro de Santo Tomás, señalando el justo precio como algo funcional, esto es, como un instrumento para facilitar la operación del sistema medieval de precios. Según este punto de vista ambos contemplan valores que surgen de valuaciones subjetivas de los mercaderes individuales que se vuelven objetivas como un "estimado común", reflejando las cualidades objetivas de los bienes y midiendo el valor de los servicios involucrados en ellos. Ambos afirman que la vida social está basada en la especialización del intercambio. No habría intercambio y la sociedad se hundiría si los productores no reciben un justo precio que cubra su trabajo y gastos.
Así el justo precio llega a ser un instrumento que facilita la descarga de funciones especializadas. Su tendencia es conservar el orden de la sociedad medieval, con su estructura ocupacional de costumbre y los niveles tradicio-nales de vida de cada grupo no competitivo, y protegerla de los monopolistas y de las fuerzas de una competencia irrestricta.

Regulacion de precios

Debe recordarse que en el mundo medieval muchos precios estaban sujetos a reglamentación por parte de las autoridades y los grupos ocupacionales. Cuando era obligatorio tal precio regulado, la adherencia al mismo se consideraba que cumplía con el requerimiento del justo precio.

El pecado de la usura

La prohibición medieval del interés es contraria a las ideas del Derecho Romano que permitía una tasa del 12% anual en préstamos monetarios y del 50% en préstamos en especie. La doctrina medieval del interés, derivada de las enseñanzas de los Padres, tiene su confirmación en varios pasajes del Antiguo Testamento y en las palabras de Jesús, citado por Lucas 6:35 "presta libremente, sin esperar nada a cambio".

En 325 el Concilio de Nicea negó a los clérigos la toma de intereses sobre los préstamos de todas las clases y en 789 ocurrió la primera instancia de legislación civil cuando Carlomagno prohibió la usura por parte de clérigos y laicos. Carlomagno definía la usura en términos generales, como "pedir a cambio más de lo que se da". En 1139 el Segun-do Concilio de Letrán expresamente prohibió toda usura. Desde entonces canonistas y teólogos dieron creciente aten-ción a la usura interpretándola como una violación a la ley natural y a la justicia o como un pecado de avaricia o falta de caridad.

Esta actitud hacia el interés no puede explicarse en términos de ventajas para la Iglesia puesto que la prohibi-ción era más bien una desventaja económica porque los cléri-gos eran más prestadores que acreditados. Por cuanto toca a la economía en general, la sociedad medieval era primitiva y predominantemente agraria, para la cual era muy adecuada la prohibición del interés.

Santo Tomás re define la doctrina de la usura. Sobre la base de conceptos derivados del Derecho Romano se establece una distinción entre bienes consumibles y no consumibles, y entre un préstamo y un arrendamiento. Una casa o una granja pueden rentarse porque su uso produce un usufructo o ren-dimiento. Bajo los términos del contrato el arrendador puede no solo recibir a cambio el bien rentado sino también el importe de la renta. No es así en el caso de un préstamo de bienes consumibles, como vino o grano, que no rinden un usufructo o rendimiento como la casa o la granja. Así, si el prestador de tales bienes pide de regreso más de lo que prestó, estaría pidiendo más de lo que existe, esto es, un rendimiento más allá del proporcionado por su uso. Al hacer-lo, viola la justicia.

Respecto al dinero, su propósito principal, como dijo Aristóteles, es servir como medio de intercambio siendo gastado o consumido. Es un bien consumible, y se prohibe al prestador de dinero pedir de regreso un exceso sobre el importe prestado, como en el caso del vino o el grano.
Santo Tomás estaba consciente de que los precios cam-bian a través del tiempo, pero le era extraña la noción de que el mero paso del tiempo da un valor futuro a los bienes dife-rente del valor presente.

Titulos de interes extrinseco

La teoría de la usura de Santo Tomás es así, más aplicable de manera inmediata a los préstamos para el consumo que a los arreglos destinados a facilitar el uso productivo del capital. Estos no quedan desde luego excluidos de la prohibición de la usura porque el capitalista, en lugar de poner disponibles los fondos en forma de crédito, tiene la libertad de escoger otras formas legales tales como la sociedad o la asociación, bajo las cuales los socios comparten pérdidas y ganancias.
Todavía mas, aún si el arreglo tuviera la forma de un crédito y no pudiera demandarse legalmente ningún interés bajo el título intrínseco del préstamo mismo, existirían títulos extrínsecos bajo los cuales el acreedor podría recibir un rendimiento sobre el principal. Uno de estos títulos extrínsecos se deriva de la doctrina de damnum emergens, el "daño sufrido," la cual era explícitamente aceptado por Santo Tomás y bajo el cual el acreedor podía reclamar compensaciones por las pérdidas incurridas al tener que separarse de sus fondos. Santo Tomás excluye de tal compensación las pérdidas incurridas por el acreedor al no tener la oportunidad de colocar el importe del préstamo en un uso lucrativo - lucrum cessans, "ganancia escapada."

Un título extrínseco relacionado, explícitamente apro-bado por Santo Tomás, era la mora. El deudor que dejaba de cubrir sus obligaciones oportunamente debía al acreedor una compensación por la demora. Este arreglo abrió la puerta a la evasión a la prohibición de la usura, por ejemplo simulando un plazo muy corto para el crédito y una mora temprana para el deudor.

Otro título extrínseco, periculum sortis, el "riesgo," se permitía sólo en circunstancias muy estrechas. El riesgo aquel por cuya asunción el acreedor podría pedir compen-sación no era la mera posibilidad de que el deudor pudiera dejar de pagar el principal. Solo era permitido en casos de fracaso de una empresa conjunta, ya que no era riesgo prove-niente de un contrato de crédito sino una de asociación, en el que se compartían pérdidas y ganancias.

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lunes, agosto 08, 2005

Francisco de Miranda El Venezolano Universal


He decidido iniciar este blog con la que considero la figura más importantes del Liberalismo venezolano, el Generalisimo Francisco de Miranda, quien en vida hiciese gala de un pensamiento liberal intachable y cuya imagen es mal utilizada en la actualidad por elementos de la izquierda más propios de Bolívar y los jacobinos corta cabezas.
El autor de esta detallada biografía es el Dr. Fernando Delgado, a quien solo puedo reprocharle el hecho de querer dar sepultura a una figura tan amiga de la Libertad como Miranda junto con otros de tan poca talla como Bolívar, Sucre, Rodríguez o Urdaneta quienes no comprendian el ideario Liberal.
I.- Infancia y juventud
Cuando nació Sebastián Francisco de Miranda, el 28 de marzo de 1750, (hijo de Don Sebastián de Miranda y Ravelo, canario, llegado en su temprana juventud a Venezuela, y Francisca Antonia Rodríguez Espinosa, caraqueña hija de caraqueños), su ciudad natal, estaba muy lejos de ser una ciudad pequeña y tranquila medio aislada del mundo. En plena era colonial, la población bullía dividida desde muchos puntos de vista, no sólo el racial, sino hasta por la procedencia. Así entre los blancos los había peninsulares, blancos criollos y blancos "de orilla".Los peninsulares eran los nativos de la península Ibérica, orgullosos y vanidosos que se creían blancos puros nada más que por razones de ubicación geográfica, siendo la realidad que los españoles eran y son un pueblo mestizo, crisol mezcla de muchísimas sangres decantado a lo largo de no mucho tiempo. Eso sí, enemigos del trabajo. Los blancos criollos eran los hijos de los peninsulares nacidos en nuestra América y aunque el régimen colonial no les permitía acceder a grandes cargos políticos (que se reservaban para los peninsulares), eran ricos pues heredaron de sus padres el fruto de la explotación inmisericorde de la riqueza de América y entre nosotros de la explotación agrícola con los indígenas y los negros actuando como esclavos en el cultivo del cacao, café, añil y otros productos. Como era de esperarse, tampoco los criollos eran afectos al trabajo, pues las herencias de sus padres les libraba de tal necesidad. Es más, consideraban la riqueza proveniente del trabajo como algo deshonroso, algo que necesitaban quienes no tenían estirpe. Los blancos "de orilla" eran los canarios provenientes, como su nombre lo indica, del archipiélago africano de Las Canarias. Eran tratados como gentes de segunda categoría y, por haber venido después de la dominación de nuestro país, carecían de los "títulos nobiliarios" obtenidos durante la dominación de América, por tanto, no tenían nada qué heredar, por lo que debían trabajar, lo que permitió a muchos de ellos llegar a la abundancia.Precisamente ese fue el caso de Don Sebastián, quien era un acaudalado comerciante, que por sus "servicios al Rey" había recibido el título de Capitán de Milicias, más honorífico que militar, pero una distinción al fin y al cabo. Esa riqueza le permitió a su hijo caraqueño no poco del disfrute de sus viajes sin preocupaciones económicas, al menos en las primeras etapas de su estancia en Europa.El hecho de ser "blanco de orilla" no permitía abrigar esperanzas a los Miranda sobre el futuro de Francisco en Venezuela. Así, en 1771, partió para España, entrado, irónicamente, por el puerto de Cádiz, donde le esperaba un corresponsal cliente de Don Sebastián quien proveyó los gastos de estadía en España producto de las ganancias netas producidas por la exportación de cacao. En marzo de ese año llegó a la ciudad de Madrid. Durante todo ese tiempo se dedicó a cultivarse, a aprender francés y matemáticas y a recorrer palacios y museos. Pasó más de un año en este proceso de asimilación de la "madre patria" y en noviembre de 1772 hizo su primera solicitud de ingreso al ejército de España, con el título de Coronel y además adquirió el título de Conde de Miranda (al menos pagó el precio). En esa época cambia su nombre de Sebastián Francisco por el de Francisco a secas, pues un hermano menor del mismo nombre, Francisco Antonio, había fallecido en Caracas.
II.- Melilla
Don Sebastián, desde Caracas, contrató los servicios de un Cronista de la Corte, quien hizo aparecer a los Miranda como descendientes de magníficos guerreros a los cuales debía mucho España. Este impresionante documento, obra de la fantasía del cronista, más ocho mil pesos, obraron el efecto esperado y Francisco obtuvo su adhesión al ejército español como capitán de un batallón del Regimiento de Infantería de la Princesa (7 de diciembre de 1772). Sin embargo el inquieto Capitán Miranda no estaba contento con su pequeño cargo y aprovechó el reclutamiento de oficiales para servir en Melilla, fortaleza española ubicada entre Oran y Ceuta (actuales Argelia y Marruecos), en el norte de África. La fortaleza fue sitiada por los árabes entre el 9 de diciembre de 1774 y el 16 de marzo de 1775. Pese a que vio dura acción al punto que su mosquete (especie de fusil) resultó perforado por tres balas enemigas y salvó milagrosamente la vida, sus superiores no k consideraron digno de mérito especial alguno.Decepcionado, formuló duros comentarios contra la estrategia española, lo cual va a iniciar su eterno pleito contra España. Se dedicó a visitar fortalezas extrajeras y a trabar amistad con oficiales extranjeros, sobre todo ingleses, lo cual le valió en 1777 su encarcelamiento por desacato, en Cádiz. Mientras tanto, el joven militar aprendía a leer a los clásicos latinos y griegos en sus idiomas e iba acrecentando una sólida cultura que será la base de su éxito en Europa.Al año siguiente, 1778, un amigo de Miranda, Juan Manuel de Cagigal file designado Coronel del Regimiento de la Princesa, quien al destacarlo con su amistad, hizo notoria la formación intelectual del joven venezolano dentro del Regimiento. Pero, pronto Cagigal file reemplazado de su cargo y sustituido por el coronel Juan Roca, hombre poco inteligente y envidioso, quien formuló una serie de cargos militares contra Miranda e incluso lo hizo arrestar bajo la acusación de manejar en forma inconveniente los fondos asignados al regimiento (1799). No obstante, al año siguiente sus superiores militares aprobaron las cuentas de Miranda, lo que no le libró de la saña del su creciente número de enemigos españoles.
III.- Independencia de Estados Unidos
En 1780, la guerra de independencia de las trece colonias (Estados Unidos) contra Inglaterra, obliga a España a dejarse arrastrar por Francia, que combatía del lado de los americanos. Miranda se alista como voluntario y llega a Martinica entre unos diez mil soldados españoles, también voluntarios. Esta vez había sido pasado al Regimiento de Aragón y designado edecán de su antiguo amigo, el ahora general Cagigal. Protegidos por la flota francesa llegaron los españoles a La Habana y desde allí partieron hacia Luisiana y Florida, donde vuelve a relucir, como en Melilla, el arrojo y el brillo militar de Miranda en el asalto a Pensacola. Ello le valió el ascenso a Teniente Coronel concedido por su superior el General Cagigal.De regreso a Cuba, siempre bajo las órdenes de Cagigal, Gobernador de la isla, éste decide ayudar un ataque de los estadounidenses contra la Bahamas (New Providence). Sitiada la ciudad, los ingleses se rinden y Miranda es designado para recibir la capitulación y las Bahamas van a parar a manos de España.
IV.- Cuba
Mientras tanto, la saña española de la cual ya nunca se librará, lo califica de pro británico. Y, en verdad, nuestro héroe ya se perfila como un hombre superior, aficionado a la filosofía, a la teoría política a las artes y a las ciencias, por lo que aparecía muy por encima de cualquier otro oficial español. Así, por ejemplo, durante su estadía en Estados Unidos aprovechó para conocer y cultivar la amistad de los hombres más prominentes de la revolución de ese país, Alexander Hamilton, John Knox, Thomas Paine y Thomas Jefferson, con quienes mantendrá correspondencia el resto de su vida.Le espera en Cuba un nuevo incidente con España: un oscuro negocio mezcla de espionaje y tráfico de armas, a favor de la propia España, es tergiversado y denunciado por oficiales españoles de La Habana, contra Cagigal y Miranda, mientras ambos están ausentes, en las Bahamas.Para esa época, el futuro Mariscal de Francia no ha olvidado a su patria y mantiene contacto con los "mantuanos" de Caracas, entre otros con el padre del Libertador, Don Juan Vicente Bolívar, con Martín de Tovar y con el Marqués de Mixares, por quienes se entera de la situación económica de Venezuela en manos de los vascos de la Guipuzcoana (que controlará el monopolio de las exportaciones de Venezuela hasta 1784). Mientras, los espías españoles tratan de capturarlo en La Habana, lo que le obliga a fugarse a Filadelfia (Estados Unidos), con la idea para pedir desde allí un salvo conducto al Rey de España para hacerse presente en Madrid, "aclarar" su situación y demostrar su honestidad. Mientras tanto viaja y estudia y hace contactos con la flor y nata de los liberales de las trece colonias.
V.- Nuevamente Estados Unidos
No obstante ello, mantiene constante contacto con el embajador de España y envía frecuente correspondencia a la Corte pidiendo ser oído en su propia defensa. Pese a la evidente simpatía que inspiraba al embajador, éste fue advertido desde Madrid que Miranda constantemente vituperaba de España y del régimen colonial (información cierta obtenida por una labor de espionaje contra nuestro personaje, gracias a la cual Madrid estaba al tanto de sus opiniones).
VI.- Londres y Europa Oriental
En noviembre de 1784 el futuro Precursor abandona a las trece Colonias y desde Boston viaja a Londres. Llegado allí se comunica con el Embajador de España, siempre insistiendo en su deseo de que se le garantice su defensa en Madrid. El embajador, del Campo, ya sabe la determinación del Conde de Floridablanca, el Primer Ministro del Rey Carlos III, de negar el acceso de Miranda a Madrid para su defensa. Sólo lo quieren preso y encadenado, pues políticamente tiene ideas "peligrosas" contra Carlos III y su imperio. Por el contrario, del Campo envía nuevos chismes de la vinculación de Miranda con personajes ingleses y su trato cotidiano, lo que era realmente cierto. La inocultable admiración por la Gran Bretaña y los británicos y su sistema político interno, había comenzado. Sin embargo, en Londres tropieza con el Coronel norteamericano W. S. Smith, a quien ya conocía desde la guerra de las trece colonias y quien para el momento era Secretario de la Embajada americana en Londres. Con Smith, un espíritu ansioso d cultura como él, deciden un viaje por Europa, esquivando a Francia, en ese momento aliada de España. Visitan Berlín y algunos principados germánicos: Prusia, la cuna del militarismo, donde se da cuenta de lo que supone una verdadera disciplina militar, al presenciar maniobras del ejército prusiano, conoce al brillante general Höllendorf y al francés Lafayette con quien, pese a haber coincidido en la guerra de independencia de Estados Unidos, no había logrado conocer allá.Siempre acompañado de Smith vistan Sajonia donde presencian la batalla de Maxen entre los ejércitos austriaco y prusiano (1759). Luego marchan a Viena la capital musical del mundo de entonces. Allí se hace asiduo de Francisco José Haydn, el mayor músico de su época, y participa con éste en veladas nocturnas interpretando la flauta, cuyo dominio parece le es indiscutible, tocando cuartetos para viento escritos por Haydn, para un selecto grupo de melómanos. Tener acceso a Haydn demuestra que ya Miranda ha solidificado su formación cultural, y ello, unido a su elegancia personal y a proceder de un remoto país del todo desconocido, la abre las puertas de Europa. Durante este período debe valerse de su simpatía y prestigio para obtener pasaportes de países europeos, pues España se los niega.De Austria pasa a las ciudades italianas: Florencia, Venecia y otras ciudades de similar importancia cultural. En Roma descubre la presencia de un grupo de jesuitas que habían sido expulsados por el Rey de las colonias españolas de América (1767) por sus ideas separatistas, peligrosas para el Imperio. No se sabe con certeza si conoció al peruano Vizcardo y Guzmán, pero sí leyó su carta dirigida a los "españoles americanos" opiniones que comulgaban plenamente con el ideario mirandino, y ello refuerza sus convicciones.Posteriormente continúa sus viajes, visita a Grecia y llega hasta Egipto, incorporando cuidadosamente a su inseparable diario opiniones sobre personajes, costumbres, pueblos y, sobre todo, manifestaciones de arte, junto con sus propios criterios de hombre ya definitivamente cultivado. De Egipto se devuelve a Constantinopla y, gracias a cierta picardía, no siendo musulmán, logra penetrar y admirar la antigua y espectacular Basílica de Santa Sofía, convertida ahora en Mezquita y por tanto vedada a los "infieles". Desde Constantinopla pasa a Crimea, donde su destino le lleva a conocer al Príncipe Potemquin, antiguo favorito de la ya casi sexagenaria Emperatriz Catalina II de Rusia. De hecho en Crimea se esperaba la visita de la Emperatriz y el Príncipe se encontraba allí por ello. No obstante la Emperatriz desistió del viaje. El Príncipe Potemqum, cautivado por la fuerte personalidad y cultura de Miranda, le invita a unirse al cortejo que partía de Crimea en busca de la Zarina. En aquella época en la Corte rusa sólo se hablaba en francés, lo que facilitó la comunicación con los altos personeros rusos. En la comitiva estaban además embajadores de Inglaterra, Francia, Austria y el actual favorito de la Emperatriz, Conde Aliexandr Mamonov.
VII.- Rusia
Vestido de Coronel español (en efecto lo era) y presentándose como Conde de Miranda, fue presentado a la Zarina Catalina II (la grande) el 25 de febrero de 1787 (según el calendario occidental).En su diario hace constar Miranda cómo mantuvo una larga conversación con Catalina y cuántas preguntas ésta le formuló sobre su lejana patria, sobre España y la tiranía que ésta ejercía sobre aquélla. Pronto el caraqueño fue el centro de la atención de la Corte rusa, sobre todo porque se comentaba su inquebrantable afecto por su patria y su determinación de organizar un ejército para liberarla de España, además de su extensa cultura. España no podía estar ajena al episodio y acusó a Miranda de impostor pues, afirmaba el Embajador de Su Majestad Católica Carlos III, ni era Coronel ni mucho menos Conde español. Lo primero, evidentemente lo era, pues no había sido dado de baja del ejército para poder tratarlo como militar desertor. En cuanto a lo segundo, al parecer se trataba de una verdad a medias. Miranda había cumplido los requisitos, durante su residencia en Madrid, para comprar el título de Conde, pues la Corona española, escasa de recursos vendía los títulos. Al parecer Miranda cumplió estrictamente con el pago correspondiente, pero las autoridades no le otorgaron el condado.Por toda respuesta, la Zarina contestó al Embajador de España que el coronel Miranda era su protegido y, además, le confirió el coronelato del ejército ruso, con el derecho a uso del uniforme correspondiente y pasaporte diplomático de ese país, con obligación a todos los funcionarios rusos en Europa de darle protección como privilegiado ciudadano ruso.La permanencia de Miranda en la Corte de San Petersburgo (Piotrograd), pese a lo amena y cómoda, pero, no obstante los ruegos de la Zarina por considerar imposible la empresa, duró hasta agosto de 1787, cuando provisto de diez mil rublos, dos letras de cambio a su favor contra el gobierno ruso por un mil libras esterlinas cada una, pasaporte y protección rusa, se dirige a Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda y Suiza, siempre proclamando su cometido: la independencia de su patria del yugo español. Para esa época es reo de Estado del Imperio español y es perseguido también por la policía francesa.
VIII.- De nuevo en Londres
En 1789 se encuentra de nuevo en Londres, donde inicia un intenso asedio a los Ministros de Su Majestad Británica para convencerlos en ayudarlo a independizar a Colombia, a cambio de un comercio de libre mercado exclusivamente a favor de Inglaterra. Económicamente, ello es impecablemente un buen negocio para los británicos, pero las constantes querellas entre las naciones europeas les impiden ver las ventajas que aseguraba Miranda. Para esta época, en su concepto, la patria de Miranda ya no es sólo Venezuela, sino "Colombia": un país que se extiende desde el norte de México hasta el Cabo de Hornos (Argentina y Chile), excluyendo a Brasil, es decir, toda la América de habla castellana.Los ingleses, con su amabilidad característica sólo dan esperanzas al Precursor, y en efecto, una que otra vez se discuten detalles como las características de la expedición que comenzaría por Venezuela. Hasta se discutió el diseño de un uniforme militar especial para una campaña en plena zona tórrida.El 14 de julio 1789 había estallado la Revolución Francesa que derroca a la Monarquía y proclamar la República y los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Automáticamente todas las monarquías de Europa rompen con Francia y se coaligan contra la recientemente creada República. Pese a lo que pudiera pensarse, a Miranda le entusiasma la Revolución, pero permanece en Inglaterra. Al parecer la razón de esta actitud tibia responde a una lógica cartesiana: Francia, rodeada de enemigos no tiene cómo ofrecerle la ayuda que él necesita y, por otro lado, Miranda pensaba que la independencia de Colombia no podía resolverse en una república, sino en una monarquía, porque éramos pueblos habituados al despotismo, y lo que implica una república hubiese terminado en libertinaje y en el caos y posiblemente nuevamente a manos de España, según estuviese el ajedrez de la política europea.
IX.- La República Francesa
Sin embargo, el continuo juego de los ingleses termina por obstinarlo y en 1792, el 23 de marzo llega a París a ofrecer su espada a la República, a cambio de la ansiada ayuda a Colombia. Francia, sitiada por sus enemigos acepta gustosa el servicio que le ofrece el caraqueño, quien de inmediato simpatiza con los girondinos, a cuyo partido se afilia, colocándose un aro distintivo en la oreja izquierda. ¿Por qué los girondinos? Por que en materia de política exterior los girondinos desean desmantelar el Imperio Español separando a la Metrópolis de la América española.Miranda es acogido en el ejército de la República con el rango de Mariscal de Campo y lo destinan a los ejércitos del Norte (Bélgica y Holanda) bajo el mando del General Dumouriez. Después de escribir su testamento, tal es su resolución de morir por la libertad, marcha al frente norte. Dumouriez, el futuro traidor, recibe al nuevo Mariscal con toda cordialidad y los coloca al mando del ala derecha de los ejércitos. Acá es preciso aclarar que la Revolución, en la práctica, había casi desmantelado al ejército francés, y en ese momento éste se encuentra integrado en su gran mayoría por bisoños voluntarios, sin disciplina militar, ni mucho menos experiencia. Con todo y ello, el sólo fervor revolucionario y la defensa del territorio de la Patria les hace enfrentarse a las grandes monarquías. Por lo que al sector del Mariscal Miranda respecta, enfrenta a uno de los más poderosos y mejor conformados ejércitos del mundo, el archidisciplinado ejército prusiano, al mando del Conde Brunswick. El primer choque importante ocurre en la colina de Valmy (donde hoy existe una escultura de nuestro héroe, hecha por el artista venezolano Eloy González). La victoria es para los franceses. Desde el lado prusiano, la derrota de Valmy hizo decir al gran escritor alemán Wolfgang Göthe, quien se hallaba en el vivac prusiano al lado de Brunswick, que después del fracaso prusiano cualquier cosa podía ocurrir en el mundo de las armas, de Valmy en adelante. La noticia de la victoria francesa hizo a Pétion, Presidente de la Convención Nacional dirigir al suramericano una correspondencia donde dice: "Miranda se ha comportado como un oficial de experiencia y excelente ciudadano que sabe cómo merecer la confianza de los soldados que están bajo su mando" y agrega el propio Pétion: "no se trata tan sólo de asegurar la libertad de Francia sino la del mundo entero. Nunca lucharemos por una causa más grande o más noble. Que le vaya bien. Le abrazaremos después de la victoria". En efecto, la Convención había declarado para siempre la abolición de la Monarquía en Francia el día anterior a Valmy.Entre los jefes militares girondinos Miranda conoce a Brissot a quien comunica sus planes para liberar a Colombia. Este general francés enseguida se entusiasma con ellos. Pero para él es preciso invadir a España para proclamar la república al mismo tiempo que se hace lo mismo con América. Brissot propone el inmediato envío de Miranda a la isla de Santo Domingo (entonces totalmente en manos de Francia), en calidad de Gobernador, allí podría reclutar un gran ejército formados por colonos de las islas francesas y voluntarios norteamericanos. Sin embargo el Mariscal rechaza la idea. El sólo hecho de su presencia en América pondría en guardia a todo el ejército de España. Sería pues, una señal de alarma tanto para Madrid como para Londres que pudiera hacer fracasar una empresa tan grande. Por otro lado, piensa Miranda ¿cómo un caudillo de la libertad va a comenzar su empresa siendo gobernador de una colonia?Entre tanto, la guerra sigue y Francia asciende a Miranda a Teniente General y pasa a comandar una división Se trata ahora de incorporar a Holanda a la Revolución. Ya los franceses han derrotado a los austriacos en Jemappes lo que les abre las puertas de Holanda. Los franceses dividen sus ejércitos en tres alas: izquierda al mando de Valence, centro, al mando de Dumouriez y derecha al mando de Miranda. Antes éste había recibido instrucciones de atacar Mástritch. El 25 de febrero de 1793 ya la ciudad ardía por cinco partes. Sin embargo, el general Valence, que debía apoyar la División Miranda, es sorprendido por los austriacos y desalojado de sus posiciones de apoyo, lo que obligó al venezolano a levantar el sitio so pena de quedar aislado entre enemigos.Las autoridades superiores francesas piden a Dumouriez que regrese a Bélgica y concentre allí todas sus flierzas, mientras que la vanguardia francesa hace retirar a los austriacos hacia Neerwinden. Es preciso ahora atacarlos allí. Dumouriez ataca: el ala izquierda corresponde a Valence y la derecha a Miranda, quien debía tomar la población de Léau. Sin embargo las tropas austriacas logran poner en desbandada a los voluntarios de Miranda, quien sable en mano, trata de hacerlos volver al frente. La desbandada del ala derecha afecta a la izquierda y se pierde la batalla, cuya pérdida, según Dumouriez recae en la derrota del ala derecha (18 de marzo de 1793). La acusación de Dumouriez contra Miranda no se hizo esperar, pues la amistad de ambos se habían distanciado debido a que el francés había propuesto al venezolano avanzar sobre París y restaurar la monarquía y Miranda se había negado rotundamente a ello, manteniéndose al lado de la República.Los comisarios de la Convención Nacional en Bélgica acusaron a Miranda quien fue encarcelado en París en espera de juicio. Mientras Dumouriez se fugó de Francia, lo cual hizo protestar al venezolano ante la evidencia de quién era el traidor. Se dirigió al Tribunal en los términos más enérgicos. Finalmente el juicio tuvo lugar siendo el abogado de Miranda el jurista Cheveau Lagarde, quien más tarde se haría famoso en su defensa de Maria Antonieta. Los testigos fueron inconsistentes y contradictorios y Miranda fue declarado inocente y le fueron regresados sus haberes, salvo su uní-forme militar porque se le declaró cesante. A los pocos días los girondinos fueron desalojados del poder por el partido de los Montañeses (Jacobinos). Ya no era lo mismo para nuestro héroe.Sin embargo, Miranda se había "encariñado" con Francia y decidió residenciarse en París donde se instaló en un lujoso apartamento e hizo trasladar su ya inmensa biblioteca y sus obras de arte. De pronto la policía allanó su apartamento y Miranda debió comparecer de nuevo ante los Tribunales, para ser de nuevo absuelto. Sin saberlo, Miranda tenía un temible enemigo oculto: Maximilien Robespierre, quien era miembro del "Comité de Salud Pública", comité de carácter político el cual ordenó una nueva prisión de Miranda, (época conocida como el Segundo Terror). Esta vez acompañado de los demás jefes girondinos, pues se trata de eliminarlos físicamente, pues los Jacobinos los consideraban, parejamente, traidores a la Revolución. La orden era guillotinarlos y el conocimiento que de nuestro héroe tenía el jacobino Fouquier-Tinville hizo aplazar en varias oportunidades la orden de guillotinarlo. Finalmente, por órdenes de Robespierre, se fijó la fecha para el día 12 de Termidor (según el calendario de la Revolución), 5 decir el 30 de julio de 1794. Desde su celda, Miranda, con pasmosa paciencia, mantenía correspondencia de contenido artístico con el arquitecto Quatreme're de Quincy, quien se hallaba oculto pues era pro monárquico.No obstante, el 9 de Termidor (27 de julio de 1794), los moderados se sublevan y guillotinan a Robespierre y a sus cómplices, terminándose así "el Terror" y salvándose Miranda de la muerte. Sin embargo, aun cuando mucho presos girondinos que quedaban en las cárceles parisinas fueron liberados Miranda permaneció detenido todavía algún tiempo más, hasta el 16 de enero de 1795, cuando, por fin, fue liberado. Al parecer su reclamación monetaria contra el Gobierno republicano por los daños patrimoniales que le ocasionó "el Terror' obtuvo éxito, lo cual le permitió alquilar una habitación lujosamente amoblada. Allí le conoció Napoleón Bonaparte, el futuro emperador, quien opinó sobre nuestro héroe que tenía "fuego sagrado en las venas".
X.- Nuevamente Londres
En 1797, (año de la conspiración de Gual y España en el litoral venezolano) debe abandonar Francia con motivo de la alianza de ésta con España. Regresa a Londres y su hogar se convierte en un centro de conspiración de los latinoamericanos contra España. Aprovechando que estalla la guerra de Inglaterra contra España, somete a los diversos ministros y funcionarios británicos a una fuerte presión en pro de sus ideales. Sus constantes reuniones con el Primer Ministro William Pitt le hacen el líder natural de los hispanoamericanos, quienes siguen sus instrucciones y se presentan a sí mismos como enviados del General Miranda. Antes ha sido designado "principal agente de las colonias hispanoamericanas" por una Junta de diputados que representan a México, Perú, Chile, Río de La Plata, Nueva Granada y Venezuela. Sin embargo, el Gobierno británico está indeciso, por cuanto lord Grenville, el canciller, no cree en los planes del venezolano.Este, trata de interesar a los prohombres de Estados Unidos, pero todos ellos, incluso Hamilton han enfriado su ánimo por la Revolución de las Colonias Españolas, dado el tiempo transcurrido. Incluso las autoridades británicas ponen restricciones a sus movimientos y no le permiten salir del país, lo que no impide al General mantener asidua correspondencia con Manuel Gual, escapado milagrosamente a Trinidad y donde pronto va a morir envenenado por los espías españoles.En 1799 arriba a Londres el joven chileno Bernardo O'Higgins. Para ese momento Miranda ha elaborado y cambiado infinidad de planes para la invasión, y ha crecido tanto el número de sus seguidores, que para justificar sus reuniones se hacen pasar por masones que fundan la "Logia Lautaro". Se ha especulado que la acción libertadora del General José de San Martín se inspiro en algunos de los planes conspiradores de la "Logia", aún cuando es poco probable que el Libertador argentino conociese a Miranda o fuese miembro de la Logia, como tampoco lo fue Bolívar.Ese 1799 Miranda recibe una correspondencia donde su antiguo jefe Cagigal le comunica que la Corte española ha fallado a su favor y a favor de Miranda, el viejo asunto de La Habana, declarando al venezolano "súbdito fiel de Su Majestad Católica". Se trata, evidentemente, de una maniobra para apresar a Miranda, quien durante todos estos años ha estado constantemente vigilado por espías españoles quienes conocen sus planes. La ingenua trampa fracasa y nuestro héroe permanece en Londres.
XI.- De nuevo Francia
En el verano de 1800, Miranda trata de salir de Inglaterra, pero no se lo permiten, por lo cual tiene que pasar clandestinamente a Francia donde Napoleón controla la situación como Primer Cónsul. Escribe al futuro Emperador que sus sacrificios por Francia lo hacen ciudadano francés. En noviembre llega a Ambères (Bélgica), escenario de su gran victoria, y desde allí escribe al famoso Fouché, jefe de la policía francesa, solicitándole respuesta de Napoleón. Fouché le invita a ingresar a Francia y allí se le acusa de espía británico y se encuentran entre sus bienes algunos recuerdos de Luis XVI. Se le acusa de espionaje y correspondencia con enemigos del Estado y va nuevamente a prisión. Bajo el alegato de haber sido Teniente General de la República y ser Mariscal de Francia logra su libertad con lo que puede regresar a Londres.
XII.- Otra vez Londres
En Inglaterra ahora el Primer Ministro es Addington. Este no atiende a su correspondencia, pero envía en su lugar a Vansittart con quien Miranda mantiene largas conversaciones, pero no logra nada concreto. Sus planes comienzan a disolverse en el tiempo.Pero su admirable tenacidad no ceja: los primeros años del siglo XIX 10 ven en reuniones con diferentes funcionarios ingleses, organiza planes conspirativos, futuras acciones de guerra y, sobre todo, escribe y escribe a todo aquel a quien crea posible la realización de sus planes independentistas. Redacta constituciones para Colombia (la América de habla castellana entera) eso sí, nada de repúblicas: la francesa, el ideal de muchos políticos, agoniza ante los avances de Napoleón.Había muchas razones para que Miranda desconfiara de la república: los criollos se habían mostrado sumisos a España, salvo raras excepciones: las misiones jesuitas del Paraguay (hasta 1767>, el negro Miguel (minas de Buría, Venezuela 1553) Túpac Amaru (Perú, 1579>, los Comuneros del Socorro (Nueva Granada, 1781), y la de Gual y España (Venezuela, 1797> ya mencionada. De la sumisión no se pasa a la libertad plena sin serios tropiezos de todo tipo, como en efecto los hubo. El Incanato, la fórmula monárquica de Miranda, muy a la inglesa era, según él creía, mucho más asimilable a nuestros pueblos Quizás la república vendría con el tiempo, pero el cambio de régimen de una monarquía española a una criolla era un tránsito infinitamente más suave para nuestros incultos ciudadanos. En Brasil ocurrió después, en 1822: el Imperio del Brasil se independizó de Portugal, con un Emperador portugués, Pedro 1, y no hubo necesidad de una sangrienta guerra para llegar a la república. Decidir que el Incanato de Colombia hubiese sido más exitoso que declarar la República directamente, nunca lo sabremos. Pero Miranda indudablemente tenía razones de peso. Sólo que los hechos lo envolvieron y las ideas políticas predominantes eran las francesas: las republicanas.Inglaterra, temerosa de una ataque naval por parte de España difiere y difiere una expedición contra las costas de Venezuela, donde según se le ha hecho creer a Miranda que una vez pise tierra de su país natal, todo el país se alzará en armas contra España. En 1805 surge un incidente entre Estados Unidos y España, por violación de un Tratado referente a la Luisiana.
XIII.- Estados Unidos
El General Miranda se traslada a Washington, donde trata de interesar al gobierno de ese país en su proyecto, a finales de ese año.En Estados Unidos encuentra viejos amigos cuya amistad ha mantenido a través de correspondencia: el Presidente Jefferson, el Vicepresidente George Clinton el Secretario de Estado Madison. Sin embargo, un ex Senador por New Jersey Jonathan Dayton da cuenta al embajador de España, el Marqués de Casa Yrujo, de las numerosas conversaciones de Miranda, con los altos dignatarios estadounidenses, pero el Embajador no capta el sentido de las reuniones.Miranda, sin importarle los chismes de los españoles, a través de su antiguo compañero de viajes por Europa, Smith, traba amistad con Samuel Odgen, comerciante, consumado liberal. De éste, nuestro héroe obtiene un préstamo de veinte mil dólares para armar y abastecer un barco de ciento ochenta toneladas; el "Leander" y otros dos barcos más pequeños: "Emperor" e "Indostan". Tal es el entusiasmo de Odgen, que dispensó a Miranda de cualquier descalabro económico de la expedición.
XIV.- "El Leander"
El 14 de febrero el caraqueño hizo los primeros nombramientos de los oficiales del "Ejército de Colombia" e izó la bandera tricolor a la cual hizo jurar fidelidad a toda la marinería (a pesar de que los doscientos eran todos mercenarios y aventureros). Fue entonces, al zarpar el Leander, cuando el Marqués de Casa Yrujo se dio cuenta de la seriedad de los planes de Miranda y puso en guardia a todas las autoridades Españolas.Cuando, después de muchas peripecias, Miranda arriba a las costas de Puerto Cabello, el Gobernador y Capitán General Guevara Vasconcelos, estaba más que suficientemente enterado y preparado por lo que presentó batalla con una gran superioridad naval, que debió ser esquivada por el Leander y las goletas Bacchus y Bee (que habían reemplazado con desventaja al Emperor y al Indostaní en Jacqmel, Haití, por órdenes de un oficial Inglés llamado Armstrong). Ambas goletas, menos veloces fueron alcanzados por los españoles y apresada la tripulación. Fueron acusados de asesinos, filibusteros y rebeldes. La "clemencia" de Guevara Vasconcelos no se hizo esperar: diez oficiales fueron ahorcados y los demás condenados a diez años de prisión: unos en Puerto Rico y otros en Cartagena.El Leander tomó rumbo a Trinidad, posesión inglesa, pero fue interceptada por una nave británica que los confundió, tal era el aspecto del Leander, con un barco pirata. Por el jefe de la corbeta inglesa llamada Lily, se enteró Miranda de la muerte de su esquivo amigo el ministro Pitt. Ambas embarcaciones siguieron hacia Grenada y Barbados. Aquí conoce Miranda a uno de los más celebres marinos británicos, Lord Coclirane. Enterado de los planes del venezolano y de las beneficiosas consecuencias para Inglaterra de un triunfo de éste, le permitió reclutar marineros en las colonias inglesas y escolta de navíos británicos al Leander: siete naves inglesas al mando del Capitán Campbell, quedan adscritas al Leander.
XV.- La bandera tricolor
El 1° de agosto de 1806 llega Miranda frente a Coro. Un mar encrespado impidió el desembarco que se realizó el día 3. La vanguardia Mirandina (todos oficiales ingleses) ponen en fuga a los españoles quienes dejan un cañón abandonado en la playa coriana. Pronto es dominado el fuerte de La Vela, arriada la bandera española y sustituida por la de Colombia. El general emite una proclama dirigida a los colombianos, que recuerda mucho el pensamiento del jesuita Vizcardo, y llama a las armas a todos los hombres entre 16 y 55 años a respaldar la bandera de Colombia.A todas éstas, los venezolanos no hicieron el menor caso, lo que hizo que Miranda pidiera ayuda a lo ingleses quienes también la negaron. Guevara Vasconcelos avanza con un ejército de cuatro mil realistas hasta Valencia y declara como traidor al Rey a todo aquel que apoye la invasión. Esta carece de filturo y Miranda, una vez más debió abandonar la acción y trasladar al Leander a Grenada.El fracaso del héroe es interpretado por los historiadores de diversa manera: para unos, el antiguo desdén de los grandes cacaos contra un blanco de orilla; para otros lo aventurado de la expedición. Pero la verdad histórica se impone: Miranda quiso dar un ejemplo práctico con su invasión, contando con las equivocadas referencias que muchos latinoamericanos le daban: los americanos sólo esperaban su presencia para alzarse en armas. Por otra parte la verdad militar se imponía, aun Venezuela, una provincia totalmente ignorada por España, contaba con una fuerza capaz de proteger los intereses económicos españoles, especialmente por el cacao, fruto entonces muy apreciado. No tanto como el oro o la plata, pero productivo al fin y al cabo, que era lo que interesaba a la "madre patria".Mas Gran Bretaña también tenía sus propios planes. Poco le interesa al gobierno inglés el libre comercio con un imperio americano irrealizable. Más concreta es la acción directa, y en junio de 1806 ataca al puerto de Buenos Aires, al cual toma por la ineptitud de las autoridades españolas. Sin embargo, los criollos argentinos, sabiendo que es peor depender de Inglaterra que de España, se empeñan en una feroz lucha hasta expulsar a los británicos. Estas noticias llegan tarde a Miranda quien después de un periplo por las colonias inglesas en el Caribe, llega a Londres al 28 Grafton Street, donde le esperan su mujer, Sarah Andrews y sus hijos Leandro, nacido en 1803 y Francisco nacido en 1805. Es el último día de 1807.En 1808, el infatigable caudillo continúa su nutrida correspondencia y nuevos intentos proclaman el ardiente deseo de los americanos por su independencia de España. Aquí aparece una nueva faceta del héroe (en su expedición a Venezuela había llevado la primera máquina de imprenta), quien finida en Londres "El Colombiano" cuyos primeros cinco números comienzan a circular en 1810.
XVI.- El 19 de abril de 1810
En Venezuela, como en el resto de América Latina el poder español, cada vez más ficticio y alejado de nuestra realidad, produce como efecto natural de que los criollos, los dueños del poder económico aspiren al poder político. Ya Haití se había separado de Francia, pero de una manera diferente, en 1801. En Venezuela estalla la Revolución el 19 de abril de 1810, con el pretexto de que el Rey de España se había sometido a Napoleón y abdicado en Bayonne, a favor del hermano del Emperador, José. Los criollos venezolanos enmascaran la independencia con la constitución de una "Junta Conservadora de los Derechos de Femando VII", para movilizar a los más tímidos. Como reguero de pólvora siguen otros movimientos en capitales y ciudades importantes de nuestra América, pues la idea era la misma en todos: los criollos al poder. Caracas envía a los hermanos neogranadinos como su emisario, al sacerdote chileno Cortés de Madariaga, a Estados Unidos a Juan Vicente Bolívar, Telésforo Orca y a José Rafael Revenga. A Londres envía a Simón Bolívar, Luis López Méndez y a Andrés Bello. Este último grupo no lleva instrucciones expresas de comunicarse con Miranda, aunque éste ya ha sido enterado del movimiento por el Marqués del Toro. Estando en Londres, Bolívar toma de su cuenta esa iniciativa. ¡Cuán conmovedor debió resultar el encuentro de los tres más ilustres caraqueños de todos los tiempos: Miranda, de la generación precedente y Bolívar y Bello de la generación ascendente!
XVII.- ¡Al fin Venezuela!
El precursor inicia la labor de contactar a los bisoños embajadores venezolanos con toda persona políticamente importante hay en Londres, sin olvidar las caminatas culturales a museos, bibliotecas, los grandes centros de cultura británicos. Bolívar, cumplida su misión, regresa a Venezuela a mediados de septiembre, Pero Miranda es impedido de salir por el gobierno inglés, y sólo lo logra, valiéndose de subterfugios y amigos, el 10 de octubre.Es recibido en La Guaira por el propio Bolívar, designado a ese propósito por el Secretario de la Junta de Gobierno, Juan Germán Roscio. La familia Bolívar le presta alojamiento en su casa. Pero al parecer pocas cosas han cambiado en esta ciudad. Los mantuanos siguen viendo de reojo al ahora cargado de gloria Mariscal de la República Francesa. Roscio, apenas oculta su desconfianza por sexagenario héroe, ya demasiado cansado para continuar luchando contra la tremenda duda que le rodea y que él trata de obviar por el bien supremo de Venezuela.Sin embargo, se convierte en el más ferviente animador de la declaratoria de la Independencia, pero es tal la inquina de los criollos que apenas el gran amigo de Jefferson, Hamilton, Knox, el filósofo Bentham, el músico Haydn, el Teniente General de la República Francesa logra la diputación por el diminuto pueblo de El Pao de Barcelona y así firma el Acta de Declaración de la Independencia de las siéte provincias de Venezuela, el 5 de julio de 1811. El poder ejecutivo está integrado por tres criollos, nadie recuerda que él, más que nadie, merece presidir ese triunvirato. Apenas se le comisiona para algo que ya ha hecho: diseñar la bandera nacional que será hasta hoy la misma de tres repúblicas bolivarianas, con ligeras variantes.El clero criollo apenas lo soporta porque le endilgan el calificativo de masón (el aro girondino, que aún conserva como recuerdo de una de sus mayores glorias, es mal interpretado como símbolo masónico) o el de libre pensador y ateo. Los grandes cacaos le envidian descaradamente, Roscio, por ejemplo, le mira con sospecha, desagrado, odio (y, acaso, envidia), salvo la familia Bolívar, Cortés de Madariaga, Francisco Antonio (Coto) Paúl y otras figuras de más luces dentro de la Sociedad Patriótica tratan de entender al anciano general. Pero, sobre todo molesta, su acento marcadamente francés, pues ya para esa época el héroe, a fuerza de hablar cotidianamente ese idioma y el inglés, piensa en ellos para después "traducir" al castellano. En una palabra: ¡se le considera un extranjero entrometido! Sin embargo, el pretendido extranjero hace traer del exterior su mayor tesoro: sus baúles cargados de correspondencia, mapas, proyectos de Constituciones y leyes y hasta un método para optimizar la siembra del cacao.El "bochinche" no se hace esperar: continuos alzamientos armados han de ser atendidos: canarios, criollos, pardos y blancos realistas, todos bajo el pretexto de que el pobre Rey de España ha sido desplazado y sometido a la Francia Imperial. A seis días de la independencia los canarios se alzan a nombre del Rey y de la Santa Inquisición contra los "traidores" en la propia Caracas, en la sabana del Teque (hoy La Pastora). Afortunadamente se trataba de gente sin apoyo y en pequeños grupos que eran rápidamente reducidos. El peligro real estaba en Valencia y en la propia Caracas, además de que Coro, Maracaibo y Guayana no pertenecían a las "Provincias Unidas de Venezuela" y no se adhirieron a ellas. Sin embargo, el movimiento atrajo a un grupo de extranjeros que traían nuevas ideas al país y comenzaron a llegar a finales de 1811.
XVIII.- La Capitulación de San Mateo
A comienzos del fatídico 1812, en febrero ocurre el alzamiento en Coro de Domingo Monteverde, quien rápidamente ataca y el 23 de marzo es recibido como un héroe en Carora. Tres días más tarde, ocurre un terremoto que afecta precisamente a las principales ciudades de las Provincias Unidas: Caracas, Mérida, Trujillo, Puerto Cabello, Barquisimeto, San Carlos y San Felipe. Por mera coincidencia el terremoto ocurre en día Jueves Santo, (Jueves Santo había sido el 19 de abril de 1810). El Clero pro-realista, encabezado por Narciso Colí y Pratts anuncia "Jueves Santo la hicieron, Jueves Santo la pagaron", atribuyendo el terremoto a la Justicia divina como castigo por la separación de España (solamente Coro quedó indemne). Los realistas ocultos aprovecharon el hecho natural para iniciar sus movimientos armados. Muchos patriotas habían muerto en las regiones afectadas y la superstición hizo que anteriores patriotas abrazaran la causa del Rey de España.El Congreso designó al Marqués Fernando Rodríguez del Toro, para enfrentar a Monteverde, pero el jefe venezolano pronto demostró su incapacidad militar y fue derrotado por lo cual, a pesar 'de todo, debieron acudir al experimentado Miranda. Ante el avance de Monteverde, los patriotas de Valencia abandonaron la ciudad a la cual entró Monteverde como un salvador. Militarmente se trataba entonces de sitiar a la ciudad plaza muy importante porque abría la ruta hacia Puerto Cabello, el bastión patriota.En el ánimo de oficial europeo de Miranda no estaba tomar la ciudad directamente por la fuerza y por ello dirigió una proclama a los valencianos para que ellos mismo expulsaran a Monteverde. Imbuido de los códigos de honor militar de ejércitos como los de Francia, Austria, Prusia o Inglaterra, el anciano General llamó a consulta a quienes le enviaron contra Valencia. El Presidente Francisco Espejo envió a Maracay, como su representante nada menos que a Juan Germán Roscio, enemigo velado de Miranda. Mientras tanto, se otorgó a éste el carácter de Dictador y Generalísimo de los ejércitos republicanos, quien como tal fijó el centro de operaciones en La Victoria, acceso obligatorio hacia Caracas.Mientras tanto la anarquía cundía. En Curiepe un alzamiento de esclavos atacaba por igual a patriotas y a realistas, con la mayor saña, destrucción, violaciones rapiña. Para colmo, la plaza de Puerto Cabello, la más importante de la República se pasó a los realistas aprovechando la ausencia de su comandante, el Coronel Simón Bolívar (30 de junio de 1812) y la traición de su segundo al mando, el canario Francisco Fernández Vinoni. Los realistas ocuparon Choroní y Ocumare de la Costa. Al saber Miranda la caída de Puerto Cabello comentó textualmente "Tenez: Le Vénézuéla est blesé au coeur" (Miren ustedes: Venezuela ha sido herida en el corazón).Mientras el país se había anarquizado por completo, el 12 de julio se reúnen en La Victoria Miranda y el Ejecutivo: Espejo, Roscio, José de Sata y Bussy, Ministro de Guerra, el Ministro de Hacienda, el traidor Marqués de Casa León y el Ministro de Justicia "Coto" Paúl, para evaluar la situación. Dadas las extremadamente difíciles condiciones del país Miranda propuso solicitar un tregua a Monteverde y todos los presentes aceptaron expresamente.La respuesta de Monteverde no se hizo esperar, ni podía sorprender a nadie: estaba dispuesto a la tregua, pero sus tropas seguirían avanzando. Semejante concepto de tregua fue rechazado por Miranda, quien contra-propuso un armisticio respaldado por árbitros ingleses (ya en camino) y comisionó a José de Sata y Bussy y a Manuel Aldao para hablar directamente con el canario. La propuesta mirandina contenía la libertad de todos los presos militares de ambos bandos, y el respeto a sus familias y propiedades; los ejércitos no se moverían de sus posiciones, pero los civiles podían trasladarse de un lado a otro dentro o filera del país en un lapso de tres meses a contar desde la fecha del armisticio. Margarita quedaría fuera de la capitulación para que los patriotas que lo deseasen se instalasen en ella. Salvo por el arbitraje inglés que quedó pendiente, Monteverde aceptó las condiciones de Miranda.El campo patriota quedaba minado por una serie de dudas: la preferencia de Miranda por oficiales europeos, (existía, por ejemplo, un cuerpo exclusivamente integrado por franceses bajo las órdenes del coronel republicano J. Du Caylá) obviamente mejor preparados. A pesar de que el ejército patriota era teóricamente mayor en número, los realistas crecían en número día a día; el país había quedado envuelto en anarquía; muchos oficiales patriotas estaban convencidos de la derrota, sólo los más jóvenes eran partidarios de seguir la lucha después del armisticio. Por último Miranda debió percibir el ambiente de desdén, odio, intriga, envidia que le rodeaba, aun entre los miembros de la Junta Suprema.Aceptada la capitulación de San Mateo, por el Ejecutivo venezolano, Miranda abandonó su cuartel general y se dirigió a Caracas, el 26 de julio. Como era normal en Europa, solicitó de Casa león, Ministro de Hacienda el pago de sus servicios, los cuales en definitiva no fueron cobrados, al menos en su totalidad. A través de su edecán, Carlos Soublette, escribió al teniente francés Pierre Antoine Leleux (cuya paternidad se atribuía, falsamente, al Generalísimo, tanto así, que Leleux permaneció al lado de Bolívar y siguió la causa patriota varios años) para que pusiera a buen recaudo sus más preciados tesoros: sus baúles cargados de libros, cartas, mapas, proyectos, en un barco británico que saldría de La Guaira (el Watson). Sus planes inmediatos eran la búsqueda de la protección inglesa para la nueva república y la compra de armamentos y municiones.Sin embargo, el 29 de julio llegó a La Guaira del bergantín de la Armada Británica "Sapphire", a enterarse de los términos de la capitulación. Sin embargo, como era de esperarse, Monteverde, marino trocado en bodeguero, carecía del concepto del honor militar, no había respetado la capitulación y avanzaba sobre Caracas y La Guaira. Leleux embarcó los célebres baúles del General (que las malas lenguas decían contenían dinero) con destino a Curazao a la Casa Robertson & Belt. También depositó al capitán del bergantin veintidós mil Pesos propiedad del General.Los jefes patriotas, fileron llegando a la Guaira, con la misma idea, retirarse estratégicamente del país. Entre ellos, Bolívar, Gregor Mac Gregor, y José Antepara.
XIX.- ¡Bochinche!
Pese al consejo del Capitán del Sapphire en el sentido de que Miranda durmiera en el barco, éste prefirió dormir en el puerto. Mientras dormía, Manuel Maria Casas, Gobernador militar patriota" del puerto y Miguel Peña, Gobernador Civil instigaron a los jóvenes venezolanos a entregar a Miranda, quien no era más que un traidor y que era preciso apresarlo. Así los jóvenes Bolívar, Juan Paz del Castillo, Antepara, Tomás Montilla, Miguel Carabaño y otros irrumpieron en la habitación donde el Generalísimo dormía y le conminaron a que se entregara porque era un traidor. En buen castellano el anciano general replicó "bochinche, bochinche, esta gente no sabe hacer sino bochinche".Los complotados lo entregaron a Casas. Esa misma mañana, 31 de julio Casas ordenó arriar la bandera patriota y sustituirla por la española. Recibió órdenes del victorioso canario de no permitir la salida de ningún patriota. Sin embargo, al parecer Monteverde consideró un favor la "entrega" del "Tirano" por lo que permitió a Bolívar salir del país.Afortunadamente, los archivos ingleses guardan el inventario de los baúles marcados en bronce "FM", que Leleux había enviado desde La Guaira y habían llegado a Curazao consignados a Robertson & Co. y que desmienten la suspicacia criolla.
A principios de 1813 Miranda file trasladado a Puerto Cabello y poco después a Puerto Rico. De allí pasó en enero de 1814 a la fortaleza de "La Carraca" en Cádiz (Cádiz de nuevo) donde murió ¡otra coincidencia! un 14 de julio (día del comienzo de la Revolución Francesa) pero en 1816.
XX.- ¿Vuelta a la Patria?
Sobre sus restos mortales se tejieron innumerables versiones. Finalmente una comisión venezolana notó en el calabozo de La Carraca un cierto descuadre de las lozas del piso. Removidas éstas, se encontraron un cajón que contenía los restos de un personaje, que el gobierno venezolano sospechó podían ser los restos mortales del Generalísimo. Se les colocó en una pieza funeraria con la bandera que el mismo Generalísimo diseñara y se especificó que se esperaba que la ciencia algún día determinara si eran efectivamente los de Miranda. Ese día llegó con la prueba del ADN (ácido desoxirribonucleico, presente en la sangre de todos los seres humanos y que, como las huellas dactilares son diferentes en cada quién). Las pruebas tomadas de los restos de los padres de Miranda que reposan en el cementerio de la Iglesia de San Francisco de Caracas y de su hijo Léandre (en el cementerio de Pe're Lachaise en Paris) han demostrado medianté la aludida prueba que la mayoría de las muestras óseas sometidas a examen en el Hospital Universitario de Lyon (Francia), pertenecen indudablemente al Generalísimo, por lo cual, gracias a la ciencia, uno de sus grandes amores, podrán trasladarse a su Caracas natal los restos del Precursor de la Independencia y de la Integración Latinoamericana para ser enterrado, quizás en un monumento distinto del Panteón Nacional, donde estaría muy acompañado, de personajes históricos de menores méritos para estar allí, sino en un monumento funerario donde sólo estuviera con Bolívar, el Libertador, y con los restos o los cenotafios del Mariscal Sucre, de Bello, de Simón Rodríguez , Rafael Urdaneta y el Dr. José María Vargas.

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